Me cuenta un compañero que asistió a las actividades de clausura del Centenario de Santa María en la ciudad de Iquique, que estas no fueron todo lo masivas que debieron ser, que no hubo capacidad en los distintos grupos que allí se habían convocado para desarrollar un acto unitario y que en ningún caso parecía la conmemoración del hecho que marcó a fuego la historia del movimiento sindical chileno. Esto me ha sido ratificado posteriormente por otras personas.
En Santiago vivimos algo similar. Cuando comenzábamos nuestra actividad final de homenaje –actividad que habíamos cambiado para evitar la confrontación con quienes se autodefinen como clasistas y que con su actuar solo consiguen mantener estancado el crecimiento y la organización sindical– volvimos a ser provocados.
¿No es acaso provocación arrojar andamios de una camioneta a menos de 100 metros de donde suena la música del modesto equipo que pudimos instalar o maniobrar un camión con acoplado e iniciar la instalación de andamios mientras se da curso a un acto solemne?
Cuando suceden hechos como los aquí expuestos, la opinión general es que son deplorables pero no vale la pena comentarlos. Es mejor fijar la atención en lo positivo y la crítica hay que hacerla hacia adentro. En nombre de “hechos históricos” que no son tales se guarda silencio, se tira la basura bajo la alfombra se sigue construyendo castillos de arena.
Eso sucedió con Santa María. Por un lado el gobierno dando apoyo financiero a una denominada coordinadora nacional por el centenario, los “dueños” de la coordinadora ingeniándoselas para evitar que trascendieran las iniciativas que no contaban con su visto bueno y por el otro lado, un desfile de siglas y la prepotencia, cuando no el golpe artero, para intentar demostrar que solo “los elegidos” tienen derecho a hablar de “clase”. En el centro los trabajadores que no logran entender como a pesar de tanto abuso sus direcciones son incapaces de renunciar a los protagonismos.
Ni un solo acto masivo, unitario, abierto. Solo exclusión, discriminación y mesianismo.
Y nuestros mártires siguen siendo moneda de cambio para los frescos de siempre que tienen espacio en los medios y rinden homenajes a una lucha obrera, mientras en el día a día siguen promoviendo, avalando y legislando mas para los patrones que para los trabajadores.
Miles de trabajadores fueron testigos de la forma como se ignoraron sistemáticamente diversas actividades –entre esas las nuestras– en homenaje al Centenario de San María de Iquique. Estamos claros que son los costos a pagar por mantener una posición clara de autonomía e independencia. Pese a ello, y porque lo creemos importante, quisiéramos invitar a las organizaciones sindicales y a los medios de comunicación a visitar el monolito que la CGT inauguró el 21 de diciembre en el Parque Almagro (calle San Diego entre Mensía de los Nidos y Santa Isabel) y cuya instalación fue posible gracias al aporte de miles de trabajadores y que es, por ahora, uno de los pocos testimonios reales e imperecederos con que la clase trabajadora tributó a sus héroes.
Al momento del balance estamos más que satisfechos. Pese a todo lo que tuvimos en contra supimos sobreponernos y es que el objetivo propuesto lo exigía: Rendir tributo a nuestros compañeros trabajadores de la pampa. Salimos a la calle para contar a nuestro pueblo lo sucedido. Material informativo, música y una exposición fotográfica que fue visitada por miles en los distintos lugares donde se exhibió. Nuestro homenaje recorrió facultades universitarias, colegios de enseñanza básica y media. Se exhibió en empresas, plazas, parques, ferias libres y en decenas de poblaciones. Pasó por distintas regiones del país y estuvo en la mayoría de las comunas de la Región Metropolitana. Conversamos con hombres y mujeres, niños, jóvenes, adultos y ancianos, sobre los hechos de Iquique. Fuimos testigos de la emoción, la pena y la indignación de quienes hasta entonces no conocían los hechos. En silencio contemplamos las lágrimas que dejaron caer, mientras recordaban a alguno de los suyos que sufrieron también en la pampa nortina.
Lo dijimos con mucha firmeza todo este tiempo y lo seguiremos gritando hasta que nadie pueda alegar ignorancia: “La masacre de obreros pampinos, sus mujeres y sus hijos, fue un acto vil, repugnante, decidido ‘en los salones de palacio’ varios días antes del 21 de diciembre de 1907. El baño de sangre fue resuelto por el capitalismo, principalmente ingles en esos años, ya que ellos no aceptarían jamás ceder ante los obreros, no estaban dispuestos a disminuir sus ganancias. Así fue planteado al gobierno de la época.
La matanza exigida por los patrones fue ordenada por el gobierno de Chile, con su presidente y ministro del interior de entonces, Pedro Montt y Rafael Sotomayor respectivamente. El holocausto obrero fue ejecutado por tropas del Ejército de Chile, dirigido por oficiales y encabezado por el general Roberto Silva Renard.
Demandamos un juicio histórico contra estos criminales, hay que borrar su nombre de toda calle, plaza o lugar donde se les mencione, deben permanecer en lo mas oscuro de la historia como lo que son, unos asesinos que no tienen perdón.
A 100 años de Santa María no se nos puede olvidar lo sucedido, no podemos hacer como que ya pasó, que está muy lejos. Como ayer, así actuarán siempre los dueños del capital cuando ven amenazados sus privilegios. Como si no bastara Iquique, ahí están las matanzas de la Federación Obrera de Magallanes, la oficina Marusia, Ranquil, José María Caro, El Salvador, Pampa Irigoin y tantas otras.
A todos los que han estado en la lucha contra la explotación desde entonces y aquellos que nos precederán, les decimos que no los olvidemos nunca.
