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Agosto 18, 2026

¿Pololeo o matrimonio?

El abierto coqueteo de la derecha con Zaldívar y Flores debiera dar lugar a relaciones más formales, desde pactos por omisión o integración en sus listas, hasta un compromiso mayor: la reforma electoral. Curiosamente, los “descolgados” tienen por ahora como aliada no a la oposición, sino a la Presidenta Bachelet. El gobierno de ésta, en tanto, afrontará su primer  año electoral con un 2008 socialmente impaciente y políticamente fragmentado por los individualismos y no por las ideas.

Al iniciarse el primer año electoral del gobierno de Michelle Bachelet, el panorama pinta algo distinto en el telón, aunque detrás de él la tramoya permanece intocada. Se desplazan los actores, pero según las líneas dictadas por un guión binominal que no se modifica, pese al rechazo del cincuenta por ciento del público a las dos coaliciones predominantes.

Al tomar la decisión de no judicializar su expulsión de la DC, el senador Adolfo Zaldívar deberá, más que abocarse a la creación de un nuevo referente, a elaborar una estrategia para que la  criatura logre crecer de alguna manera en el adverso clima político del país. Desde luego, el ex presidente de la DC está en una posición óptima frente a la derecha y los independientes cargados a ella y al movimiento que encabezan Flores y Schaulsohn.  Esto supera las acusaciones de que el líder colorín se juntará finalmente con la Alianza por Chile, con escrúpulos o sin ellos: “La verdad nunca es triste, lo que no tiene es remedio” es el verso que podría aplicarse en una situación en la que no valen los pesares y las apariencias, sólo la necesidad de supervivencia.

Por un lado, estará el trabajo conjunto en el Congreso de las bancadas en formación. Por el otro, la concurrencia a las elecciones municipales de octubre. Lo primero influirá en lo segundo. Mientras mayor sea la articulación en el trabajo legislativo –para lo cual existen, más que coincidencias a priori, voluntades de confluencia-, mayores serán las posibilidades organizarse a nivel nacional. Pero como el senador Zaldívar es mesiánico, lo más probable es que no se sume al movimiento ChilePrimero, sino que constituya un referente social cristiano propio, que luego pacte electoralmente con aquél. El “efecto bisagra” de esta “coalición chica” será efectivo en el terreno legislativo, pero no está claro si ocurrirá lo mismo en el electoral. Ello depende de que el abierto coqueteo de la derecha con los descolgados de la Concertación se traduzca  en pactos declarados o por omisión o que llegue hasta una reforma del sistema electoral.

Como la Presidenta Bachelet se propone insistir en modificar el binominalismo, la ocasión es propicia para los senadores Flores y Zaldívar y debiera serlo también para los  independientes de derecha Bianchi y Cantero. Pero una cosa distinta es que la Alianza esté dispuesta a ir más allá de votar por el senador renunciado al PPD y por la diputada colorina Alejandra Sepúlveda para que ocupen las testeras de las Cámara Alta y Baja, respectivamente. Lo otro sería aplicar una estrategia de mediano plazo, que permita a la derecha penetrar en las fronteras con la Concertación, para acceder por fin a La Moneda con uno de los suyos. Los “adelantados” de la UDI, Lavín  y Longueira, están por esa vía. El piñerismo tendrá que evaluar los riesgos y beneficios de llegar a acuerdos con quien reaccionara virulentamente –cuando era presidente de la DC durante la última elección presidencial- a los intentos de erosionar el mundo “humanista cristiano”.

Los tiempos electorales son urgentes y así lo evaluó Zaldívar cuando decidió no ocupar sus energías en los tortuosos caminos legales que le proponían sus asesores jurídicos. Lograr en instancia judicial la anulación de la medida del Tribunal Supremo de la DC no solucionaba el problema político de su inconvivencia al interior del partido. Ya la operación de filtrar el borrador de la sentencia -fueran quienes fuesen sus autores- reveló que las cuchilladas seguirían, con los puñales siempre bajo las mantas, ocasionando incluso costos personales. La ansiedad de Soledad Alvear por operarse del colorín era tan fuerte que se somatizó con espasmos esofágicos cuando la jugada que hizo renunciar a Carlos Figueroa a la presidencia del tribunal amenazó con desbaratar o dilatar el proceso disciplinario.

Se trató todo de una lucha entre facciones, las del Gute y la de Adolfo, carboneros de dos formidables maquinarias que se instalaron en el que fuera el partido de ideas de Frei, Tomic y Leighton. Como  la batalla la ganó, en esta etapa, el sector que -en consonancia con las encuestas ciudadanas- alienta la candidatura de Alvear, el adolfismo deberá proseguir la guerra contra ella desde fuera.
    
En pos de ese objetivo, todas las opciones están abiertas, incluyendo una eventual postulación presidencial del expulsado senador, aunque sus posibilidades sean siempre bajas. La jefa demócrata cristiana  tendrá que enfrentar ahora las poco disimuladas aspiraciones del senador Frei y el riesgo de una nueva baja en las municipales. El declive electoral es un fenómeno que no se detuvo bajo la presidencia de Zaldívar y con él fuera puede viciosamente acentuarse. ¿Estará en condiciones el partido de reclamar el mejor derecho a llevar el abanderado de la Concertación frente a los liderazgos equivalentes de Lagos e Insulza?

Por lo pronto, Bachelet tiene que gobernar y, de acuerdo a lo ocurrido en el año que terminó, la Presidenta enfrentará en 2008 un escenario socialmente impaciente y políticamente muy fragmentado por los individualismos y no realmente por las ideas.