La editorial de ese medio conservador por excelencia, es sólo un cameo de todo cuanto va apareciendo en el transcurso de la lectura: entrevistas a empresarios, dueños de fundo, galeristas de Las Condes y Vitacura, las vacaciones en Zapallar o Cancún de tal o cual millonario. El día domingo, empero, dedica El Mercurio un suplemento completamente dedicado al arte y a la cultura –de una calidad, en ocasiones, aceptable- que aparece a modo de disculpa por toda la orla de estupidez que se adjuntó al medio durante todo el resto de la semana: Revistas femeninas de decoración, tiendas y sexo o secciones completas cuyo fin es desenterrar la verdad oculta de los Larraín, los Matte o los Undurraga. ¡Qué interesante!
Todo cuanto aparece en El Mercurio no sería un gran problema si el resto de los medios –o al menos la mayoría- no fuesen de su propiedad. Mientras este diario crea una realidad fútil por y para aristocráticos de los que ya se llevó la ola, su mayor fuente de Ingresos “Las Últimas Noticias” tiene por objetivo central sintetizar en treinta y tantas páginas todo el acontecer noticioso farandulero: este medio es la fuente fidedigna para saber con cuántas modelos se acostó tal o cual futbolista, o para enterarnos respecto a la nueva operación de busto de la actriz de moda. Todo muy grotesco, a tal punto bestial.
Quizá lo más reprochable de El Mercurio, es sin duda el tratamiento que realiza de las problemáticas sociales importantes. Un ejemplo claro de ello es el tema mapuche: no se cansa este medio en reforzar la idea del “indio guerrero”, caprichoso, cuya flojera le impulsa a reclamar tierras que no haría rendir bajo ninguna circunstancia, de la forma en que sí lo hacen aquellos esforzados “hacendados” en tierras ancestrales (todo subliminal por supuesto). Nunca se explica la conexión metafísica que existe con la tierra, motivo por el cual la lucha en el sur del país continúa de manera imperecedera. ¡Por supuesto que no! Aquello sería consentir al paganismo y a Dios no se le pasa gato por liebre.
¿Es el resentimiento de los disidentes el impulso para atacar a este medio? Hegel explicaba que “refutar es más fácil que justificar, es decir, conocer algo afirmativo y absorberlo”. Sin embargo esa dialéctica aplicándola a medios de una determinada ideología (sea cual fuese) no haría otra cosa sino alienar, es decir: el conocimiento absoluto del fenómeno traspasaría las barreras mismas del entendimiento y nos absorbería de forma tal, que no podríamos concebir otra forma de discurso, es decir, desconoceríamos por completo su antítesis en la medida que empezamos sólo a partir de lo positivo de él. Empero, el análisis crítico –negativo- es útil en la medida que de mi análisis obtengo certezas reales de naturaleza positiva y negativa, o que bien se corresponden con un sistema axiológico estrechamente vinculado a la razón y al entendimiento.
Pero ¿Qué queda luego de un análisis mercuriano? Ni siquiera podríamos ahondar en los aspectos positivos luego de descomponer el todo en la negatividad, porque en sí mismo es un medio defensor del poder y de las corrientes ideológicas ligadas al dinero, de manera que sólo podríamos admitir juicios valóricos negativos. De tal forma, la única recomendación es que si usted es un lector inteligente, elija bien…
