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Agosto 18, 2026

Un gabinete pauteado por Soledad Alvear

Hay frases presidenciales que pretenden ser ingeniosas y espontáneas, pero que terminan rebotando en quien las pronunció. Acordémonos del famoso robo del “jarrón chino” o “las Instituciones funcionan” o “el Transantiago mejorará la vida de los chilenos”, frases que pertenecen al famoso Ricardo I. Michelle Bachelet lo hace mucho mejor, es simpática, espontánea, cálida y divertida; en estos días lanzó dos chistes del tipo que reseñamos anteriormente.

El primero,  dijo a los ministros en capilla que, “no se pusieran nerviosos”, justo en presencia de Alejandro Ferreiro, quien, a las pocas horas, se vería defenestrado de su cargo; el segundo afirmó, muy taxativamente, que “los Diarios y los opinólogos no la iban a pautear” en el nombramiento del nuevo Gabinete.

En otro artículo, publicado en diarios electrónicos, caractericé el rol de los gabinetes en nuestro presidencialismo monárquico. En gobiernos de coalición son los partidos los que se reparten los cargos en el Gabinete, incluso, los candidatos debían contar con el pase de su tienda política. En general, el ministro del Interior debiera corresponder al partido del Presidente; claro que hubo excepciones a esta regla: en los gobiernos de Juan Antonio Ríos y de Salvador Allende hubo militares que presidieron el Gabinete. En los gobiernos demócrata cristianos, en general, los premier fueron camaradas del mismo partido, salvo el socialista Germán Correa, de corta duración en la cartera. Con Michelle Bachelet, los tres ministros del Interior han sido connotados militantes de la Democracia Cristiana; a los dos primeros les duró muy poco el goce del cargo, a pesar de su pedigrí previo.

Los ministros son elegidos por las directivas de los partidos, supuestamente en acuerdo con el Presidente, por consiguiente, en cierto sentido, los mandatarios son pauteados. Hubo casos en que el ministro del Interior no se entendía bien con el Presidente, de los cuales recuerdo, al menos, tres: Arturo Alessandri con Pedro Aguirre Cerda; Eduardo Frei Montalva con don Bernardo Leighton y Eduardo Frei Ruiz-Tagle con Germán Correa. Hay otros casos en que se han entendido perfectamente: el padre del actual ministro del Interior, Edmundo Pérez Zujovic. y Eduardo Frei Montalva, eran íntimos amigos. Pérez Zujovic era el gran consejero en el manejo de la vida material del Presidente, como Javier Lagarrigue era su consejero espiritual; Pérez Zujovic pertenecía al ala derecha del partido demócrata cristiano y era un exitoso empresario pesquero del Norte Grande; aplicó una política bastante represiva, durante el último período del presidente Frei, que culminó con la matanza de Puerto Montt, recordada hoy con una canción de Víctor Jara.

Actualmente, la política y los partidos son muy distintos: En la Concertación cohabita un grupo muy importante de tecnócratas, burócratas e, incluso, lobbistas. El poder reside también, en parte, en famosos institutos llamados académicos, como Libertad y Desarrollo y Fundación Futuro, en la derecha, y la Concertación, Expansiva, Chile 21 y el Proyecto América, entre otros. Estas instituciones tienen tanto poder como un partido político, y a veces más; se le atribuyeron tres o cuatro ex ministros al famoso Expansiva.

Los medios de comunicación constituyen otro poder fáctico: se permiten proponer gabinetes y dar y/o quitar popularidad a quienes corresponde, según el momento político. Por ejemplo, el ministro Pérez Yoma es muy amado por El Mercurio, La Tercera y otros medios de comunicación de la derecha, amén de los empresarios y de los militares; todas sus palabras y dichos son destacados y valorados.

Los partidos políticos, en la actualidad, son estructuras burocráticas y de castas, cuyos dirigentes pretenden ser vitalicios, haciendo resaltar su personalismo y, además se turnan en las directivas. Como en el feudalismo, podríamos asimilarlos a los ejércitos privados: cada uno tiene un tótem o un escudo con la imagen del señor o de la señora correspondiente; los demócrata cristianos portan la femenina imagen de Soledad Alvear; los socialistas, de Camilo Escalona y los PPD, de Sergio Bitar o de Guido Girardi; los radicales, de José Antonio Gómez. Los congresos y juntas nacionales sólo sirven para engañar a “los siervos de la gleba” – los militantes- en base a un tongo participativo. Baste recordar cómo fue burlado el acuerdo del congreso demócrata cristiano respecto al lucro en educación.

