Ello permitiría ganar puntos para gozar de un permiso de trabajo y de residencia. Ahora bien, tampoco puede ver programas ni películas extranjeras. Debe siempre preferir la producción nacional y las series y telenovelas del pais. Todo para asimilar las costumbres. Sin embargo, haga lo que haga, siempre corre el riesgo de ser considerado despectivamente. Es un ser inferior, mediocre y no está a la altura de los españoles. Requiere un aprendizaje. De allí que debe someterse a un test de españolidad. Ser un camarero por ejemplo, es complejo y los ecuatorianos que laboran en el sector son lentos y torpes. No pueden compararse con la vieja guardia nacional. En boca de Arias Cañete, secretario ejecutivo de economía y empleo del Partido Popular, se diferencian de “aquellos maravillosos que teníamos, que les pedíamos un cortado, mi tostada con crema, la mía con manteca colorá, y a mí una de boquerones con vinagre, y te lo traía todo con una enorme eficacia”. A los actuales inmigrantes hosteleros que trabajan doce horas por un sueldo miserable, se les cae el café, tardan, no recuerdan el pedido, huelen mal, son negros, bajitos y te miran con odio cuando no dejas propinas.
Los populares subsanarán todos estos handicap. Según ellos si no aprender bien el castellano y no se asimilan, serán, repito, expulsados en un término de un año. No se trata de que cumplan las leyes y se integren, sino de ser asimilidos en tanto esclavos al servicio de los señores esclavistas de nuevo cuño. En este sentido, les propongo a los señores del Partido Popular, una cartilla para inmigrantes. Se trataría de obtener puntos para garantizar su control y correcto aprendizaje de las costumbres donde empresarios y españoles de bien, como antes los cristianos viejos, puedan sellar los recuadros hasta completar la cartilla. Por ejemplo: hablar sin sesear sumaría diez puntos. Asistir a tablaos flamencos, corridas de toros y semana santa cinco puntos. Vivas al rey 2 puntos. Criticar los matrimonios gay, manifestarse contra la educación por la ciudadanía, apoyar la familia tradicional, asistir a misa los domingos y declararse en pro de la educación privada, 20 puntos.
Sin embargo, mas allá de esta mala caricatura, la propuest, del Partido Popular, cuenta con un respaldo amplio de la población española. Sobre todo en los sectores populares y medios. Estos ven con recelo la llegada de tanto inmigrante y lo consideran un peligro. Además aflora el sentimiento xenófogo y racista en otra parte de la sociedad. Cuando se juntan estos ingredientes el discurso contra la inmigración cala profundamente y se convierte en un argumento para defender la identidad nacional. Los mas afectados, trabajadores sin oficio, jornaleros, obreros de la construcción etc. Ellos ven al recien llegado como un enemigo, como esquirol. Trabajan por menos por menos dinero, contratos basura, cuando no ilegales.
El discurso político de la derecha ha metido en la cabeza de los españoles la falsa idea de ser, los inmigrantes, los responsables del colapso de la sanidad pública y culpables del déficit de la seguridad social. Es una realidad tenebrosa. Un sector importante se identifica con este discurso, votará al partido popular y por lo tanto apoya esta medida. Lo mismo ocurrió en Francia con Sarkozy.
En conclusión, estas políticas evidencian que la derecha no busca que los inmigrantes cumplan con la ley ni la integración, sino el sometimiento y la pérdida de identidad en favor de una dominación que va mas allá de una lógica de conocimiento histórico de los valores y las costumbrs de la sociedad en la cual trabajan, coadyuvan a su desarrollo y enriquecen cultural, económica y políticamente. Para la derecha siempre serán mano de obra barata de segunda clase.
