Si bien estas confluencias programáticas no son del todo claras con los colorines, los vacíos se llenan con otros afanes homologables: hacer ingobernable la Democracia Cristiana por la actual directiva, torpedeando así la aspiración presidencial de Soledad Alvear, con la probabilidad de que la mayoría de los militantes vuelva a mirar a Adolfo Zaldívar, para replantear el papel del partido en una coalición en la que está venido a menos. Esto coincide con la vieja tesis de Schaulsohn de la liberación de las dos ciudadelas en que se ha encastillado a los electores y la más moderna de Flores, ayer ministro de Allende y hoy guru del emprendimiento, de superación de la izquierda y la derecha, sin mencionar el posible espíritu de vendetta que puede anidar en lo más recóndito de quienes fueron expulsados o renunciaron al PPD. Y coincide, sobre todo, con el proyecto de desalojo de la Concertacion por parte de la Alianza.
El entendimiento parlamentario entre Flores y la derecha, que los llevó a redactar un documento suscrito también por Zaldívar, puede ser el preludio de un acuerdo para las testeras del Congreso. Por mucho que lo nieguen hoy los Larraines y al margen de que lo admitan ya Longueira y algún parlamentario de RN, la ocasión es tentadora y está al alcance de la mano. El desalojo de la Concertación puede comenzar dos años antes del cambio de mando en La Moneda, si en marzo se elige, en vez del socialista Ricardo Nunez, a Fernando Flores en la presidencia del Senado y se confirme a la adolfista Alejandra Sepúlveda a la cabeza de la Cámara de Diputados.
Terminaría por cumplirse así lo que Camilo Escalona voceó en todos los tonos, que la Concertación perdió la mayoría en ambas ramas del Legislativo, pero por causas que son achacables no sólo a los que se fueron, sino también a los que dejaron ir a algunos de aquellos.
La continuación y el final están abiertos. Lo único claro por ahora es que cristalizó una unión de fuerzas de quienes fueron siempre adversarios de la Concertación, de los que nunca creyeron en ella y de los que terminaron por desafectarse por discrepancias en la ideología y la práctica.
