Parece que fuera ayer cuando concurrimos a la asamblea efectuada el Domingo 27 de Octubre de 1957 en el Zanjón de la Aguada , reunión que tenía lugar en un pequeño claro, próximo al sector arrasado por el devastador incendio ocurrido el día anterior.
El ambiente se estremecía con el grito coreado por centenares de voces iracundas:
“ La Feria y Lo Valledor…
Para el Zanjón.”
“ La Feria y Lo Valledor…
Para el Zanjón.”
El ambiente se estremecía con el grito coreado por centenares de voces iracundas:
“ La Feria y Lo Valledor…
Para el Zanjón.”
“ La Feria y Lo Valledor…
Para el Zanjón.”
Los restos humeantes de los 200 hogares totalmente consumidos por las llamas mostraban una imagen desoladora. Aun emanaba de los escombros un penetrante olor a quemado, que se añadía a los hedores traídos por las aguas pestilentes del propio Zanjón.
Quince días antes otro incendio había dado cuenta de medio centenar de viviendas en un sector próximo a la calle Carmen, y los dirigentes de la población nos conminaron a tener listo el plano de loteo, indispensable para efectuar la toma de terrenos en forma organizada, tal como se había planificado.
Sabíamos que la CORVI ya había adquirido las chacras La Feria y Lo Valledor, apetecidas por los sin-casa ya que sus terrenos permanecían incultivados hacía años. La CORVI había efectuado un levantamiento topográfico de los mismos, y un compañero funcionario de esa institución, sustrajo una copia de dicho levantamiento, con lo cual pudimos iniciar los primeros bocetos del proyecto. Pero el incendio del 26 de Octubre precipitó los acontecimientos, y al término de la asamblea posterior al siniestro, los dirigentes de la población nos llamaron aparte, para comunicarnos que la toma iba dos días después, información que debíamos guardar con la máxima reserva. Era indispensable -por lo tanto- tener el plano listo, a fin de permitir el asentamiento ordenado de todas las familias.
La verdad es que el plano se hizo en terreno. Ingresamos a la toma junto con los demás compañeros, y allí permanecimos cobijados bajo un modesto toldo durante el mes que se mantuvo el cerco tendido por la policía.
Fuimos ajustando el proyecto a las demandas que crecían cada día. Partimos suponiendo una cabida de unos dos mil sitios, pero cada noche se sumaba un nuevo comité al que no podíamos negarle sus derechos.
Tuvimos que sacrificar las aspiraciones de un área verde generosa, prevista en el corazón del conjunto. Pero para los pobladores, lo mas duro de admitir fue la reducción del tamaño unitario de los sitios, concebidos originalmente de 10 x 20 metros . Pasaron a ser de 9 x 18, y terminaron en 8 x 16, a fin de acomodar el total de 3.200 familias que dieron vida a la que pasó a llamarse LA VICTORIA , así con mayúsculas, justamente por la enorme, por la gigantesca victoria que significaba haber conquistado el sagrado derecho a tener un suelo digno sobre el cual vivir, para tantos chilenos forzados hasta entonces, a habitar en condiciones infrahumanas.
Entre altos yuyos y vinchucas, comenzamos a trazar los lotes, con la colaboración de un ejército de voluntarios alegres, que se disputaban el honor de transportar los dos taquímetros que nos habíamos sustraído de la Escuela de Arquitectura
El libro que hoy presentamos: LA VICTORIA, Rescatando su historia, es una magnífica y veraz crónica del medio siglo de vida de una población insigne en la historia urbana de Chile.
La Victoria marcó un hito en el proceso de invasiones urbanas que se había iniciado en Chile algunos años antes. Demostró que una organización eficiente era capaz de lograr la movilización de gran número de familias sin-casa en una noche y que, con una debida asistencia profesional, era posible instalarse en forma ordenada, conforme a trazados urbanísticos normales. Las tomas anteriores habían obedecido mas bien a acciones espontáneas, y si lograban vencer la represión policial, surgían mas tarde obstáculos insuperables para el mejoramiento de la población, a causa de la caótica distribución en el espacio.
