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Agosto 18, 2026

La historia de la sentencia del atentado del 11 de marzo

Mientras una gran parte de España se congratula por la forma en la cual la justicia dicta sentencia , aunque discrepa con las penas, el partido popular, bajo una falsa apariencia de aceptar sus conclusiones, sigue erre que erre en sus trece. Es decir mantiene la tesis de participación de ETA, la conspiración y parece  no  acatar la resolución de los tribunales. Eso subyace en la declaración emitida por Rajoy tras la sentencia. Así,  menciona un inquietante “apoyamos cualquier otra investigación”.

Como si las realizadas por los tribunales, los peritos, los forenses,  no dejasen claro que  los autores materiales e intelectuales de los atentados del 11 de marzo han sido miembros de células vinculas al movimiento Al Qaeda. Aquí, se trata de  sembrar dudas razonables sobre la trasparencia e independencia de los jueces, y poner el acento en sus intenciones y un posible carácter político de la decisión cercana a las posiciones del PSOE. En esta dirección, nada más  dictarse la sentencia,  el ex-portavoz de presidencia de Aznar, Miguel Ángel Rodríguez  enfatiza sin rubor que tras el juicio  no queda claro la no implicancia de ETA.

Para agregar una pizca de sal, Melchor Miralles, director de programas especiales de El Mundo, subraya que aún no se desvela la trama  de los atentados destinada a desestabilizar al gobierno de Aznar, cuestión que facilitó el ascenso de PSOE al gobierno. De tal explicación, deduce la apertura del diálogo entre ETA y Zapatero, al tiempo que extrae el vínculo entre  ETA-Al Qaeda: formar parte  de un  engranaje terrorista internacional consistente en el intercambio de  armas, direcciones y acciones de muerte entre ellas ¿por qué no el 11 de marzo? ¿quien puede negarlo con certeza absoluta?. Relato verosímil para los militantes del Partido Popular que aún creen en las palabras de Aznar: “Hay que buscar dentro a los autores del atentado”. Esta versión sigue siendo implementada tras la sentencia. Y lo más preocupante, emitida por las ondas propiedad de la iglesia católica, la Cadena COPE. Tampoco se  rezagan  el periódico La Razón y  El Mundo. Mientras, Telemadrid emite un especial ahondando en la teoría de la conspiración para derrocar al gobierno de Aznar en la cual confluyen ETA, antisistémicos y el islamismo sea radical o no.

Pareciera ser un guión para contrarrestar los efectos  que pondría en claro la falta de pruebas sobre las cuales se asentó durante cuatro años la tesis del Partido Popular avalando la participación de  ETA en los atentados del 11 de marzo.  Su castillo de naipes se caería. También su manera de hacer oposición. Por consiguiente, una vez hecha pública la sentencia no habría posibilidad de justificar  su pusilanimidad política.  Pero en vez de enmendar, su plana mayor, comete el error de  mantenerse en sus trece. Semejante actitud  era de esperar. La canallada forma parte de una personalidad colectiva a la actual se suelen apuntar los  dirigentes del partido popular.  En esta dimensión cobran fuerza las palabras de Pilar Manjón, Presidenta de la principal asociación de Victimas del 11 de marzo  en su comparecencia  parlamentaria  al increpar a los miembros del partido popular por mofarse de los familiares y sobrevivientes cuando discrepaban de sus tesis. Implícitamente les llamó cobardes, al tiempo que evidenció la poco honra de  Acebes, Aznar, Rajoy, Zaplana o  Jaime Ignacio del Burgo, personajes dispuestos a urdir una trama de  infamia  para salvar a su partido y dejar sin esclarecer los motivos del 11 de marzo. En esos momentos y hoy, para meretrices de la política todo es válido con tal de encubrir la  actuación de un gobierno cuyos principios  llevaron a España a una guerra  ilegítima de la cual se derivan en una gran medida las razones de los atentados. Ante tal circunstancia, su vergüenza es sinónimo de irresponsabilidad. Una carrera de despropósitos  donde su falta de ética  toma  formas de chulería y desprecio hacia las víctimas cuya máxima ha sido no reconocer su mentira.

La sentencia es clara, el día de los atentados no estaría presente ETA, ni para bien ni para mal. Aunque Aznar lo sabía y el gobierno también. Incluso busco negociar con algunos de sus presos, prometiéndoles un traslado si  retrasaban hasta el 14 de marzo el comunicado en el cual negaban su participación en los mismos. Tampoco aparece, en los más de quinientos folios,  una trama orquestada por antisistémicos para sacar del gobierno  al Partido Popular a tres días de las elecciones. 

Planificado con anterioridad su lógica se enquista en la invasión a Irak y en esta dinámica hay una responsabilidad que cabe al gobierno de Aznar, a sus diputados y sus valedores. Millones de españoles se  manifestaron en contra de la guerra. Aznar hizo oídos sordos, prefirió la  foto de Las Azores inmortalizada con un reguero de muertes y sufrimientos en Irak.  Por eso, el Partido Popular no puede aceptar la sentencia. Sigue en la  mentira política y justificando lo injustificable. Armas de destrucción masiva, guerra humanitaria. Los populares deben salvar a su líder. Aznar en su  euforia actual de  consejero mundial y profesor no asume  las consecuencias de sus actos y con ello arrastra a quienes apoyaron con el sí espurio en las cortes la decisión de bombardear Irak y por ello deben seguir bombardeando todos los días y asesinando todos los días. El 11 de marzo sigue presente. No se escapa de la memoria colectiva, la sociedad española es parte torturada y presa de una política bastarda de un presidente irresponsable, irascible y  prepotente  miembro  del bunker, cuya  aura de caudillo predestinado, supuso en Madrid 192 muertos a su espalda y más de tres mil heridos. Su decisión de participar en una guerra acabó por entregar los restos de soberanía  a los Estados Unidos, acto que acompañó designando en Naciones Unidas a hombres y mujeres  corruptos. Ese fue el caso de Inocencio Arias, quien  manipuló  los informes para engañar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidad tras los atentados del 11 de marzo. Pero la sentencia pone en su lugar a unos y otros.

Sin embargo, el Partido Popular, aplica  el clásico español: se acata pero no se cumple. En su actitud  seguirá manteniendo que el 11 de marzo fue un atentado contra su partido  e imponer un golpe de mano que llevara al PSOE a la Moncloa. Para este viaje no hacían falta alforjas, menos aún la celebración de un juicio, ni leyes, ni jueces, ni fiscales, ni abogados, ni justicia, bastaba la desaparición de  los tribunales. Tal vez era lo pretendido por Rajoy y la derecha española, por suerte no gobernaban…