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Agosto 18, 2026

Carta a Patricia Verdugo

Sra.
PATRICIA VERDUGO
Jardín del Edén.
Querida Paty:
Te fuiste en esta mañana de verano, sumida en el sueño profundo de los justos, tras la labor cumplida. Un sueño vital que deja esta instancia para llegar a la otra con la frente alta y el corazón henchido.

Seguro que ¡por fin!, has encontrado a tu padre, desaparecido por la canallada en 1976.  ¡Qué abrazo le habrás dado! Me lo imagino a él corroborando las historias que te costó tanto investigar. Sin embargo, al final descubriste la verdad y la pusiste en blanco y negro con tal contundencia que aquellos zarpazos cobraron la fuerza que ayudó a cambiar la Historia de Chile.

Me he quedado con tu imagen de Madrid, cuando disfrutábamos de unas tapitas y unas cervezas en una terraza, dándole vueltas a nuestros pasados, a nuestras vivencias que cubríamos con sonrisas (para que no nos hicieran más daño)…y me aconsejaste sobre cómo escribirlas, cómo contarlas para que se supieran las verdades desnudas, en toda su magnitud, en toda su crudeza…Sin regodeos morbosos, sin manipulaciones interesadas. ¡Tremenda maestra tuve en esas charlas!…
Una vez te pregunté sobre el Premio Nacional de Periodismo del ’97. Y me contaste la ilusión que te hizo. Pero luego comenzaste a desviar la conversa hacia otros asuntos, porque tu modestia te azoraba.

Recuerdo tu carcajada cristalina cuando me dijiste que entre el ’69 y el ’73 estuviste como asistente de Relaciones Públicas en la Escuela Militar (¡Qué chilena esa risa con doble sentido!)… Y también tu gesto satisfecho y moderado cuando hablabas de “Ercilla”, “Hoy” o “Apsi”, las revistas donde volcaste tu talento profesional.

Luego mantuvimos una bella “amistad cibernética”, donde compartíamos inquietudes y donde me contabas de tus problemas de salud. Pero le bajabas el perfil, mi querida Paty, como queriendo no preocupar a tus amigos. Y, de repente, guardabas largos silencios que ahora comprendo.

Lo que más tengo presente en este momento es la idea central de tus palabras cuando agonizaba mi madre, en marzo del 2006, y me sentía un tanto desorientado: “Debes agradecer tantos años que has podido disfrutarla…”. Siendo consecuente, ahora pienso que debo agradecer también el haberte conocido, el haber disfrutado de tu conversación fluida e interminable, el haber compartido ideas, inquietudes y recuerdos contigo que, algún día, continuaremos por aquellos jardines. Por cierto, allí seguro que te has encontrado con  Julito Martínez, con Jorge Uribe Navarrete y con Alejandro Vicuña Leiva, aquellos grandes profesionales del periodismo que también se han ido en estos últimos días.  ¡Unas rosa entre tantos claveles de la profesión!…debe ser un cuadro hermoso, digno del mejor pincel remojado con las lágrimas que ahora brotan del dolor por vuestra partida.

No. No te olvidaré Paty…como muchos en esta tierra generosa, que hace del recuerdo una razón más de vida.
                                                                           Miguel Ángel “Monín” San Martín.

                                                                           Chillán, 14 de enero de 2008.