La Presidenta ha ido de más a menos respecto al famoso gobierno cálido y cercano a los ciudadanos, la paridad de género, la participación popular en la vida política del país y la renovación de los cargos con caras nuevas. Hoy, la mayoría de sus ministros son gerontes, duques, condes y marquesas de la Concertación; Sergio Bitar ha sido senador, ministro de Educación y, hoy, de Obras Públicas; José Antonio Viera-Gallo se ha desempeñado como diputado, senador y hoy, Secretario General de la Presidencia; Francisco Vidal, dos veces Secretario General de Gobierno y una del Interior; Edmundo Pérez Yoma, Defensa y ahora, Interior. Como diría Alberto Edwards, en su libro La fronda Aristocrática, los mismos personajes, de la misma casta, se reparten los puestos en un escenario de perfecto inmovilismo. Es la república veneciana.

Soledad Alvear es una mujer matea, surgida de un liceo de élite santiaguino; no tiene el carisma ni la simpatía de Michelle y le fue pésimo con su candidatura presidencial, según ella, por las zancadillas de los colorines, hoy fuera del partido; el candidato predilecto de Soledad, para el ministerio del Interior, era Edmundo Pérez Yoma quien, de freista se pasó a ser el alter ego de Alvear. Decir que la presidenta del Partido Demócrata Cristiano pauteó  a la bella reina Michelle no constituye ninguna injuria, pues es apenas evidente, con el antecedente que las dos forman un lírico dúo dinámico – al igual que Sonia y Myriam-.

Pérez Yoma es un derechista de tomo y lomo. Cuando fue ministro de Defensa de Frei Ruiz-Tagle mantuvo relaciones muy amistosos, casi de camaradería, con el general en jefe del Ejército, Augusto Pinochet. Según Ascanio Caballo, en su libro, La historia íntima de la transición, Edmundo y Augusto José Ramón se reían de los mismos chistes groseros, un poco subidos de tono, que tanto gustan a ciertos militares; Edmundo Pérez Yoma, como ministro de Defensa, compartía el rancho, en la Escuela Militar, con el general en jefe; incluso, retaba a Pinochet  cuando metía la pata y, como niño chico, el general pillín ponía cara compungida, diciendo que ya lo había regañado Lucía.

Es seguro de que Pérez Yoma será mucho más agresivo en la represión frente a las manifestaciones de indignados mapuches y también de trabajadores, que justamente reclaman por sus malos sueldos.

Todo hace prever que este gabinete, con Pérez Yoma a la cabeza, será mucho más derechista que el anterior; por lo demás, se viene un año 2008 con recesión mundial, inflación y bajo crecimiento que, normalmente, dificulta más la función de un gobierno, y hace más probable el uso de fuerzas represivas, heredadas del autoritarismo. Esperemos que la Presidenta siga manteniendo la cercanía a la gente, que la ha caracterizado hasta ahora.

En el fondo nos hallamos ante un escenario de un matrimonio entre la Concertación y la Alianza, el mismo Chile de “las dos derechas”. En estas circunstancias, a Joaquín Lavín no le resultó llevar al altar a Michelle, pues no logró el nombramiento de un ministro de ese conglomerado, idea un poco tonta, pues imitaría a Sarkozy que ahora sólo se dedica a tomar vacaciones con su bella prometida, ante la indignación de los engañados franceses.

Por cierto que tendremos circo sin pan, debido a costo, similar al caviar. Claro que seguirán las interpelaciones, que se están transformando en un verdadero payaseo, por ejemplo, a quién le puede importar que el ministro Vidal posea o no una maestría, que tenga un hermano UDI apitutado, si el asunto era indagar sobre responsabilidades políticas en los manejos de ChileDeportes. La interpelación tiene sentido en un régimen parlamentario donde, necesariamente, conlleva la censura del gabinete, que depende de las mayorías parlamentarias; esta institución, en el monarquismo presidencial, es clásica del famoso “Chile a medias”, puro circo, ni chicha ni limonada, ni caluga ni menta, quizás, al igual que en la farándula, dedicar su tiempo y energías a fisgonear en la vida de los demás para hacerse notar.

Rafael Luis Gumucio Rivas