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Agosto 18, 2026

Lo que nos permite ver Santelices

De vez en cuando, en nuestra bipolar sociedad política, se escuchan afirmaciones tendientes a igualar responsabilidades habidas durante la implantación y desarrollo del gobierno del general Pinochet, de manera de compartir de algún modo esa experiencia que no es soportable llevar en solitario a los que aún poseen esa implacable cualidad humana que llamamos conciencia. Y no es solamente que se pretenda igualar culpas entre los que la llevaron a cabo, vale decir, entre los que ordenaron bombardear edificios públicos y los que idearon el “plan laboral” que terminó con los derechos más elementales de los trabajadores o entre los que daban las órdenes a los comandos de torturadores y los que mentían descaradamente para blanquear esa conducta criminal que reprochaba el mundo entero.


 Ahora se trata de igualar entre los golpeados y los golpistas, entre los ofendidos y los ofensores, entre los muertos y los homicidas, entre los sobrevivientes y los verdugos, entre la dictadura y la resistencia.
 
De esta manera el general Cheyre extremando un razonamiento que hace público, desea liberarse de sentimientos culposos. Es así, que por un lado, enrostra acertadamente la responsabilidad de los “civiles”, vale decir de aquellos que firmaron documentos ilegales llamando a las FFAA a traicionar las leyes de su país para que encabezaran el golpe.( no olvidemos que fue la CODE -Confederación Democrática- la alianza que reunía con ese fin al PDC y al PN, la que elaboró ese llamado al fracasar el intento de destituir constitucionalmente a Allende en el Congreso Nacional. Además el PN, que homologado en nuestros días correspondería a RN y la UDI juntos, se auto-disolvió al otro día de consumado el golpe, puesto que consideraron que el dictador representaba el fin que ellos mismos perseguían, de modo que alegres y ambiciosos se integraron a sus equipos técnicos y a sus ministerios, olvidándose que decían hace muy poco tiempo y con mucha seriedad, que tenían principios y doctrinas democráticas). Por otro lado, alentado por la camaradería tal vez y en un claro abuso de confianza para con el razonamiento lógico, Cheyre pretende culpar a las víctimas de la tragedia de ser responsables de sus efectos.
 
Es razonable entender que un joven de 20 años, el subteniente Eduardo Santelices, recién egresado de la escuela militar, haya tenido miedo de desobedecer a sus mandos, aún cuando él alega no haber hecho nada ilegal a pesar de que después se fue a confesar con un cura para que Dios lo perdonara según dijo. Es razonable pensar que él no hubiera tenido muy claro que el golpe era ilegal, puesto que sus mayores se plegaron a ese propósito sin pensarlo mucho tampoco. Es razonable que no haya sabido que era ilegal alterar la suerte de los procesados o incluso condenados por tribunales militares como era el caso de los 14 prisioneros que entregó a la caravana de la muerte.
 
Es razonable pensar que no hubiera entendido el histórico mensaje de Pinochet que iba destinado a los mandos superiores. El sentido de ejecutar a los condenados o procesados desconociendo las sentencias emanadas de tribunales militares, que aún cuando siendo bastante arbitrarias e irregulares y las condenas elevadísimas de acuerdo a los cargos presentados y “acreditados”, era nítidamente claro, que el texto subliminal de las ejecuciones de la caravana plenipotenciaria enviada por Pinochet a recorrer los regimientos y cárceles secuestrando a los prisioneros para matarlos, decía en pocas palabras: nada existe sobre mí, la ley soy yo.
 
Es razonable también entender que el actual vocero de gobierno, para ese entonces cadete de la escuela militar, hubiera actuado de igual manera frente al dilema que el joven oficial Santelices tuvo en ese desafortunado trance.
 
Lo que no parece para nada razonable, es que los argumentos que se dan ahora para interrumpir tardíamente la carrera de Santelices, no hayan sido suficiente para los ministros de Defensa de cada época, para interrumpir en su momento los pasos sucesivos que debió sortear para llegar al alto mando, aún cuando sabemos que él renunció voluntariamente.
 
No es razonable tampoco, que el ejército de Chile, principal implicado en las violaciones a los derechos humanos consignados en el informe Rettig no haya resuelto lo que le exigía la sociedad.
 
No es razonable que los altos oficiales que ya no tenían 20 años – entre los que se encontraban Santelices y Cheyre- y que tuvieron en sus manos resolver las responsabilidades entregando a los culpables de esas violaciones no lo hayan hecho, fueron altos oficiales que integraron esas comisiones. Mesas de diálogo, las que avalaron informes falsos que condujeron a entregar cuerpos equivocados a los familiares de las víctimas.
 
No es razonable que el ejército, que se dice está provisto de un prestigioso servicio de inteligencia, y con documentados procedimientos para ejecutar órdenes, no haya sido capaz de reconstruir la escena del crimen, habiendo podido realizar poco antes, la operación “retiro de televisores”, que con precisión matemática, dio con los cadáveres enterrados de las víctimas, para modificar la escena, retirando los cuerpos y haciéndolos desaparecer. Nadie puede llevar a cabo una operación de esa envergadura sin conocer los nombres de los responsables directos, y sin dejar más huellas que los impliquen.
 
Pero a nadie parece importarle que la política sea razonable, lo que importa es conducirse con pragmatismo y es ello lo que han hecho los que llevan 4 períodos consecutivos gobernando. Por esa razón es que los problemas no se resuelven, se van manteniéndo, y los conflictos que se generan por esa situación, se van gestionando, se van manejando.
 
Por la misma razón, nadie le da bola a Cheyre, excepto el que escribe esta nota, que creyó ver en sus  palabras sobre Santelices una oportunidad para escribir.