La centroderecha limita a su derecha con la derecha y a su izquierda con el centro, del mismo modo, la centroizquierda limita a su derecha con el centro y a su izquierda con la izquierda. En consecuencia existen 5 campos definidos por sus límites concomitantes y cuya naturaleza es ser cada uno sub-continentes del electorado nacional, quintas partes si se quiere. A saber: derecha, centroderecha, centro, centroizquierda e izquierda.
Estamos hablando crudamente de un nuevo mundo político, que ha desplazado por algún tiempo ya, y quizá para siempre, a los prestigiosos tres tercios de antaño. Se podría decir que actualmente el centro está donde ha estado siempre, justo al centro, en el lugar nº3 de 5, que es justamente la gracia que tienen las cifras impares, que siempre consideran un centro o eje equidistante de sus extremos.
Es entonces expresión de un auspicioso panorama, puesto que de antiguo se sabe, que el juego político debiera estar centrado. Un vigoroso centro limita la ocurrencia de excesos y desarrolla su natural rol catalizador de los fenómenos políticos.
Sin embargo, el planteamiento descrito, es válido en un universo limpio, cuya transparencia asegure una concurrencia libre de la expresión popular. Sucede que esta expresión es distorsionada cuando los distritos o circunscripciones electorales dispuestas al veredicto popular, constituyen de acuerdo a una ley que tiene visos de ser vitalicia, de solamente 2 diputados o 2 senadores a elegir por cada una de ellas, reproduciendo en consecuencia, el mismo efecto para la totalidad. Es decir, la de un mundo político divisible exclusivamente en dos partes que no admite un centro ni matices.
Cuando se divide el universo en 2 partes, resulta un universo bipolar. Es natural entonces que se utilicen expresiones como centroderecha y centroizquierda, para crear justamente un espacio virtual en donde colocar el centro y los matices que no existen en la realidad, ya que el eje o centro ha sido reemplazado por 2 polos aparentemente excluyentes.
El mundo político actual, carece de centro, puesto que en los hechos es uno solo e indivisible, es una criatura anormal con 2 cabezas, que debiera ser tratado en el contexto de un modelo electoral aséptico, del modelo llamado binominal, fuera del cual, moriría a las pocos horas.
De manera que la única forma de desarrollar política en esas condiciones, es actuar como una totalidad, como lo hace una dictadura, frente a la cual no es posible levantar una genuina oposición, puesto que en este caso, las cúpulas bipolares han llegado a acuerdos tácitos, a espaldas de sus electores con el fin de hacer “un Chile posible.”
Afirmar entonces que lo que se ha denominado gobiernos democráticos o gobiernos de la Concertación, debieran trocar el adjetivo “democráticos” por “dictatoriales”, no es afirmar antojadizamente, pues en la práctica, que perdura ya largos años, se ha gobernado en contra de lo medular de las propuestas programáticas que sometieron al juicio de los electores, pactando con “la oposición” que no ha sido tal, ya que esta, la derecha, renunció hasta la última fecha, a la chance de ser gobierno con tal que a cambio, se llevara a cabo su ideología en el campo político y económico.
A estas alturas, ya nadie discute que en Chile existe una democracia de mentirilla y que su economía se maneja con criterios considerados como la máxima expresión del liberalismo a ultranza que padece el planeta.
Afirmar que la Concertación es la continuidad política y económica de la dictadura, no es tampoco antojadizo, ni menos es buscar una descalificación barata de su gobierno. Afirmar esto, no es más que la constatación de la realidad, de los resultados concretos de su gestión, en que no se emiten juicios de valor ni de eficacia. Es simplemente lo que ha sido y lo que es.
El constatar la frágil línea divisoria que separa a los 2 grandes conglomerados políticos, la Alianza y la Concertación, no significa tampoco que los personajes políticos que han tenido papeles protagónicos sean personas despreciables, traidoras y oportunistas. No, simplemente han jugado sus roles, siendo superados por el vertiginoso mundo del poder, que hace empequeñecer aún más a los débiles de espíritu, a los que no merecían estar en esos puestos.
No hay nada de qué quejarse, somos así y al parecer nada cambiará. Los hombres de la Derecha que tuvieron su oportunidad de parar en su tiempo a Pinochet y su escalada sangrienta, se olvidaron rápidamente de sus principios democráticos y republicanos, ellos se auto-disolvieron como ha escrito con tinta indeleble la Historia, fueron el soporte intelectual y técnico de la dictadura.
A nadie le pareció impresentable ese comportamiento. Para un derechista es natural identificarse con lo que denominan ridículamente aún por estos días “el gobierno militar”, solo después que se hicieron públicas las motivaciones reales que tuvo el dictador para realizar todos sus crímenes, cuando se supo que había atesorado millones de dólares en forma ilícita, delictual, entonces tomaron una relativa distancia, con el único propósito de no ser salpicados con la basura.
A nadie le parece actualmente impresentable el comportamiento político de los hombres de la Concertación, ni siquiera a ellos mismos que saben bien que han estafado a su electorado y todavía tienen ascendencia sobre él, a ellos que preparan el quinto gobierno y si todo sigue como es de esperar, lo obtendrán. Nada cambiará. Somos así.
Si por estos días, masivamente grupos de parlamentarios, presidentes de partidos, de representantes del mundo sindical y social, dieran su apoyo a los mapuche, sometiéndose ellos mismos a huelga de hambre, solidarizando con la heroica huelga de hambre que sostiene Patricia Troncoso.
