Desde los tiempos ya algo lejanos en que J.M. Keynes salvó la economía planetaria y tuvo los cojones para afirmar que las Bolsas de valores eran un casino irracional, se sigue planteando la cuestión de saber quién diablos mangonea el desmadre económico que nos presentan como el paraíso en la tierra.
Cuestión no exenta de interés visto que hay países que aun tienen ministerios de la industria, del comercio, de agricultura, de transportes, de economía e incluso de finanzas o de hacienda, ¡no te jode!, uno se pregunta de qué sirven como no sea para reducir el desempleo de los candidatos a ministro visto que las competencias que caen bajo la axila de dichos gabinetes han ido desapareciendo como los locos (los moluscos, no los chorizos) gracias a los esfuerzos conjugados del Consenso de Washington, del FMI y de los lobotomizados que les sirven de correa de transmisión en la copia feliz del edén.
Cuando el mercado sustituye lo que quedaba de soberanía popular, hasta el Parlamento sale sobrando o bien se le apuntala con cuáticas de lobbyings dedicados a pensar y a decidir por el prójimo, tú ponte las chinelas y descansa, el caballero aquí te va a dar la ley bien escritita, tú firma abajo y sonríe, en una de esas te están filmando.
De ahí que la prensa especializada comente que el año de gracia de 2007 fue perturbado no sólo por la crisis de los créditos hipotecarios en los EEUU sino también por la importancia creciente que asumen los piratas -en fin, los fondos de inversión-, en la conducción de la puñeta productiva y financiera.
Estos fondos -apodados “activistas”-, son fondos especulativos (hedge funds) que no creen ni en su madre a la hora de exigir resultados como a ellos les gustan, vacía tus bolsillos y levanta las manos, ¿O hace falta que te digan que esto es un asalto?
La novedad del año es que estos corsarios encontraron un nuevo juguete con el cual generar más inestabilidad, si cabe, en la economía globalizada.
Se trata de comprar una pequeña porción de las acciones de empresas cotizadas en Bolsa, a menudo menos del 10%, para luego ejercer el delicado oficio de chantajista obligándolas a modificar su estrategia. ¿Objetivo? Hacer subir rápidamente el valor bursátil de la empresa para vender la participación adquirida con un modesto beneficio.
Que tales operaciones desestabilicen las empresas, destruyan los empleos de centenares de miles de asalariados y lo que es aún peor, pongan en peligro la confianza de los mercados les importa un cuesco, como si te la picara un pollo o te la cascases ante una foto de la Paris Hilton.
Para imponer sus puntos de vista no dudan un segundo en provocar públicamente la dirección de la empresa víctima de sus operaciones, incluso a través de declaraciones en la prensa.
Recientemente, Jana Partners y DE Shaw Group, dos fondos piratas del tipo que te cuento, entraron en el capital de Philips para “discutir con la dirección”. Nunca te importe que solo comprasen el 1,6% del gigante holandés, uno es pechuga o no es pechuga o, dicho en la lengua de Shakespeare, “you are pechuga, or you are not pechuga”.
Por su parte los fondos piratas Cevian (Suecia) y Algebris (UK) están intentando generar despelotes en las compañías aseguradoras Munich RE (Alemania) y Generali (Italia) respectivamente. En mayo último, The Children’s Investment Fund (TCI para los amigos), forzó al banco holandés ABN al desmantelamiento. Y así.
Aun cuando el fenómeno no es nuevo, el “activismo” crece y algunos analistas afirman que la crisis financiera iniciada a mediados de año no es ajena a ese fenómeno.
A tal punto, que otros fondos menos carniceros empiezan a imitarles porque los montajes financieros de tipo LBO (compra de empresas recurriendo al crédito) eran lucrativos mientras las tasas de interés eran bajas. El costo del crédito era mínimo y el rendimiento de las operaciones así, de este porte. Pero la crisis paralizó el mercado del crédito e hizo subir las tasas de interés.
Resultado, esos fondos se redefinen y optan por estrategias que convergen con las de los fondos activistas. Si no te queda claro, te la hago corta: cada día hay más piratas. ¿Capici?
Como las autoridades reguladoras de los mercados financieros (sí, sí, ¡eso existe!) son impotentes ante las maniobras de los piratas, van siguiendo el sabio proverbio que reza: “if you can’t beat them, join them”, que en parlancia tuya y mía quiere decir: “hagámonos los huevones, y démosles la razón”.