Cuando ya pasó el tiempo de los actos recordatorios, debemos hacer nuestras las tareas pendientes. Fomentar y profundizar la educación sindical y la organización, masificar la desobediencia y construir un instrumento amplio y unitario, que nos integre a todos, para que luchemos por esa sociedad más justa y digna, que fue el sueño de los pampinos. Debemos, en resumidas cuentas, volver a las formas de organización y lucha que nos legaron nuestros hermanos. A trabajar entonces para sacar adelante las tareas pendientes.
Manuel Ahumada Lillo
Presidente CGT
Cuando suceden hechos como los aquí expuestos, la opinión general es que son deplorables pero no vale la pena comentarlos. Es mejor fijar la atención en lo positivo y la crítica hay que hacerla hacia adentro. En nombre de “hechos históricos” que no son tales se guarda silencio, se tira la basura bajo la alfombra se sigue construyendo castillos de arena.
Eso sucedió con Santa María. Por un lado el gobierno dando apoyo financiero a una denominada coordinadora nacional por el centenario, los “dueños” de la coordinadora ingeniándoselas para evitar que trascendieran las iniciativas que no contaban con su visto bueno y por el otro lado, un desfile de siglas y la prepotencia, cuando no el golpe artero, para intentar demostrar que solo “los elegidos” tienen derecho a hablar de “clase”. En el centro los trabajadores que no logran entender como a pesar de tanto abuso sus direcciones son incapaces de renunciar a los protagonismos.
Ni un solo acto masivo, unitario, abierto. Solo exclusión, discriminación y mesianismo.
Y nuestros mártires siguen siendo moneda de cambio para los frescos de siempre que tienen espacio en los medios y rinden homenajes a una lucha obrera, mientras en el día a día siguen promoviendo, avalando y legislando mas para los patrones que para los trabajadores.
Miles de trabajadores fueron testigos de la forma como se ignoraron sistemáticamente diversas actividades –entre esas las nuestras– en homenaje al Centenario de San María de Iquique. Estamos claros que son los costos a pagar por mantener una posición clara de autonomía e independencia. Pese a ello, y porque lo creemos importante, quisiéramos invitar a las organizaciones sindicales y a los medios de comunicación a visitar el monolito que la CGT inauguró el 21 de diciembre en el Parque Almagro (calle San Diego entre Mensía de los Nidos y Santa Isabel) y cuya instalación fue posible gracias al aporte de miles de trabajadores y que es, por ahora, uno de los pocos testimonios reales e imperecederos con que la clase trabajadora tributó a sus héroes.
Al momento del balance estamos más que satisfechos. Pese a todo lo que tuvimos en contra supimos sobreponernos y es que el objetivo propuesto lo exigía: Rendir tributo a nuestros compañeros trabajadores de la pampa. Salimos a la calle para contar a nuestro pueblo lo sucedido. Material informativo, música y una exposición fotográfica que fue visitada por miles en los distintos lugares donde se exhibió. Nuestro homenaje recorrió facultades universitarias, colegios de enseñanza básica y media. Se exhibió en empresas, plazas, parques, ferias libres y en decenas de poblaciones. Pasó por distintas regiones del país y estuvo en la mayoría de las comunas de la Región Metropolitana. Conversamos con hombres y mujeres, niños, jóvenes, adultos y ancianos, sobre los hechos de Iquique. Fuimos testigos de la emoción, la pena y la indignación de quienes hasta entonces no conocían los hechos. En silencio contemplamos las lágrimas que dejaron caer, mientras recordaban a alguno de los suyos que sufrieron también en la pampa nortina.
Lo dijimos con mucha firmeza todo este tiempo y lo seguiremos gritando hasta que nadie pueda alegar ignorancia: “La masacre de obreros pampinos, sus mujeres y sus hijos, fue un acto vil, repugnante, decidido ‘en los salones de palacio’ varios días antes del 21 de diciembre de 1907. El baño de sangre fue resuelto por el capitalismo, principalmente ingles en esos años, ya que ellos no aceptarían jamás ceder ante los obreros, no estaban dispuestos a disminuir sus ganancias. Así fue planteado al gobierno de la época.
La matanza exigida por los patrones fue ordenada por el gobierno de Chile, con su presidente y ministro del interior de entonces, Pedro Montt y Rafael Sotomayor respectivamente. El holocausto obrero fue ejecutado por tropas del Ejército de Chile, dirigido por oficiales y encabezado por el general Roberto Silva Renard.
Demandamos un juicio histórico contra estos criminales, hay que borrar su nombre de toda calle, plaza o lugar donde se les mencione, deben permanecer en lo mas oscuro de la historia como lo que son, unos asesinos que no tienen perdón.
A 100 años de Santa María no se nos puede olvidar lo sucedido, no podemos hacer como que ya pasó, que está muy lejos. Como ayer, así actuarán siempre los dueños del capital cuando ven amenazados sus privilegios. Como si no bastara Iquique, ahí están las matanzas de la Federación Obrera de Magallanes, la oficina Marusia, Ranquil, José María Caro, El Salvador, Pampa Irigoin y tantas otras.
A todos los que han estado en la lucha contra la explotación desde entonces y aquellos que nos precederán, les decimos que no los olvidemos nunca.
Cuando ya pasó el tiempo de los actos recordatorios, debemos hacer nuestras las tareas pendientes. Fomentar y profundizar la educación sindical y la organización, masificar la desobediencia y construir un instrumento amplio y unitario, que nos integre a todos, para que luchemos por esa sociedad más justa y digna, que fue el sueño de los pampinos. Debemos, en resumidas cuentas, volver a las formas de organización y lucha que nos legaron nuestros hermanos. A trabajar entonces para sacar adelante las tareas pendientes.
Manuel Ahumada Lillo
Presidente CGT
