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Agosto 18, 2026

Transparente transparencia

La “transparencia” es la capacidad de un cuerpo para dejar pasar la luz a través de él. Un objeto transparente no se percibe con nitidez. Por ello “Aumentar la transparencia” es un contrasentido si lo que se desea es que a uno no se lo pasen por el aro (LC – “El modelo neoliberal y los 40 ladrones” Abril 2003).

Si no eres tan peras cocidas habrás notado que según el discurso oficial los mercados ya no se ven de transparentes.
 
Si le crees a la teoría que enseñan en todas las escuelas de Economía del planeta esa es precisamente una de las características esenciales de los mercados: la transparencia. Y muy particularmente de los mercados financieros, que son a la actividad económica lo que el carburante a los motores.
 
Como dicen sin sonreír los que saben, “los ciudadanos deben poder beneficiar cada día de servicios financieros competitivos”.
 
De lo que precede surge una de las más sorprendentes contradicciones del modelo neoliberal en el que tenemos la suerte y el privilegio de vivir: la existencia de estructuras encargadas de vigilar el patio.
 
La AMF (autorité des marchés financiers) es el cancerbero francés, mientras que la SEC (securities and exchange commission) es el organismo encargado de pegarle un reglazo en los dedos a los tramposos, -si los hubiese-, en los EEUU.
 
La copia feliz del edén no podía ser menos: la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras de Chile “garantiza la confianza pública en el funcionamiento de las empresas bancarias, en un marco de optimización de la asignación de recursos financieros”.
 
Con servicios financieros tan “competitivos” “en un marco de optimización de la asignación de recursos financieros” y con sentinelas que montan guardia día y noche apaga la luz: ya puedes dormir tranquilo.
 
Solo que el año 2001 Dobeliú tuvo la brillante idea de nombrar como vigésimo sexto presidente de la SEC a su amiguete Harvey Pitt. Al asumir su cargo Pitt le prometió a las multinacionales comportarse en modo amable.
 
Tan amable que el resultado le dio una patada en los huevos a la transparencia de los mercados: los ejecutivos de las multinacionales robaron tantos cientos de miles de millones de dólares y manipularon en tal modo los balances de las empresas que dirigían que el escándalo fue planetario. Enron, Worldcom, Andersen Consulting, Merril Lynch, ¿te dicen algo?
 
Justamente, entre los escandalillos del período se cuenta un clásico del género protagonizado por Merrill Lynch.
 
Eliot Spitzer, abogado general del Estado de Nueva York acusó al poderoso analista financiero de haber estafado a los pequeños accionistas recomendando la compra de acciones de empresas que, internamente, los colaboradores de Merrill Lynch trataban de “empresas nulas” o de “empresas de mierda”.
 
El caso es que Merrill Lynch recibía jugosas remuneraciones de las “empresas de mierda” de las cuales recomendaba, a pesar de todo, la compra de acciones.
 
Quién tenía a su cargo la vigilancia de la Bolsa de Nueva York era el patrón de la SEC, el ya mencionado Mr. Harvey Pitt, quién, antes de ser nombrado en ese cargo por Dobeliú, había sido abogado de Merrill Lynch.
 
Para sacarse el pillo Merrill Lynch prefirió pagar una multa de cientos de millones de dólares con lo que evitó el proceso y la cárcel para sus ejecutivos.
 
¿Te queda claro lo que significa la “transparencia de los mercados”?
 
De modo que el 18 de febrero del 2003 Dobeliú se vio obligado a reemplazar a Harvey Pitt por un tipo más creíble: William Donaldson, vigésimo séptimo presidente de la SEC.
 
La biografía de Mr. Donaldson, la que figura en el sitio web de la propia SEC,  precisa que asumió su cargo “on the heels of numerous high-profile corporate scandals that left investor confidence shaken”.
 
William Donaldson se tomó la cosa en serio e hizo el trabajo para el cual le pagaban.
 