El libro deja en claro que todas las conquistas logradas por La Victoria , han sido producto de su capacidad de organización y de lucha, procurando la unidad de acción en torno a cada una de las demandas. Gracias a ello fue posible urbanizar la población: juntando el dinero paso a paso, en múltiples iniciativas: bailes, cenas, rifas, chocolatadas, fondas y colectas.
Primero fueron los pilones de agua, mas tarde las soleras para demarcar las calzadas, en seguida las veredas, las matrices de agua potable que permitieron el acceso a cada predio de este vital elemento, los postes de luz que proporcionó el ingeniero Enrique Kirberg y los cables eléctricos que tendieron los propios pobladores; finalmente el alcantarillado y la pavimentación de calles y pasajes.
En igual forma, los propios pobladores construyeron su primera escuela: la orgullosa escuela redonda, levantada con los adobes que fabricó cada familia, así como el policlínico, y los arbolitos plantados en las calles.
Nada les fue regalado, todo fue producto de su capacidad de organización, y de la solidaridad de este grupo humano excepcional. Por añadidura, La Victoria fue cantera formadora de conciencias sociales. Desde allí se organizaron las futuras tomas exitosas de terreno: la Santa Adriana , la 22 de Julio, la Santa Olga.
Quizás, uno de los peores daños heredados de la dictadura es el deterioro de la conciencia social. Es un cuadro lamentable que, en las capas bajas, se manifiesta por ignorar sus derechos, los cuales se sustituyen por la “ayuda oficial”, o por la caridad. De esta manera se desincentiva la confianza en la unidad y la organización junto a propios pares, aislado en si mismo, mientras aguarda la solución a sus carencias.
Me irrita ver a menudo -en los medios de comunicación-, a jóvenes universitarios levantando las mediaguas, mientras sus beneficiarios miran de brazos cruzados. No dudo de los buenos propósitos de estos voluntarios de Un techo para Chile, por ejemplo, pero ese camino no hace sino adormecer las conciencias proletarias.
Bien dijo Claudina Núñez en una entrevista publicada en Revista Análisis: “La vivienda es un derecho y no una limosna”.
Pasaron los años y llegó el gobierno de Allende. La Victoria parecía florecer. Cito el siguiente párrafo del libro:
“ La Unidad Popular se preocupaba por el bienestar de la familia y los niños. Por ejemplo: se inició el beneficio de nacimiento y las vacaciones gratuitas por las familias. Se estableció el bono estudiantil. Cada hijo escolar recibía dos pares de zapatos en invierno y en verano. Además, la familia recibía un kilo de leche en polvo y dos kilos de arroz mensualmente por cada hijo escolar hasta séptimo año básico. Las escuelas fiscales entregaron cuadernos y uniformes completos, hasta los calcetines y ropa interior a cada niño. Los niños recibían un vaso de leche diario en las escuelas. La reforma educacional abrió las puertas universitarias a los hijos de la clase trabajadora, etc”
.Uno de los capítulos mas dramáticos del libro es el referido al golpe de estado y la feroz represión desencadenada con posterioridad. Se dan a conocer numerosos testimonios de los constantes allanamientos, los malos tratos y las torturas sufridas por numerosos pobladores, siendo particularmente impactantes las historias de dos compañeros detenidos en 1975: Mario Montecinos y Pilina Ibarra, la cual concluye su relato con la siguiente afirmación:
“Me siento orgullosa de lo que hice y de vivir en La Victoria , porque con lucha tuve mi casa.”
Como es de suponer, en cuanto comenzó a rearticularse el tejido social a partir de los años ochenta, La Victoria volvió a ser cabeza de las manifestaciones de protesta contra la dictadura. Los victorianos recordaron su capacidad de organización, formando comités de derechos humanos, de sin-casa, de cesantes, organizando ollas comunes, talleres de teatro, danza, pintura, dando vida a la modalidad de Comprando Juntos, y recuperando su estructura de base con representantes de las 97 cuadras del conjunto habitacional.
