Los paraguayos nos tienen acostumbrados a que nos ganen en nuestra propia casa, ni la condición de local nos libra de la ya clásica humillación. Viendo el partido por la tele y considerando que era necesario evadirse del detalle del marcador, puse la atención en aspectos secundarios -y no por ello menos significativos-, de lo que tenía frente a mi vista. Con ojos escudriñadores, observaba los rostros y medidas antropométricas de los futbolistas y sintetizaba algunas conclusiones que a continuación expongo.
i) Empatamos en el componente indígena, predominando el elemento mapuche en nuestra selección y el guaraní en los paraguayos. Uno que otro blanco o rubio completaba el típico cuadro deportivo de las dos selecciones sudamericanas.
ii) Los deportistas paraguayos sienten orgullo cuando los llaman guaraníes. Los chilenos en cambio se ofenden. Nosotros supimos que Salas era mapuche porque los argentinos lo adoraban y lo llamaban por sus 2 apellidos: Marcelo Salas Melinao. Supimos de la furia del chino Ríos cuando en Italia, por hacerle un elogio, un periodista se fijó en sus rasgos indígenas ( a pesar de sus ojos azules).
iii) En Paraguay es obligatoria la enseñanza del guaraní. En Chile ni pensar en el mapudungún, sería motivo de burlas o de una negativa generalizada.
iv) El marcador era inapelable:
ii) Los deportistas paraguayos sienten orgullo cuando los llaman guaraníes. Los chilenos en cambio se ofenden. Nosotros supimos que Salas era mapuche porque los argentinos lo adoraban y lo llamaban por sus 2 apellidos: Marcelo Salas Melinao. Supimos de la furia del chino Ríos cuando en Italia, por hacerle un elogio, un periodista se fijó en sus rasgos indígenas ( a pesar de sus ojos azules).
iii) En Paraguay es obligatoria la enseñanza del guaraní. En Chile ni pensar en el mapudungún, sería motivo de burlas o de una negativa generalizada.
iv) El marcador era inapelable:
Paraguay = 3, Chile = 0