Si fueran capaces de ofrecernos un testimonio de solidaridad con una causa justa, que no es más que defender los derechos de un pueblo que en nuestro propio país, son sistemáticamente atropellados por el Estado con sus tres poderes incluidos, derechos que están consignados en todas las legislaciones de países civilizados, derechos por los cuales decían luchar. Morir.
Entonces sí que creeríamos, que existe cercanamente un Chile posible.
Es entonces expresión de un auspicioso panorama, puesto que de antiguo se sabe, que el juego político debiera estar centrado. Un vigoroso centro limita la ocurrencia de excesos y desarrolla su natural rol catalizador de los fenómenos políticos.
Sin embargo, el planteamiento descrito, es válido en un universo limpio, cuya transparencia asegure una concurrencia libre de la expresión popular. Sucede que esta expresión es distorsionada cuando los distritos o circunscripciones electorales dispuestas al veredicto popular, constituyen de acuerdo a una ley que tiene visos de ser vitalicia, de solamente 2 diputados o 2 senadores a elegir por cada una de ellas, reproduciendo en consecuencia, el mismo efecto para la totalidad. Es decir, la de un mundo político divisible exclusivamente en dos partes que no admite un centro ni matices.
Cuando se divide el universo en 2 partes, resulta un universo bipolar. Es natural entonces que se utilicen expresiones como centroderecha y centroizquierda, para crear justamente un espacio virtual en donde colocar el centro y los matices que no existen en la realidad, ya que el eje o centro ha sido reemplazado por 2 polos aparentemente excluyentes.
El mundo político actual, carece de centro, puesto que en los hechos es uno solo e indivisible, es una criatura anormal con 2 cabezas, que debiera ser tratado en el contexto de un modelo electoral aséptico, del modelo llamado binominal, fuera del cual, moriría a las pocos horas.
De manera que la única forma de desarrollar política en esas condiciones, es actuar como una totalidad, como lo hace una dictadura, frente a la cual no es posible levantar una genuina oposición, puesto que en este caso, las cúpulas bipolares han llegado a acuerdos tácitos, a espaldas de sus electores con el fin de hacer “un Chile posible.”
Afirmar entonces que lo que se ha denominado gobiernos democráticos o gobiernos de la Concertación, debieran trocar el adjetivo “democráticos” por “dictatoriales”, no es afirmar antojadizamente, pues en la práctica, que perdura ya largos años, se ha gobernado en contra de lo medular de las propuestas programáticas que sometieron al juicio de los electores, pactando con “la oposición” que no ha sido tal, ya que esta, la derecha, renunció hasta la última fecha, a la chance de ser gobierno con tal que a cambio, se llevara a cabo su ideología en el campo político y económico.
A estas alturas, ya nadie discute que en Chile existe una democracia de mentirilla y que su economía se maneja con criterios considerados como la máxima expresión del liberalismo a ultranza que padece el planeta.
Afirmar que la Concertación es la continuidad política y económica de la dictadura, no es tampoco antojadizo, ni menos es buscar una descalificación barata de su gobierno. Afirmar esto, no es más que la constatación de la realidad, de los resultados concretos de su gestión, en que no se emiten juicios de valor ni de eficacia. Es simplemente lo que ha sido y lo que es.
El constatar la frágil línea divisoria que separa a los 2 grandes conglomerados políticos, la Alianza y la Concertación, no significa tampoco que los personajes políticos que han tenido papeles protagónicos sean personas despreciables, traidoras y oportunistas. No, simplemente han jugado sus roles, siendo superados por el vertiginoso mundo del poder, que hace empequeñecer aún más a los débiles de espíritu, a los que no merecían estar en esos puestos.
No hay nada de qué quejarse, somos así y al parecer nada cambiará. Los hombres de la Derecha que tuvieron su oportunidad de parar en su tiempo a Pinochet y su escalada sangrienta, se olvidaron rápidamente de sus principios democráticos y republicanos, ellos se auto-disolvieron como ha escrito con tinta indeleble la Historia, fueron el soporte intelectual y técnico de la dictadura.
A nadie le pareció impresentable ese comportamiento. Para un derechista es natural identificarse con lo que denominan ridículamente aún por estos días “el gobierno militar”, solo después que se hicieron públicas las motivaciones reales que tuvo el dictador para realizar todos sus crímenes, cuando se supo que había atesorado millones de dólares en forma ilícita, delictual, entonces tomaron una relativa distancia, con el único propósito de no ser salpicados con la basura.
A nadie le parece actualmente impresentable el comportamiento político de los hombres de la Concertación, ni siquiera a ellos mismos que saben bien que han estafado a su electorado y todavía tienen ascendencia sobre él, a ellos que preparan el quinto gobierno y si todo sigue como es de esperar, lo obtendrán. Nada cambiará. Somos así.
Si por estos días, masivamente grupos de parlamentarios, presidentes de partidos, de representantes del mundo sindical y social, dieran su apoyo a los mapuche, sometiéndose ellos mismos a huelga de hambre, solidarizando con la heroica huelga de hambre que sostiene Patricia Troncoso.
Si fueran capaces de ofrecernos un testimonio de solidaridad con una causa justa, que no es más que defender los derechos de un pueblo que en nuestro propio país, son sistemáticamente atropellados por el Estado con sus tres poderes incluidos, derechos que están consignados en todas las legislaciones de países civilizados, derechos por los cuales decían luchar. Morir.
Entonces sí que creeríamos, que existe cercanamente un Chile posible.
