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Agosto 18, 2026

Gonzalista y gonzalero

Confieso solemnemente que soy “gonzalista”…Y más aún, “gonzalero”. Me explico: soy lector de la poesía de Gonzalo Rojas. Pero antes que eso había “descubierto” al amigo Gonzalo.  O sea, soy gonzalista por admiración literaria y gonzalero por devoción amical.

Conocí al hombre, a la persona, en La Habana cuando esa tierra generosa nos acogió, junto a mis hermanos, en los comienzos de nuestro exilio infamante. Allí Gonzalo era un diplomático que representaba a Chile ante el Gobierno de Fidel. O sea, el Jefe de la Misión que permaneció en la isla tras el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973. Y nos recibió, como digo, con los brazos y el corazón abiertos, ambas cosas tan  necesarias en gente como nosotros que nos alejábamos físicamente -y por la fuerza- de nuestra tierra y que llegábamos con la vista nublada por la tristeza y la rabia contenidas. Gonzalo nos tendió esa mano que nos orientó en la oscuridad del exilio. Y nos abrió su corazón –tan sufriente como el nuestro- acompañado de su amada Hilda, la chillaneja que le ancló eternamente la barca de la vida en la bahía  de este valle generoso y verde.

Nos volvimos a encontrar, tiempo después, en la Alemania democrática y solidaria que también nos acogió en el peregrinar foráneo.  Él, en los andares de su crecimiento poético, mirando el mar de Rostok, encantando en lengua extraña. Yo, en el Berlin como atalaya, sin perder de vista nuestro chilito herido. Fue sólo allí que comencé a conocer la obra del poeta, que emigró más tarde a Venezuela, donde –según confiesa- fue feliz a tope, a concho…al decir de nuestros jóvenes. Yo emigré a la España definitiva, donde nos volvimos a encontrar, muchas veces…Porque Gonzalo había conquistado al mundo culto peninsular y masificaba sus afectos con  rapidez inusitada. La propia Reina, su lectora más empedernida. Y le llovieron los premios, los galardones, los reconocimientos magníficos. Soy testigo y corroboro que eso que engorda el ego de cualquiera, en Gonzalo no cala.

Ahora el Rojas tan hispano y tan común, suena en los pasillos de la Academia sueca con cierta fuerza. Lo hizo hace un par de años, pero ahora hay nuevas vitalidades empujando el Nóbel hacia nuestra tierra. En Chillán hay que ponerse en movimiento …¡y ya!.

Gonzalo Rojas nos presentó hace poco su “Esquizo”, macizo y rotundo. Iniciativa universitaria que aplaudirá la Historia.  Ahora nos llega desde la Casa de América de La Habana su prosa nueva , fresca, estimulante y grandiosa, que lo lleva a uno a manifestar su sorpresa ditirámbica. “Es una nueva declaración de Independencia de América”, me grita desde México, invadido por el entusiasmo, Rogelio de la Fuente. Gestos y palabras de admiración nos envía desde Australia Gustavo Martin Montenegro. Desde España, Cacho Soto reposa un comentario, porque su costumbre es no desbordarse con los entusiasmos. Contrario es Pedro Chalo Elberg, que en Venezuela baila con sones calientes el texto gonzaliano… En fin, es que los chillanejos –estemos donde estemos- vibramos con tal monumento a la creatividad culta, al manejo del idioma, al desborde de la idea…a la confesión profunda, fundada y valiente.
 
No. No se necesitan más argumentos que su lectura para conseguir que alguien masifique tal discurso, tal escrito, tal palabra. Enaltece a quien las pronunció. Enaltecerá a quien las redifunda. Culturizará a quien las lea. Y, además,  comprenderán en toda su dimensión el por qué me declaro solemnemente “Gonzalista” y “Gonzalero”.

——————————miguelangelsanmartin@gmail.com————————–