Las murallas de la población fueron tomadas, y volvieron a ser una forma de expresión de la juventud.
En cada protesta, La Victoria era una sola barricada, cuidadosamente organizada como lo describe Gloria Rodríguez:
“dos días antes de que se armara la protesta, nosotros poníamos en un plano de la población donde iban a estar ubicadas las zanjas, cual era la calle que no iba a tener zanjas, para que por ahí saliera el vehículo con los heridos, donde iban a estar las barricadas, la olla común por un lado…armábamos todo, todo lo que íbamos a hacer en ese plano.”
Así también fue la represión que cobró numerosas víctimas. El asesinato del padre André Jarlan, ocurrido el 4 de Septiembre de 1984, está dramáticamente consignado en este libro, con numerosas evidencias, en especial la del valiente párroco Pierre Dubois, que fue capaz de enfrentar solo en la calle a las tanquetas policiales.
El libro incluye el significativo párrafo de la Biblia que leía el padre Jarlan en el momento de su muerte, y describe el imponente funeral con la caravana de miles de pobladores que marcharon a pie desde la zona sur de Santiago hasta la Catedral.
Claudina Núñez, la infatigable y digna dirigente de la población desde entonces hasta hoy día, fue detenida en Agosto de 1985, y relegada por tres meses a Melinka. Cuando regresó a su población, la entrevistó la revista Análisis, y creo conveniente reproducir algunos párrafos de ella, porque muestran el humanismo que caracteriza a estos luchadores sociales. Dice Claudina:
“He aprendido a vivir con miedo, no me paraliza. Sé que detrás de mi están mi madre y mis hermanas. Ella cuidará de mis dos hijas con amor y con los mismos valores que yo les entrego”.
“No he acumulado odio sino impotencia al no poder hacer mas cosas para atajar tanta hambre y muerte…Tengo ira acumulada. No alimento adecuadamente a mis hijas, me asusta la desnutrición, y temo que sean luego incapacitadas. En el corto tiempo habrá en Chile muchas personas deficientes y yo aspiro a que mis hijas sean inteligentes, que tengan acceso a todo. Si no las alimento yo misma les estoy cortando la vida. Por eso hay que buscar una solución hoy día, mañana puede ser tarde para salvarlas”.
Mas adelante añade:
“Claro que sueño. Sueño con poder estudiar. Sueño con tener mi casa propia y arreglarla con las cosas que me gustan. Sueño con que mis hijas tengan espacio para leer, dibujar, pintar. Quiero cocinar humitas, porotos, ajiaco, me gustan las verduras”
“Por eso lucho hoy día…. Mientras siga la dictadura seguiré luchando por ser libre, por lo que estimo justo, pero también lucharé cada día por vivir”.
Después de 17 años de dictadura, Chile comenzó a reconstruir su democracia en 1990. Estos años tampoco han sido fáciles para los pobladores, afectados por un modelo económico que mantiene altos índices de desocupación, un nivel de salarios vergonzoso, y la proliferación del narcotráfico y la drogadicción, lacras que degradan la condición humana.
También en este aspecto, La Victoria ha luchado como nadie, impidiendo que el narcotráfico se haga dueño de su territorio, como ocurre -por desgracia- con otras poblaciones. Se han incrementado los centros de madre, de salud y de cultura, las organizaciones femeninas, grupos de teatro, talleres de arte, y brigadas muralistas, aumentan las multicanchas y se cuenta con un espléndido gimnasio en el moderno establecimiento educacional que sustituyó a la legendaria escuela redonda. En fin, se trata de una vasta red de servicios y de organizaciones de base, destinadas a estimular las nobles tradiciones de solidaridad y esfuerzo mutuo, como armas eficaces para combatir el narcotráfico.
Existe la señal 3 de televisión que cubre toda la población, y la Radio 1º de Mayo que trasmite las 24 horas del día, todo el año, con alcances mas allá de la propia comuna. También hay un preuniversitario, dependiente de la Junta de Vecinos, cuyo cuerpo de profesores está integrado por jóvenes universitarios de la misma población.
