La convivencia al interior de la colectividad se ha hecho muy difícil, porque las cuchilladas no sólo van y vienen, sino porque los puñales permanecen debajo de la manta y pueden enarbolarse imprevistamente. También están las conductas menos solapadas, que no por ser abiertas o anunciadas dejan de añadir más tensión al ambiente. Entre éstas, se encuentran la falta de independencia de la mayoría del Tribunal Supremo frente a la directiva, no sólo por identidad de pareceres e intereses, sino también por el descarado lobby ejercido sobre sus miembros, empezando por el propio Carlos Figueroa. Este sintió la ira de los justos cuando se filtró su borrador de sentencia, pero luego debió atender las presiones del alvearismo para no dejar inconcluso con su dimisión el proceso ya iniciado. La directiva temió lo peor: que se desviara la atención del asunto principal y que el tribunal se abocase al caso de su presidente, el que podía tener además un efecto cascada, arrastrando a otros miembros del organismo.
La filtración del documento alimentó aún más el anunciado propósito de los colorines de impugnar la validez del Tribunal, ahora no sólo por vicios de constitución legal, también por vicios en sus procedimientos. La decisión de Zaldívar de acudir a todas las instancias que le granjea la ley rodeó de inéditos colgajos leguleyos un asunto netamente partidario, como es la lucha de sectas al interior de la DC. Lo que se ha confirmado ahora es que las facciones y sus respectivas maquinarias han erosionado al que fuera el principal partido del país, de la anterior y la nueva República. Desde que hace casi 20 años se adulteraran los padrones de la militancia -en el episodio conocido como Carmengate-, el partido de ideas de Frei, Tomic y Leighton se fue convirtiendo paulatinamente en el lugar de desencuentro de las camarillas del Gute y Adolfo, carboneros de dos formidables maquinarias, de las que tratan de zafarse dirigentes como Frei y Ravinet –como ayer Alejandro Foxley y Gabriel Valdés-, para tratar de imponer sus propias opciones. Estos han ido quedando en el camino, al igual que los chascones, tratando de mediar en las guerras internas o de asimilarse a una u otra corriente. Son todas divisiones y restas, que no suman al partido a las opciones políticas que pintan en el panorama electoral de aquí a 2010.
(Comentario transmitido por radio Universidad de Chile, 102.5 FM).
