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Agosto 18, 2026

Emotiva obra de Marco Antonio de la Parra llega a la V Región

 En la sede del DUOC de Viña del Mar, el viernes 28 de diciembre, y en la de Valparaíso, el sábado 29, continúa la gira de la obra La Cruzada de los Niños, escrita por Marco Antonio de la Parra y dirigida por Macarena Baeza. Esta es la tercera etapa de la itinerancia, financiada por el Fondart, que partió en Temuco en el mes de septiembre. El viaje de La Cruzada de los Niños, aplaudido montaje del Teatro U.C  pretende no sólo descentralizar la actividad artística sino también colaborar a la toma de conciencia de la población sobre la estremecedora realidad que viven muchos niños en situación de riesgo o marginalidad social.

La pieza cuenta historias de niños, de niños que han sufrido abandono, maltrato y dolor, en distintas épocas de la historia de Chile. La niña que vendía flores, el niño obrero que se hizo rudo en una fábrica de cristales, el recién nacido abandonado a su suerte, el pequeño malherido por vivir en la calle. Los textos, del destacado dramaturgo y psiquiatra Marco Antonio de la Parra (La secreta obscenidad de cada día, Ofelia o la madre muerta, Lucrecia y Judith, El Continente Negro), son resultado del trabajo de un laboratorio de la Escuela de Teatro UC realizado durante el segundo semestre de 2005.   Como espacio de investigación, durante seis meses se probó el método de observación como forma de construcción de los personajes, por lo que los jóvenes actores recorrieron los lugares de marginalidad social como las caletas de los puentes Bulnes y Loreto.

Pero eso no es todo. El montaje también recoge la cruzada medieval de Marcel Schwob, en la cual un grupo de niños parte desde Europa a Jerusalén a rescatar la Tierra Santa, y también aparece la investigación de Jorge Rojas sobre los niños cristaleros en Chile durante los años 20 y su precaria condición laboral. A todo esto se suma una serie de información, nacional e internacional, sobre la desprotegida situación de tantos niños en el mundo expuestos a maltrato, trabajo e incluso explotación sexual y laboral.

Manuela Martelli, Daniel Gallo, José Manuel Aguirre y Germán Pinilla son los jóvenes actores responsables de convertirse en la infancia doliente. Claro que para esta gira Ignacia Agüero reemplaza a Martelli, quien sin embargo está trabajando con la compañía en la preparación de la itinerancia.

Macarena Baeza, la directora, logra un montaje lúdico que a través de la música y hasta del baile consigue desapegarse de la cruel realidad que retrata. “Representamos la realidad buscando su opuesto: frente al dolor superpusimos la alegría; frente al llanto, el canto; frente a la muerte, la vida. Y en esa relación dialéctica aparece con mucha más nitidez cada uno de los extremos: el dolor se potencia si tiene a su lado el contraste”, explica.  A esa opción se suman la música en vivo y la escenografía, donde intervienen los artitas plásticos Pablo Domínguez, José León, Ramón López y Georgia Wilson, crean un entorno atractivo y estético.

Hay que decir que la obra es la segunda etapa a un proyecto ideado por la artística plástica Georgia Wilson, que partió el 2000 junto a Bororo. Juntos realizaron una exposición donde se ilustraban los derechos infantiles aprobados en la Convención sobre Los Derechos de los Niños.

Para la directora de la pieza, Macarena Baeza, haber ganado el Fondart para realizar la itinerancia es fundamental para cumplir con el espíritu con que se concibió la pieza. “La gira nos permite cumplir con el objetivo de difundir el proyecto y la preocupación por la desprotección a la que están expuestos muchos niños chilenos. El público de las provincias es particularmente interesante para el proyecto, pues muchas de las iniciativas públicas y privadas para hacer consciente temas como la violencia intrafamiliar y el maltrato infantil se centran en la Región Metropolitana y la realidad es que esos temas son problemas mucho más serios y necesarios de abordar con urgencia a todo lo largo de Chile”, señala.

La actriz cuenta que “el proceso de trabajo fue durísimo desde el punto de vista emocional. La investigación teórica nos llevó a conocer una realidad terrible con mucho detalle, y estar en la calle con los niños que vivían en los puentes Bulnes y Loreto fue una experiencia muy fuerte. Pasado el shock inicial, nos movilizamos con energía porque todo lo que pudimos saber gracias a la obra y la investigación quisimos que lo conociera más gente. Somos un país un poco desmemoriado y también muy bueno para tapar nuestros problemas y no enfrentarlos cara a cara”.