Las centrales acusan al Gobierno de François Fillon de “orquestar el conflicto” y “dramatizar la situación” para “dar un ejemplo”. El primer ministro responde inflexible: “Cuando se han hecho los deberes no hay que tener miedo”. Fillon y el secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), Bernard Thibault, compartían ayer las páginas de Le Journal du Dimanche para arengar a sus tropas.
El líder sindical acusaba al Gobierno de intentar dividir a los sindicatos. El primer ministro, por su parte, decía: “Los sindicatos saben que el statu quo ya no es posible”, al tiempo que apuntaba a la impopularidad de las reivindicaciones de un colectivo privilegiado.
Las encuestas señalan que un 68 por ciento de los franceses son contrarios a la huelga y una mayoría está de acuerdo en que estos trabajadores coticen lo mismo que el resto de la población para acceder a su pensión de jubilación. El Gobierno pretende alinear a los beneficiarios de los regímenes especiales con los de la función pública -ya mejores que los del sector privado- de modo que pasen a cotizar 40 años en lugar de los 37,5 que ahora les da derecho a la pensión completa.
El argumento sindical consiste en decir que esta reforma es sólo la puerta por la que entrarán una serie de medidas mucho más radicales que afectarán a todos los trabajadores. En realidad, la batalla de este otoño es la primera batalla política del mandato de Sarkozy. El espacio dejado vacío por la oposición socialista ha sido tomado por los sindicatos, que intentan articular la acción política contra el Gobierno.
En evidente coordinación con los sindicatos, los sectores más radicales del movimiento estudiantil han conseguido extender la protesta a las universidades. El pasado viernes, hasta 13 centros votaron en asamblea el bloqueo de las actividades. Durante el fin de semana, la Coordinadora Nacional Estudiantil, reunida a puerta cerrada en Rennes, aprobó sumarse desde mañana a la huelga e hizo un llamamiento a los estudiantes para que bloqueen las estaciones de trenes desde por la mañana.
Su manifiesto, después de los acuerdos de julio, tiene ciertamente un aire insurreccional.