El libro concluye con los mensajes de esperanza formulados por estos intransigentes pobladores que confían en su futuro.
Dice Victoria Plaza:
“Tenemos bastantes problemas, uno de ellos es la drogadicción y el alcoholismo… pero es rico este poder, como nuevamente juntarnos con las organizaciones, poder participar. Estoy segura que nosotros de alguna manera podremos sacar la droga de nuestra población a través de la organización. La única forma de poder tener esta esperanza de La Victoria Nueva.”
Por su parte, una mujer miembro de la comunidad cristiana afirma:
“ La Victoria es nuestra, y salgamos afuera a la calle a pelear por nuestra victoria, porque así como fuimos capaces de pelear contra Pinochet, los milicos, los pacos que nos venían a quebrar los vidrios, allanar, toda esa cosa, fuimos, capaces de salir adelante. Nosotros podemos salir, ser capaces y salir en contra de la droga. Porque esos monstruos que se ven tan grandes, no son tan grandes. Cuando uno les abre los ojitos se achican así”.
El sábado recién pasado participamos en un acto de masas inolvidable. En la histórica esquina de las calles 1º de Mayo y Unidad Popular, los pobladores de La Victoria alzaron un escenario imponente alrededor del cual se congregaron miles de asistentes para celebrar como se merecían su nuevo aniversario, mientras un bosque de guirnaldas de papel tejían un cielo de alegre colorido por las calles aledañas con nombres tan ilustres como Ranquil, La Coruña , o Carlos Marx.
Fue un evento de esos que renuevan la fe en los ideales, con numerosos compañeros cuidando cada detalle, con los veteranos sentados solemnes en las primeras filas, junto a Monseñor Alfonso Baeza, al cura Pierre Dubois, a cuadros históricos del movimiento de pobladores, a los dirigentes del PC y a la hija de Mario Palestro, mientras algunos nietos de los fundadores y uno que otro quiltro, correteaban jugueteando en medio de la muchedumbre. Actuaron artistas de renombre como los Inti, y otros aficionados de la población. Se dio lectura a una breve reseña de la historia, y se honró con distinciones a todos los sobrevivientes de la toma original.
Un gran lienzo desplegado como fondo del escenario, exhibía una consigna precisa, y llena de esperanzas:
“Nuestra lucha es cambiar esta realidad, y no acomodarnos a ella”.
Honor en sus bodas de oro a la siempre joven La Victoria , y también a los autores de esta publicación.
Miguel Lawner
*Testimonio en la presentación del libro “ La Victoria , rescatando Su historia”
Quince días antes otro incendio había dado cuenta de medio centenar de viviendas en un sector próximo a la calle Carmen, y los dirigentes de la población nos conminaron a tener listo el plano de loteo, indispensable para efectuar la toma de terrenos en forma organizada, tal como se había planificado.
Sabíamos que la CORVI ya había adquirido las chacras La Feria y Lo Valledor, apetecidas por los sin-casa ya que sus terrenos permanecían incultivados hacía años. La CORVI había efectuado un levantamiento topográfico de los mismos, y un compañero funcionario de esa institución, sustrajo una copia de dicho levantamiento, con lo cual pudimos iniciar los primeros bocetos del proyecto. Pero el incendio del 26 de Octubre precipitó los acontecimientos, y al término de la asamblea posterior al siniestro, los dirigentes de la población nos llamaron aparte, para comunicarnos que la toma iba dos días después, información que debíamos guardar con la máxima reserva. Era indispensable -por lo tanto- tener el plano listo, a fin de permitir el asentamiento ordenado de todas las familias.
La verdad es que el plano se hizo en terreno. Ingresamos a la toma junto con los demás compañeros, y allí permanecimos cobijados bajo un modesto toldo durante el mes que se mantuvo el cerco tendido por la policía.
Fuimos ajustando el proyecto a las demandas que crecían cada día. Partimos suponiendo una cabida de unos dos mil sitios, pero cada noche se sumaba un nuevo comité al que no podíamos negarle sus derechos.
