En un principio la Alianza pensó que el senador descolgado del PPD Fernando Flores estaba pintado para el cargo. Él, con el aire de superioridad que ya usaba en sus días de ministro de la Unidad Popular, desdeñó un ofrecimiento que –dijo- sólo podía interesarle a su señora. Al ver el obvio apetito de Adolfo Zaldívar y el más sorpresivo de Carlos Cantero optó por reconocer que sí estaba interesado.
Más allá de este juego de bisagras en el Parlamento, las señales de la política chilena van desde el optimismo en el oficialismo y la oposición hasta la preocupación en ambos sectores por una suerte adversa en las elecciones que se acercan.
El primer consejo de gabinete del “segundo tiempo” terminó exultante luego de los llamados de la Presidenta y las exposiciones sectoriales de los ministros. Eso puede sonar “automplaciente” y contradictorio con el hecho de que el despido de los ministros “técnicos” del anterior equipo se debiera a que no calibraban los alcances políticos de sus medidas. Para la oposición, esa moral alta del Gobierno se traduce en un proselitismo intervencionista. No otra cosa son para ella las constantes salidas a terreno y apariciones en los medios ordenadas por la Presidenta a sus ministros.
La derecha se desliza así en un debate fútil y estéril. Porque, ¿dónde está la delgada línea entre el contacto y la información ciudadana y la propaganda gubernamental y corporativa? No seguramente en el cacareo de los huevos, sino en los actos mendaces y engañosos, como en las obras, incompletas o no, inauguradas a veces más de una vez. La oposición dio también el domingo relevancia a un hecho que pudo pasar inadvertido, el lanzamiento del períódico Chile Contigo, como si un boletín de logros pudiese tener mayor alcance que un titular en la prensa dominante, una certera cuña televisiva o una frase radial de resonancia.
La verdadera preocupación de los opositores no está en que el intervencionismo vaya a decidir el resultado de las próximas elecciones presidenciales, como todos sus dirigentes se han empeñado en sostenerlo respecto de las pasadas. Uno de sus “adelantados”, Longueira -el otro es Lavín- sostiene que es muy probable que la Concertación gane los próximos comicios municipales por la mecánica de las primeras repostulaciones: los 60 alcaldes que la centroizquierda le quitó a la derecha en las anteriores elecciones serán reelectos, tal como lo enseñan las estadísticas.
El poderío de la multipartidaria gobernante se quiere neutralizar con el rol de erosión que pueden jugar los descolgados que lideran Flores y Zaldívar. Esto no pasa por ahora de ser una apuesta. Es más obvio el factor del desgaste oficialista, así como es una probabilidad analítica que no sólo corran un candidato DC y otro social demócrata, sino también que se instale en la papeleta un socialista –Arrate o Navarrro- apoyado por el PC, partido que hasta ahora ha sido el verdadero factor de desempate en segunda vuelta.
Las mentes más macucas de la Alianza alientan los nuevos protagonismos personales para que se conviertan en antagonistas útiles en la elección presidencial: al presentar sus propias candidaturas quitarán votos a los alojados en La Moneda. Pero si bien ello debiera ocurrir, la dispersión de votos perjudica a todos los candidatos fuertes, a unos más que otros. Y en una segunda vuelta no es seguro que esos votos disidentes no vuelvan al cauce concertacionista y que se escurran a la derecha.
Lo que está ocurriendo con las mesas del Senado y la Cámara de Diputados pone en duda la viabilidad de un proyecto a nivel nacional entre la derecha y los que ya no están en la Concertación. Hay que considerar, por un lado, que al pactar con la Alianza, Flores y Zaldívar ejercen el derecho a entenderse con quienes puedan para tratar de sobrevivir. Pero es un hecho, por otro lado, que ellos fueron elegidos por votos socialistas, del PPD e independientes de izquierda el primero y por decés y el centro concertacionistas el segundo.
Mientras algunos hablan de la capacidad para expandirse más allá de las actuales fronteras políticas, el Ejecutivo optó por continuar entendiéndose con la Alianza en el Legislativo. Anunció, además, que hará respetar el orden público, sin que el ministro vocero explicitase de qué manera se anticiparán a los estallidos sociales. Esto parece reducir la opción en la rueda final: cuál de las dos coaliciones más transadas en el mercado electoral administrará el modelo en lo sucesivo. Mucho dependerá también del comportamiento de la economía, que en estos días se cierne sobre el horizonte con sombras ominosas.
De cualquier modo las cuentas alegres que hoy puedan sacar algunos en política no están del todo claras para mañana.
