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Agosto 18, 2026

La seductora y complicada Bruselas (2/3)

La francización de Brussel

En tiempos del imperio español, Brussel era sin duda una ciudad donde se hablaba neerlandés –más bien el dialecto neerlandés de brabante–, lengua materna del emperador Carlos V. Cuando Bruselas se transforma en la capital de Bélgica en 1830, el neerlandés sigue siendo el idioma más hablado, pues sólo un tercio de sus 100.000 habitantes se expresan en francés. Pero es el tercio vinculado al poder. El francés –y sólo el francés– es hablado en la administración, la corte, la banca, el clero y entre los grandes industriales. Por efecto de imitación, en poco tiempo el idioma de Voltaire se transforma en la lengua de la mayoría los bruselenses, aunque, el francés popular de la ciudad, el brusselaire es una inextricable mescla entre francés y flamenco.

Desde entonces Bruselas aparece como una isla francófona en Flandres: según los resultados electorales de las últimas décadas, casi un 90% de los bruselenses votan por listas francófonas. Los contornos de la capital se delimitan en 1962. Las 19 municipalidades de Bruselas son dotadas de una administración bilingüe: sus alcaldes y concejales pueden expresarse en uno de los dos idiomas y cada ciudadano tiene derecho a hacer sus trámites en francés o neerlandés. Las escuelas son francesas o flamencas, pero la enseñanza del otro idioma es obligatoria.

Pero Bruselas crece, al igual que otras grandes ciudades, y la expansión de la capital implica la del francés en las localidades flamencas adyacentes. Ya en 1962, el trazado de fronteras lingüísticas identificó seis municipalidades periféricas, situadas sobre el territorio flamenco, donde una amplia mayoría se expresa en francés. La población de estas seis “comunas” dispone de “facilidades” lingüísticas: los alcaldes y concejales tienen la obligación de hablar neerlandés en las actividades oficiales, pero los ciudadanos que lo pidan pueden hacer sus trámites en francés.

La “mancha de aceite”

La francización de la periferia de Bruselas es percibida en Flandres como una inaceptable olievlek (mancha de aceite), que amenaza su cultura y su territorio. Las municipalidades flamencas lindantes con Bruselas buscan contener el francés con métodos expeditivos, a excepción de las seis municipalidades con “facilidades”. En las ventanillas municipales se anuncia en varios idiomas: “Si Ud. no puede expresarse en neerlandés, tenga la bondad de hacerse acompañar por un intérprete”. Los funcionarios municipales tienen instrucciones perentorias de no pronunciar una sola palabra en francés. Hay cierta tolerancia con el italiano, inglés o español, que no son percibidos como una amenaza, pero no se hace ninguna concesión al francés.

Por su parte, el gobierno de la Comunidad Flamenca asigna recursos importantes a la defensa de su idioma en la capital. Existen programas de ayuda a las parejas de jóvenes flamencos que proyectan instalarse en Bruselas y se ayuda a las asociaciones de inmigrados siempre que se utilice el flamenco en sus actividades, aunque sea un poco…

Una atractiva capital

Bruselas es ansiada por unos y otros, a tal punto que es sin duda la única ciudad del mundo que acoge cinco parlamentos. Es la sede del Parlamento europeo y de la Cámara y el Senado belga. Lo es también del parlamento de la Comunidad Francesa y del de la Región de Bruselas-capital. Y la Comunidad Flamenca decidió instalar su parlamento en Bruselas, símbolo del apego flamenco a la histórica ciudad. Bruselas es además la sede la OTAN, de muchas empresas multinacionales y de las instituciones de la Unión Europea.

La capital es también el lugar de trabajo de unos 400.000 flamencos y 200.000 valones, que cada día fluyen de las estaciones de ferrocarril o de los cada vez más numerosos atascos en las autovías. Entre los bruselenses se cuentan numerosos extranjeros, que van de los afortunados funcionarios internacionales a los pobres indocumentados. Bruselas se asemeja a una Babel donde se escucha resonar un número impresionante de lenguas diferentes.