Tuvimos que sacrificar las aspiraciones de un área verde generosa, prevista en el corazón del conjunto. Pero para los pobladores, lo mas duro de admitir fue la reducción del tamaño unitario de los sitios, concebidos originalmente de 10 x 20 metros . Pasaron a ser de 9 x 18, y terminaron en 8 x 16, a fin de acomodar el total de 3.200 familias que dieron vida a la que pasó a llamarse LA VICTORIA , así con mayúsculas, justamente por la enorme, por la gigantesca victoria que significaba haber conquistado el sagrado derecho a tener un suelo digno sobre el cual vivir, para tantos chilenos forzados hasta entonces, a habitar en condiciones infrahumanas.
Entre altos yuyos y vinchucas, comenzamos a trazar los lotes, con la colaboración de un ejército de voluntarios alegres, que se disputaban el honor de transportar los dos taquímetros que nos habíamos sustraído de la Escuela de Arquitectura
El libro que hoy presentamos: LA VICTORIA, Rescatando su historia, es una magnífica y veraz crónica del medio siglo de vida de una población insigne en la historia urbana de Chile.
La Victoria marcó un hito en el proceso de invasiones urbanas que se había iniciado en Chile algunos años antes. Demostró que una organización eficiente era capaz de lograr la movilización de gran número de familias sin-casa en una noche y que, con una debida asistencia profesional, era posible instalarse en forma ordenada, conforme a trazados urbanísticos normales. Las tomas anteriores habían obedecido mas bien a acciones espontáneas, y si lograban vencer la represión policial, surgían mas tarde obstáculos insuperables para el mejoramiento de la población, a causa de la caótica distribución en el espacio.
El libro deja en claro que todas las conquistas logradas por La Victoria , han sido producto de su capacidad de organización y de lucha, procurando la unidad de acción en torno a cada una de las demandas. Gracias a ello fue posible urbanizar la población: juntando el dinero paso a paso, en múltiples iniciativas: bailes, cenas, rifas, chocolatadas, fondas y colectas.
Primero fueron los pilones de agua, mas tarde las soleras para demarcar las calzadas, en seguida las veredas, las matrices de agua potable que permitieron el acceso a cada predio de este vital elemento, los postes de luz que proporcionó el ingeniero Enrique Kirberg y los cables eléctricos que tendieron los propios pobladores; finalmente el alcantarillado y la pavimentación de calles y pasajes.
En igual forma, los propios pobladores construyeron su primera escuela: la orgullosa escuela redonda, levantada con los adobes que fabricó cada familia, así como el policlínico, y los arbolitos plantados en las calles.
Nada les fue regalado, todo fue producto de su capacidad de organización, y de la solidaridad de este grupo humano excepcional. Por añadidura, La Victoria fue cantera formadora de conciencias sociales. Desde allí se organizaron las futuras tomas exitosas de terreno: la Santa Adriana , la 22 de Julio, la Santa Olga.
Quizás, uno de los peores daños heredados de la dictadura es el deterioro de la conciencia social. Es un cuadro lamentable que, en las capas bajas, se manifiesta por ignorar sus derechos, los cuales se sustituyen por la “ayuda oficial”, o por la caridad. De esta manera se desincentiva la confianza en la unidad y la organización junto a propios pares, aislado en si mismo, mientras aguarda la solución a sus carencias.
Me irrita ver a menudo -en los medios de comunicación-, a jóvenes universitarios levantando las mediaguas, mientras sus beneficiarios miran de brazos cruzados. No dudo de los buenos propósitos de estos voluntarios de Un techo para Chile, por ejemplo, pero ese camino no hace sino adormecer las conciencias proletarias.
Bien dijo Claudina Núñez en una entrevista publicada en Revista Análisis: “La vivienda es un derecho y no una limosna”.
