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Agosto 18, 2026

Volodia, el verbo peregrino a través del éter

Corría el año mil novecientos setenta y siete, una voz en el horizonte  llamó mi atención de niño.  Desde algún rincón inimaginable del planeta,  la palabra  serena y grave, penetraba por los oídos del chiquillo, el verbo peregrino viajaba  a través del éter,  traspasando el muro dictatorial,  impuesto  en el pequeño país de final del mundo. Tuvo que pasar más de una década,  para tener al hombre del tono pausado frente a mis ojos,  fue un sábado del año 1991, cuando como ordenado militante de su partido, visitaba las bases y se organizaban encuentros,  con la intensión de intercambiar ideas. 

Una casona ubicada en las cercanías de la estación  de metro Pila del Ganso,  nos albergó esa tarde; sentados en diversos lugares y  abrigados por la sombra de un palto generoso,  el anciano de voz clara,  explicaba desde su experiencia las razones del desastre, del llamado socialismo real.

El veterano de la voz templada, era de mediana estatura y  caminar pausado, vestía un terno oscuro,  camisa celeste, tenía su  tez blanca, los ojos agudos y la frente amplia y despejada,  únicamente cubierta por una gorra gris.  Así y no de otro modo, el verbo remoto que inundó mi niñez, se hizo carne.

Como lector,  conocía en ese entonces tres de  sus trabajos, “Hijo del salitre”,  Neruda y unos cuantos versos de su autoría publicados en  “Antología de la poesía chilena nueva” que realizara con Eduardo Anguita (1935).

En resumidas cuentas,  al político lo conocí bastante menos que al cronista y escritor.  A este último le he seguido la pista,  leyendo sus textos con cierta devoción,  abriendo un pequeño cuaderno de notas del que pretendía escribir un ensayo,  en definitiva sólo intenciones, teñidas de fantasmas.

Lo escuché poco tiempo después, atento en Talca,  en una conferencia sobre “Los dos Borges” y tuvimos un intercambio fraterno sobre la concepción literaria del argentino.

Su colección autobiográfica titulada “Antes del olvido” donde prolonga  su concepción literaria, resumida en dos conceptos fundamentales, memoria y testimonio, dan cuenta del proyecto estético mayor, armado en una estrategia de lenguaje socarrón,  dando al anciano de la tribu  un aire juvenil o de niño travieso.

La intención literaria del autor es perfectamente clara, busca establecer una carta de navegación para los lectores de nuestro tiempo, esbozando sin temor alguno,  su mirada sobre la historia del país y de los personajes que la circundaron.
Tuve la fortuna,  entre muchos otros, de  asistir a la Estación Mapocho,  el día que recibió el premio nacional de literatura,   lo critiqué ácidamente, cuando recibió de manos del terrateniente Figueroa,  la  medalla Pablo Neruda,  justo cuando se condenaba a unos comuneros mapuches a la cárcel.  

Escuché,  por última vez al hombre del vocablo lúcido, el día domingo seis de enero del año 2008, en el marco de la fiesta de los abrazos, lucía cansado,  su cuerpo lento parecía no responder, sin embargo,  la mente y la palabra, estaban ahí intactas, elocuentes,  el tema era el centenario de Salvador Allende y su presencia, estuvo a la altura de las circunstancias.
Al acercarse el medio día y con muestras indiscutibles de cansancio, es sacado por un número de personas y llevado a su hogar,  tuve la sospecha entonces que no iba a ver otra oportunidad de verlo en público.   Pedí a uno de los escritores que lo visitan,  la posibilidad de una entrevista, argumentando mi interés por escribir unos artículos sobre su trabajo literario.
La respuesta no llegó y en ningún caso podría elaborar alguna crítica, otras batallas estaban reservadas,  para el anciano del siglo XXI, que yace según entiendo entregado a su suerte, en la Clínica del Hospital de la Universidad Católica.
Tal vez, tenga una carta bajo la manga y esté registrando cada detalle,  para volcarlo pronto en una hoja.

Tal vez,  la muerte busque a un tal Volodia Teitelboim, pero en los registros del hospital, solo habita Valentín, nacido en Chillán en 1916, un año antes que Eric Hobsbawm,  historiador inglés,  decretara el inicio del siglo XX.