En fin, malhadado 10 de febrero, que no hacías falta para avergonzarnos visto que razones no faltan.
Para mí hubiese sido mejor ponerte en un lugar como el que ocupa, -desde el nacimiento del calendario gregoriano-, el 30 del mismo mes, o por lo menos el 29, que en caso de ser portador de desgracias nos hubiese ahorrado el tener que soportarlas con frecuencia anual. No obstante, te empeñaste en venir y en acunar el nacimiento de la derrota de las derrotas, el escaparate de la incuria chilensis, el bendito Transantiago.
Desconfiados como somos, hay quién afirma que ni todo el genio de la dream team designada por R&L hubiese bastado para alcanzar los resultados conocidos sin alguna ayuda externa o sin algún estímulo artificial.
De ahí que se haya hipotizado el consumo de un alijo de hachish marroquí o, -según otros tratadistas-, el uso de Talidomida, de los efluvios de Tchernobyl o la ingesta desmedida de marisco crudo para concebir el “subnormalito”.
Y digo “subnormalito” porque, malhadado 10 de febrero, el Transantiago solo tiene un añito, edad tierna en que los peques aún son mononos, apenas comienzan a caminar y no dan el coñazo que la obra cumbre de R&L nos dio desde el primer día de su existencia.
Como suele ocurrir en la inmensa mayoría de estos casos, el “subnormalito” nació huérfano. El día del parto los obstétras y las matronas estaban de vacaciones. Al ver el resultado el genitor putativo miró para el otro lado y rehusó reconocer su paternidad.
De modo que el “subnormalito” nació solo, si exceptuamos un Espejo de guardia al que no se atrevió a preguntarle, el pobre, si él era el más bello.
En estos días estivales en que los chilenos o están de vacaciones o están saliendo, puedes apostar lo que quieras a que nadie celebrará tu cumpleaños, malhadado 10 de febrero, porque a pesar de haberle confiado el Transantiago a eminentes émulos del Dr. Vidal, -“cirujía de cuerpo y alma”-, sigue tan mamarracho como el primer día.
Así pues, la tan anunciada “revolución” se verificó en los hechos: al precio de tres mil millones de dólares hemos descrito una vuelta completa para volver al punto de partida.
Date por enterado, malhadado 10 de febrero: para tu primer aniversario no habrá torta, ni challas, ni gorritos, ni cornetines, aun menos algazara, ni percusiones, ni flautas, ni pitos ni chirimías.
Lo que no deja de sorprender en un país habituado desde sus albores a celebrar y a conmemorar derrotas.
