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Agosto 18, 2026

¿Y lo bello y sus formas?

Sigue en ascuas la pregunta que interroga por lo bello ¿Qué es lo bello? La costumbre nos impulsa a responder con palabrotas cualesquiera, tales como “bello es lo que nos causa placer” (Kant), “belleza es todo lo creado por el Todopoderoso” (viejas románticas y catequistas) o bien “lo bello está en el ojo del observador” ¡Sin duda todo puede ser hermoso!

El relativismo intelectual –corriente antifilosófica que nos indica que debemos respetar toda visión, por vacía que ésta sea- no requiere de fundamentos lógicos, ni racionales, ni de fines últimos. Por el contrario admite (como así también lo hace cualquier industria capitalista) a cualquier ser humano lo suficientemente “maduro” con dos o tres ideas vagas respecto al ente del que se hable. Fin de la historia.

Toda esa “apertura mental” que nos obliga a contemplar con frialdad y objetividad la opinión de todos, nada útil hace sino idiotizar los discursos superiores y rebajarlos a la peor hechicería populachera. Y bien el filósofo o cualquier gentilhombre inmiscuido en las grandes ligas del pensamiento, debe debatirse entre la contemplación desde las alturas o reír de buena gana toda vez que se pronuncian las masas con su verborrea escatológica, y ¡por dios! Tratar de ser feliz. Generalmente debemos escoger la última alternativa, porque hoy en día nadie quiere estar “solo”.

Y llegamos a la pregunta que nos mantiene en vilo “qué es lo bello”. He dicho esta mañana “aquella fuente con sus luces nocturnas circenses, me parece una grosería, una cosa diabólica, despiadada y horripilante”. De inmediato se me increpó con el alegato populachero de siempre –ahora me explico las nauseas matutinas- : “No es horrible, quizá para ti, pero para mi no lo es”.

¡Cuánto me agradaría creer en esos pronósticos, en esas visiones diversas del mundo! Sin embargo, ni este universo se ha convertido en un vergel donde abunden las rosas de la sapiencia, ni mi pensamiento he de ponerlo en tela de juicio. Toda vez que nosotros, aquellos que venimos de la real realidad que sólo escinde blanco y negro, feo y hermoso, generoso y egoísta,  cada vez que nos pronunciamos, reaparece de entre el fango y la mala hierva todo aquel grupete de alcahuetas defensores de la bondad simplificada del vulgo. Ecce Hommo

Y lo bello nuevamente se vuelve hostil a la altura de miras. Nada más bello que lo natural, que el instinto, que la rosa “que florece en el poema”. Sin embargo el vulgo insiste en vomitar su mala conciencia sobre nosotros, amparándose en la opinión de todos y más aún ¡Se nos habla de una belleza interior! ¿Belleza interior? ¿Son los hombres y las mujeres bellos por dentro?

La belleza humana

El hombre es la bestia más horripilante que habita la tierra. Demasiado feo, física y moralmente, cada vez que me enfrento a él me parece contemplar a un chimpancé, al ejemplar más jocoso, a la mutación genética de éste. Con su idiotez inmanente –única certeza en la época de las computadoras- se me confunde con una aparición satánica y mi sorpresa no conoce límites tangibles toda vez que me doy cuenta que pareciera ser que yo también soy uno de ellos.

El capitalismo avanzado ha afeado al hombre. Lo que antes el buen pastor del rebaño llamaba alma, nosotros lo traducimos como plusvalía. Cada vez más raro y caricaturesco, no se sabe si hay que hablar con él o recurrir al mundo canino para que nos ayude en la interpretación. Su anhelo más íntimo, su pasión, su metafísica y su estética dependen casi de manera absoluta del capital, al punto de lograr felicidad extrema cuando la billetera permite nuevos lujos.

Esa humanidad infrahumana es la actual camada antifilosófica dueña del mundo. La antigua majestuosidad sonora cuyas principales notas apuntaron Bach, Mozart y Beethoven, hoy en día las dispone la gerencia de tal o cual compañía discográfica que llena nuestros oídos con cancioncitas populacheras de dos o tres minutos fáciles de tararear y comprender; el placer de rasgar el papel con una pluma y enviar una carta perfumada hoy se ha transformado en el “e-mail”; la grandiosidad de encontrar al ser amado con la ayuda de nuestros sentidos y el instinto en nuestro tiempo se llama internet y hasta el arte de registrar en nuestro diario los acontecimientos más importantes de la intimidad y de la vida, hoy se encuentran esparcidos por cualquier blog de esos que abundan en la red virtual. Ecce Hommo.

Y todo cuanto nos concierne se ha reducido de forma inexorable al capital. ¿Qué es entonces la belleza humana hoy en día? ¿Cuál es la apreciación estética del hombre? Sin duda nada más que repulsión, nada más que sueños baladí correspondientes a lo peor de nuestra melancolía posmoderna, a lo más bajo que puede llegar la inteligencia, o lo que es igual, a lo más alto que puede aspirar el pensamiento humano.

La belleza es una construcción filosófica, cuyos arquitectos ya han muerto para la humanidad. Si Göthe pudiese contemplar nuestra tragedia moriría dos veces y si Petrarca reencarnara como deseaban los grandes de la India, probablemente refunfuñaría por tener que redactar poesía en cualquier blog. ¡Vaya! ¿Qué pensamos ahora cuando hablamos de la belleza humana?

Anna Frank escribió alguna vez “No pienso en todo el dolor, sino en la belleza que aún queda”. Yo digo: contemplemos el mundo ahora, detengamos el tiempo en el espacio por unos momentos y reflexionemos “no podemos pensar en la belleza sino en el dolor, que al fin de cuentas es lo único que existe”.

anibal.venegas@gmail.com