Pasaron los años y llegó el gobierno de Allende. La Victoria parecía florecer. Cito el siguiente párrafo del libro:
“ La Unidad Popular se preocupaba por el bienestar de la familia y los niños. Por ejemplo: se inició el beneficio de nacimiento y las vacaciones gratuitas por las familias. Se estableció el bono estudiantil. Cada hijo escolar recibía dos pares de zapatos en invierno y en verano. Además, la familia recibía un kilo de leche en polvo y dos kilos de arroz mensualmente por cada hijo escolar hasta séptimo año básico. Las escuelas fiscales entregaron cuadernos y uniformes completos, hasta los calcetines y ropa interior a cada niño. Los niños recibían un vaso de leche diario en las escuelas. La reforma educacional abrió las puertas universitarias a los hijos de la clase trabajadora, etc”
.Uno de los capítulos mas dramáticos del libro es el referido al golpe de estado y la feroz represión desencadenada con posterioridad. Se dan a conocer numerosos testimonios de los constantes allanamientos, los malos tratos y las torturas sufridas por numerosos pobladores, siendo particularmente impactantes las historias de dos compañeros detenidos en 1975: Mario Montecinos y Pilina Ibarra, la cual concluye su relato con la siguiente afirmación:
“Me siento orgullosa de lo que hice y de vivir en La Victoria , porque con lucha tuve mi casa.”
Como es de suponer, en cuanto comenzó a rearticularse el tejido social a partir de los años ochenta, La Victoria volvió a ser cabeza de las manifestaciones de protesta contra la dictadura. Los victorianos recordaron su capacidad de organización, formando comités de derechos humanos, de sin-casa, de cesantes, organizando ollas comunes, talleres de teatro, danza, pintura, dando vida a la modalidad de Comprando Juntos, y recuperando su estructura de base con representantes de las 97 cuadras del conjunto habitacional.
Las murallas de la población fueron tomadas, y volvieron a ser una forma de expresión de la juventud.
En cada protesta, La Victoria era una sola barricada, cuidadosamente organizada como lo describe Gloria Rodríguez:
“dos días antes de que se armara la protesta, nosotros poníamos en un plano de la población donde iban a estar ubicadas las zanjas, cual era la calle que no iba a tener zanjas, para que por ahí saliera el vehículo con los heridos, donde iban a estar las barricadas, la olla común por un lado…armábamos todo, todo lo que íbamos a hacer en ese plano.”
Así también fue la represión que cobró numerosas víctimas. El asesinato del padre André Jarlan, ocurrido el 4 de Septiembre de 1984, está dramáticamente consignado en este libro, con numerosas evidencias, en especial la del valiente párroco Pierre Dubois, que fue capaz de enfrentar solo en la calle a las tanquetas policiales.
El libro incluye el significativo párrafo de la Biblia que leía el padre Jarlan en el momento de su muerte, y describe el imponente funeral con la caravana de miles de pobladores que marcharon a pie desde la zona sur de Santiago hasta la Catedral.
Claudina Núñez, la infatigable y digna dirigente de la población desde entonces hasta hoy día, fue detenida en Agosto de 1985, y relegada por tres meses a Melinka. Cuando regresó a su población, la entrevistó la revista Análisis, y creo conveniente reproducir algunos párrafos de ella, porque muestran el humanismo que caracteriza a estos luchadores sociales. Dice Claudina:
“He aprendido a vivir con miedo, no me paraliza. Sé que detrás de mi están mi madre y mis hermanas. Ella cuidará de mis dos hijas con amor y con los mismos valores que yo les entrego”.
“No he acumulado odio sino impotencia al no poder hacer mas cosas para atajar tanta hambre y muerte…Tengo ira acumulada. No alimento adecuadamente a mis hijas, me asusta la desnutrición, y temo que sean luego incapacitadas. En el corto tiempo habrá en Chile muchas personas deficientes y yo aspiro a que mis hijas sean inteligentes, que tengan acceso a todo. Si no las alimento yo misma les estoy cortando la vida. Por eso hay que buscar una solución hoy día, mañana puede ser tarde para salvarlas”.
Mas adelante añade:
“Claro que sueño. Sueño con poder estudiar. Sueño con tener mi casa propia y arreglarla con las cosas que me gustan. Sueño con que mis hijas tengan espacio para leer, dibujar, pintar. Quiero cocinar humitas, porotos, ajiaco, me gustan las verduras”
“Por eso lucho hoy día…. Mientras siga la dictadura seguiré luchando por ser libre, por lo que estimo justo, pero también lucharé cada día por vivir”.