Para los francófonos resulta importante mantener los vínculos entre Bruxelles y Valonia. Y en Flandres sería un verdadero trauma proclamar alguna forma de independencia abandonando la emblemática Brussel. Sus ventajas son benéficas para todos.

Puntos de vista opuestos

Para los flamencos quien se instala en una municipalidad flamenca se instala en Flandres, y en Flandres se habla neerlandés. La mínima cortesía implica aprender el idioma del lugar donde se vive. Ven con recelo como una parte de los francófonos que viven en la periferia flamenca de Bruselas miran con desdén el idioma de la región. La situación se complica porque se trata de comunas ricas, habitadas por bruselenses en buena situación y por buena parte de los miles de funcionarios internacionales que viven en la Capital. Estos suelen comunicar entre ellos en inglés y con la población local en francés, un idioma aún importante en la Unión Europea, pero muestran poco interés por el neerlandés.

Para muchos flamencos, las “facilidades” a los francófonos son una medida provisoria para facilitar la integración. Para los valones, en cambio, las facilidades forman parte del conjunto de acuerdos lingüísticas de 1962, inscritas en la Constitución. Su revisión implicaría la de todos los acuerdos.

“BHV”, un código belga

El punto álgido de las tensiones franco-neerlandófonas es un problema administrativo-lingüístico, resumido en la sigla “BHV”. En Bélgica, cada una de las nueve provincias corresponde a una circunscripción electoral; con una excepción: Bruselas-Hal-Vilvorde.

La región de Bruselas, bilingüe, tiene como vecinos a los cantones flamencos unilingües de Hal, al este, y de Vilvorde, al norte, donde está el aeropuerto nacional. Las 19 municipalidades de Bruselas, más las 35 de Hal y Vilvorde, forman una circunscripción electoral y un distrito jurídico que comprende Bruselas y se extiende sobre el territorio flamenco. Esta entidad híbrida da la posibilidad a los 150.000 francófonos que viven en Hal y Vilvorde de acceder a la justicia en francés y de votar por los candidatos francófonos bruselenses en las elecciones legislativas y europeas.

Los partidos flamencos ven en esta excepción una grieta que permite la extensión del francés en la periferia de Bruselas y reivindican la separación: Bruselas sería una circunscripción, mientras que Hal y Vilvorde se integrarían a la circunscripción flamenca de Leuven (Lovaina). Es este caso, los francófonos de Hal y Vilvorde sólo podrían votar por candidatos flamencos, aunque tendrían la posibilidad de presentar listas francófonas en Flandres.

Si la escisión de “BHV” es una exigencia mayor de los partidos flamencos, esta resulta inaceptable para los francófonos que no pueden “abandonar” los suyos instalados en los alrededores de Bruselas. Y “BHV” es sin duda el principal escollo para formar un gobierno.

¿Las soluciones? El matutino Le Soir visualiza tres escenarios de compensación a los francófonos tras satisfacer la separación de BHV:

1-      Integración a la región de Bruselas de las seis comunas periféricas con “facilidades” lingüísticas; de monolingües con facilidades éstas se transformarían en bilingües. Y los electores de Hal o Vilvorde podrían inscribirse en Bruselas.
2-      Todos los electores belgas podrían votar en la circunscripción electoral de su preferencia.
3-      Creación de una circunscripción nacional, donde una parte de los parlamentarios sean electos en todo el país, por electores francófonos y flamencos.

En alguna de estas tres soluciones, o en una sabia mescla entre ellas, se encuentra tal vez la clave que permitiría alcanzar un acuerdo entre valones y flamencos.

Próximo artículo: ¿Continuará existiendo Bélgica?

Imagen: Bruselas rodeada por las seis municipalidades flamencas con “facilidades” lingüísticas a los francófonos, y por los cantones flamencos de Hal y Vilvorde.