Michel Prada, presidente de la Autoridad de los Mercados Financieros de París, lo prueba cuando dice: “El regulador estimula al accionista a jugar son rol. Eso hace parte de la democracia accionaria”.
De modo que ya sabes, aquí la democracia que vale es la democracia de los pudientes, y a la cuestión de saber quién coños maneja la manija, la respuesta es clara: los piratas.
Y donde manda capitán
Cuando el mercado sustituye lo que quedaba de soberanía popular, hasta el Parlamento sale sobrando o bien se le apuntala con cuáticas de lobbyings dedicados a pensar y a decidir por el prójimo, tú ponte las chinelas y descansa, el caballero aquí te va a dar la ley bien escritita, tú firma abajo y sonríe, en una de esas te están filmando.
De ahí que la prensa especializada comente que el año de gracia de 2007 fue perturbado no sólo por la crisis de los créditos hipotecarios en los EEUU sino también por la importancia creciente que asumen los piratas -en fin, los fondos de inversión-, en la conducción de la puñeta productiva y financiera.
Estos fondos -apodados “activistas”-, son fondos especulativos (hedge funds) que no creen ni en su madre a la hora de exigir resultados como a ellos les gustan, vacía tus bolsillos y levanta las manos, ¿O hace falta que te digan que esto es un asalto?
La novedad del año es que estos corsarios encontraron un nuevo juguete con el cual generar más inestabilidad, si cabe, en la economía globalizada.
Se trata de comprar una pequeña porción de las acciones de empresas cotizadas en Bolsa, a menudo menos del 10%, para luego ejercer el delicado oficio de chantajista obligándolas a modificar su estrategia. ¿Objetivo? Hacer subir rápidamente el valor bursátil de la empresa para vender la participación adquirida con un modesto beneficio.
Que tales operaciones desestabilicen las empresas, destruyan los empleos de centenares de miles de asalariados y lo que es aún peor, pongan en peligro la confianza de los mercados les importa un cuesco, como si te la picara un pollo o te la cascases ante una foto de la Paris Hilton.
Para imponer sus puntos de vista no dudan un segundo en provocar públicamente la dirección de la empresa víctima de sus operaciones, incluso a través de declaraciones en la prensa.
Recientemente, Jana Partners y DE Shaw Group, dos fondos piratas del tipo que te cuento, entraron en el capital de Philips para “discutir con la dirección”. Nunca te importe que solo comprasen el 1,6% del gigante holandés, uno es pechuga o no es pechuga o, dicho en la lengua de Shakespeare, “you are pechuga, or you are not pechuga”.
Por su parte los fondos piratas Cevian (Suecia) y Algebris (UK) están intentando generar despelotes en las compañías aseguradoras Munich RE (Alemania) y Generali (Italia) respectivamente. En mayo último, The Children’s Investment Fund (TCI para los amigos), forzó al banco holandés ABN al desmantelamiento. Y así.
Aun cuando el fenómeno no es nuevo, el “activismo” crece y algunos analistas afirman que la crisis financiera iniciada a mediados de año no es ajena a ese fenómeno.
A tal punto, que otros fondos menos carniceros empiezan a imitarles porque los montajes financieros de tipo LBO (compra de empresas recurriendo al crédito) eran lucrativos mientras las tasas de interés eran bajas. El costo del crédito era mínimo y el rendimiento de las operaciones así, de este porte. Pero la crisis paralizó el mercado del crédito e hizo subir las tasas de interés.
Resultado, esos fondos se redefinen y optan por estrategias que convergen con las de los fondos activistas. Si no te queda claro, te la hago corta: cada día hay más piratas. ¿Capici?
Como las autoridades reguladoras de los mercados financieros (sí, sí, ¡eso existe!) son impotentes ante las maniobras de los piratas, van siguiendo el sabio proverbio que reza: “if you can’t beat them, join them”, que en parlancia tuya y mía quiere decir: “hagámonos los huevones, y démosles la razón”.
Michel Prada, presidente de la Autoridad de los Mercados Financieros de París, lo prueba cuando dice: “El regulador estimula al accionista a jugar son rol. Eso hace parte de la democracia accionaria”.
De modo que ya sabes, aquí la democracia que vale es la democracia de los pudientes, y a la cuestión de saber quién coños maneja la manija, la respuesta es clara: los piratas.
Y donde manda capitán
