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Agosto 18, 2026

La impronta de Pérez Yoma

El nuevo capitán del equipo ministerial deberá doblegar a la derecha, pero también ordenar a los díscolos del equipo propio y someter a los que visten la camiseta de tecnócratas a los imperativos políticos. Es la enrevesada misión del hijo del ministro del Interior que dejó una huella en la política chilena, y que paradójicamente viene a reforzar la gestión de una socialista en apuros, con vistas a pavimentar el camino a la aspirante democratacristiana a la Presidencia.

El real debut legislativo del nuevo gabinete encabezado por Pérez Yoma se produjo el martes en la Cámara de Diputados, cuando se rechazó una indicación del socialista Carlos Montes que buscaba congelar los aranceles  de los colegios particulares que tienen financiamiento compartido. El gobierno simplemente no la patrocinó, para salvar el acuerdo sobre educación con la derecha. Esta había anunciado que echaría por la borda el pacto celebrado a manos alzadas en La Moneda en noviembre último.
 
Se evitó así un nuevo revés como el sufrido el mismo día que partió el reajustado elenco ministerial. Entonces cristalizó la anunciada  conjunción de la Alianza con la nueva bancada de cuatro senadores independientes, Adolfo Zaldívar y Fernando Flores entre ellos. Por la nueva mayoría de 20 contra 18 se rechazó el acápite de la Reforma Previsional que autorizaba a los bancos a operar como Administradoras de Fondos de Pensiones, para posibilitar una AFP estatal a través del BancoEstado.
 
El nuevo Ministro del Interior está dispuesto a gobernar y si eso significa legislar con la derecha no tendrá escrúpulos en hacerlo, como sí los tuvo Belisario Velasco, quien prefería agotar las tratativas con los díscolos. En esa línea y como una manera de aislar a los “colorines” , Pérez Yoma obtuvo que las bancadas de la Concertación en ambas cámaras se allanen a un acuerdo con la Alianza para que ambas coaliciones se repartan las testeras del Congreso, ocupándolas un año cada una.

Esta será la impronta del segundo tiempo del gobierno de Michelle Bachelet, en el que se pondrá a prueba la firmeza para articular el juego del nuevo capitán.
 
Pero su tarea es doble: doblegar a los adversarios y desbaratar sus jugadas y también ordenar a los díscolos del equipo propio. Fue a dos ellos –los socialistas Fulvio Rossi y Marcelo Díaz, jefe de bancada y vice de la Cámara, respectivamente- que Pérez pidió llevar adelante las conversaciones. El jefe del gabinete tiene además otro objetivo: acotar el poder de los que visten la camiseta de tecnócratas en el gobierno -encabezados por el ministro de Hacienda- y más aún, subordinar las decisiones técnicas a los imperativos políticos. Ya logró que Andrés Velasco se allane a considerar, por primera vez, una rebaja del impuesto específico a los combustibles.
 

En el camarín de la derecha

El equipo contrincante tiene también mucho en qué pensar y, de hecho, se ha enfrascado en una discusión sobre el estilo de pelea a dar, la que deberá dilucidarse a la vuelta del verano. La Concertación ya decidió su estrategia. Lo hizo con algún desgarramiento interno, sobre todo a nivel presidencial. Después del portazo de Belisario Velasco, la política vuelve a los partidos, por el bienestar del Gobierno y de la Concertación y esa es la cruda realidad que abofeteó a quienes aspiran a un mayor “empoderamiento” de la llamada “sociedad civil”.  De eso se trata ahora en el oficialismo: de gobernar y hacer política, con miras al éxito de la actual administración y de la proyección de la multipartidaria gobernante, con mucha ética y eficiencia, porque la oposición, con menos armas, fiscalizará aún más los errores y las prácticas corruptas.
 
Debería también la Alianza desarrollar su capacidad propositiva, pero ésta choca continuamente con diferencias entre sus dos partidos en iniciativas como la elección de los consejeros regionales y las enmiendas al sistema electoral. Y antes que ponerse de acuerdo en los contenidos deberá hacerlo en las tácticas. Al interior de Renovación Nacional se ha instalado el debate entre su jefe, Carlos Larraín, y su candidato presidencial, Sebastián Piñera. Este, buen lector de las encuestas que encarga a su Fundación Futuro, comenzó a hablar de “un nuevo trato” con el Gobierno, el que sitúa justo al medio entre la simpleza del “bacheletismo aliancista” de Lavín y la agresividad del “desalojo” de Allamand. El presidente partidario, con su manera nada sofisticada de ver las cosas, reclama por el sustento de esta nueva actitud de Piñera, que radica en la insistencia de los diseñadores de encuestas de poner la cuestión del trabajo conjunto de gobierno y oposición por el bien del país. “Por supuesto que todos tendemos a responder que sí” dice Larraín, quien ve a los diablos de la izquierda maniobrando para hacer más difícil de alcanzar esa aspiración ciudadana.
 
El orden en la casa propia es otra de las tareas que conspira contra los partidos de la Alianza. RN ya vio partir al senador Carlos Cantero y aunque espera recuperarlo en el trabajo conjunto con la nueva bancada independiente de la Cámara Alta, los dardos de aquél ponen en entredicho tanto la conducción de Larraín como el liderazgo de Piñera. El naipe parece que nunca terminará de rebarajarse. Porque ahora al presidenciable de RN le salió el alcalde de Las Condes, Francisco de la Maza, como adherente a su tesis del “nuevo trato” con el Gobierno. Una adhesión incómoda en la medida que despierta sospechas en la UDI de “pastoreo” de un edil que renunciará a ese partido, para repostularse como independiente.
 
En definitiva, lo que vaya logrando Edmundo Pérez con neoliberales, izquierdistas y derechistas de dentro y de fuera es lo que marcará el éxito de la enrevesada misión del  hijo del ministro del Interior del mismo nombre que dejó una huella en la política chilena. ¿Qué dejará este empresario democratacratistiano  firme pero dúctil, politizado y pragmático a la vez, que vino a reforzar la gestión de una socialista en apuros con vistas a pavimentar el camino a la Presidencia de Soledad Alvear ?