Después de 17 años de dictadura, Chile comenzó a reconstruir su democracia en 1990. Estos años tampoco han sido fáciles para los pobladores, afectados por un modelo económico que mantiene altos índices de desocupación, un nivel de salarios vergonzoso, y la proliferación del narcotráfico y la drogadicción, lacras que degradan la condición humana.
También en este aspecto, La Victoria ha luchado como nadie, impidiendo que el narcotráfico se haga dueño de su territorio, como ocurre -por desgracia- con otras poblaciones. Se han incrementado los centros de madre, de salud y de cultura, las organizaciones femeninas, grupos de teatro, talleres de arte, y brigadas muralistas, aumentan las multicanchas y se cuenta con un espléndido gimnasio en el moderno establecimiento educacional que sustituyó a la legendaria escuela redonda. En fin, se trata de una vasta red de servicios y de organizaciones de base, destinadas a estimular las nobles tradiciones de solidaridad y esfuerzo mutuo, como armas eficaces para combatir el narcotráfico.
Existe la señal 3 de televisión que cubre toda la población, y la Radio 1º de Mayo que trasmite las 24 horas del día, todo el año, con alcances mas allá de la propia comuna. También hay un preuniversitario, dependiente de la Junta de Vecinos, cuyo cuerpo de profesores está integrado por jóvenes universitarios de la misma población.
El libro concluye con los mensajes de esperanza formulados por estos intransigentes pobladores que confían en su futuro.
Dice Victoria Plaza:
“Tenemos bastantes problemas, uno de ellos es la drogadicción y el alcoholismo… pero es rico este poder, como nuevamente juntarnos con las organizaciones, poder participar. Estoy segura que nosotros de alguna manera podremos sacar la droga de nuestra población a través de la organización. La única forma de poder tener esta esperanza de La Victoria Nueva.”
Por su parte, una mujer miembro de la comunidad cristiana afirma:
“ La Victoria es nuestra, y salgamos afuera a la calle a pelear por nuestra victoria, porque así como fuimos capaces de pelear contra Pinochet, los milicos, los pacos que nos venían a quebrar los vidrios, allanar, toda esa cosa, fuimos, capaces de salir adelante. Nosotros podemos salir, ser capaces y salir en contra de la droga. Porque esos monstruos que se ven tan grandes, no son tan grandes. Cuando uno les abre los ojitos se achican así”.
El sábado recién pasado participamos en un acto de masas inolvidable. En la histórica esquina de las calles 1º de Mayo y Unidad Popular, los pobladores de La Victoria alzaron un escenario imponente alrededor del cual se congregaron miles de asistentes para celebrar como se merecían su nuevo aniversario, mientras un bosque de guirnaldas de papel tejían un cielo de alegre colorido por las calles aledañas con nombres tan ilustres como Ranquil, La Coruña , o Carlos Marx.
Fue un evento de esos que renuevan la fe en los ideales, con numerosos compañeros cuidando cada detalle, con los veteranos sentados solemnes en las primeras filas, junto a Monseñor Alfonso Baeza, al cura Pierre Dubois, a cuadros históricos del movimiento de pobladores, a los dirigentes del PC y a la hija de Mario Palestro, mientras algunos nietos de los fundadores y uno que otro quiltro, correteaban jugueteando en medio de la muchedumbre. Actuaron artistas de renombre como los Inti, y otros aficionados de la población. Se dio lectura a una breve reseña de la historia, y se honró con distinciones a todos los sobrevivientes de la toma original.
Un gran lienzo desplegado como fondo del escenario, exhibía una consigna precisa, y llena de esperanzas:
“Nuestra lucha es cambiar esta realidad, y no acomodarnos a ella”.
Honor en sus bodas de oro a la siempre joven La Victoria , y también a los autores de esta publicación.
Miguel Lawner
*Testimonio en la presentación del libro “ La Victoria , rescatando Su historia”
