¿Qué le podemos contestar al general Santelices y a muchos como él que han dado esta misma explicación? Pues, que en ese caso, suponiendo que no tenían posibilidad de hacer nada, están todos exculpados, obvio. (¿tampoco podían retirarse del Ejército?)
Supongamos que los chilenos aceptamos esta explicación, entonces, lo menos que podemos pedir es que las leyes militares sean revisadas, y en especial todo lo que tiene que ver con la obediencia. El nunca más que declaró en su momento el general Cheyre, solo puede legitimarse con un cambio al interior de la normativa institucional.
La obediencia es un principio retrógrado para las sociedades contemporáneas. Lo conservan solo instituciones en decadencia, como la iglesia y la milicia y, en menor medida, los partidos políticos.
Los argumentos para sustentar este principio son claros en la lógica de la guerra, pero como sea nosotros como chilenos no podemos permitir que los militares, quiénes tienen las armas y por tanto el poder final, estén regidos por el solo principio de la obediencia.