Comenzó por exigir que la contabilidad de las multinacionales no fuese falsificada. Luego quiso permitirles a los pequeños accionistas cambiar a los ejecutivos ladrones. E intentó controlar los fondos especulativos (“hedge funds”) que crecen como la mala hierba al amparo de la opacidad. Y terminar con los conflictos de interés de bancos que financian y asesoran empresas de las cuales sugieren la compra de acciones. Y quiso darle transparencia a los escandalosos salarios de los ejecutivos que se llevan las empresas para la casa. Todo esto para “restablecer la confianza de los inversionistas”.
 
Lo que no dice la biografía que figura en el sitio web de la SEC es que Mr. Donaldson hizo tan bien su trabajo que las multinacionales y la comunidad financiera presionaron a Dobeliú para que lo despidiera por “eficiente”, lo que fue hecho en junio del año 2005.
 
Despedir a un alto funcionario por “eficiente”… ¡Confiesa que el neoliberalismo manda cojones!
 
Todo esto no sería sino un capítulo más del culebrón sin fin de un capitalismo amoral e ineficiente si no fuese porque nos están repitiendo el episodio una y otra vez, como disco rayado.
 
Con motivo de la crisis financiera gatillada por los créditos basura conocidos como “subprimes”, los ministros de finanzas del G7, -que reúne a los siete países más ricos del mundo-, acaban de llamar a los actores de los mercados financieros a una mayor transparencia.
 
El comunicado final de la reunión del pasado 9 de febrero precisa que “Los ministros de Finanzas y los banqueros centrales del G7, inquietos por sus economías, le pidieron el sábado a las instituciones financieras desvelar “entera y rápidamente” todas sus pérdidas ligadas a los riesgosos créditos inmobiliarios américanos” e “impedir” los potenciales conflictos de interés.
 
Te ruego olvidar, -piadosamente-, que el ministro de finanzas de los EEUU, Mr. Henry Paulson, fue hasta septiembre del 2007 uno de los principales estafadores en la materia como responsable de los créditos basura en el banco Goldman Sachs.
 
Pero ni así.
 
No bien los ministros de finanzas del G7, -acompañados de sus respectivos banqueros centrales-, habían lanzado el vibrante llamado a la transparencia, se hizo público que la SEC había lanzado una investigación a propósito de maniobras efectuadas por Merrill Lynch para encubrir su responsabilidad en el tema de los créditos basura.
 
Merrill Lynch, cuya acción ha perdido un 40% de su valor en lo que va corrido del año,  sorprendió en enero a los analistas de Wall Street al informar de siete mil novecientos millones de dólares de pérdidas en el ultimo trimestre del 2007.
 
No solamente se trata de la pérdida más importante declarada por algún banco estadounidense, sino que además es una cifra que casi dobla las pérdidas anunciadas por Merrill Lynch hace sólo tres semanas.
 
Mr. Mike Mayo, -analista del Deutsche Bank en New York-, notó que durante el tercer trimestre del año pasado Merrill Lynch redujo en sus cuentas los montos de inversiones dudosas (collateralized-debt obligations) de 32 mil a sólo 15 mil millones de dólares. Pero como el banco anotó sólo seis mil millones de dólares de pérdidas con cargo a dicho riesgo, Mike Mayo se preguntó adonde pasaron los once mil millones que faltan.
 
Por otra parte, se sospecha que Merrill Lynch le transfirió miles de millones de dólares de créditos basura a fondos especulativos (“hedge funds”) para mejorar su propia posición, sin mencionarlo en su contabilidad.
 
En la jerga de los que saben es lo que se llama falsificación de documentos públicos, fraude y estafa, y eso es lo que investiga la SEC.
 
Nada de esto es nuevo, Merrill Lynch ya había estado mezclado a las estafas contables de Enron, a otras manifestaciones de lo que se dio en llamar la “contabilidad creativa” para no hablar de manipulaciones de esquemas de Ponzi.
 
Un par de multas más y la virginidad de Merrill Lynch quedará como nueva.
 
Mientras tanto, las autoridades competentes nos siguen vendiendo el cuento de los servicios financieros “competitivos” “en un marco de optimización de la asignación de recursos financieros”.
 
Lo que la teoría económica oficial y los economistas jeropas tienen por la transparente  transparencia de los mercados.