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Agosto 18, 2026

Sobre el Femicidio Político. Algunas reflexiones

La tesis del “femicidio político”  ha provocado fuertes controversias,  tanto en opositores a la presidenta Bachelet,  como dentro de las  propias filas de la Concertación,  quienes acusaron recibo del golpe mediático,  pues la idea es recogida de un medio de comunicación,   para nada  representativo,   del olfato político de los analistas del oficialismo,   quienes durante meses han buscado una salida a la crisis de credibilidad,  sin encontrarla.

Explico algunas cosas

La llegada de una mujer a la primera magistratura de la nación,  ostentando el peso cultural:  De ser  madre soltera,  hija de un general encarcelado por defender la institucionalidad,  ante el golpe de Estado en 1973;  reconocida como tenaz opositora de la dictadura y víctima directa de ella,  sufriendo detención y exilio  junto a su  madre,  hacen de Michelle Bachelet,  una rareza, dentro de la fauna política nacional,  tan acostumbrada al toque varonil. 

Dichos factores y otros de su propia personalidad, la hicieron una persona cercana y generadora de ciertas confianzas, dentro del electorado de izquierda, que finalmente, en la segunda vuelta,  inclinaron una vez más la balanza, hacia la candidata de la concertación.

Con su elección, se marca para muchos analistas un nuevo tiempo en el país,  caracterizado por esta apertura cultural,  en las mentes de los machos chilenos y de las propias mujeres,  que en la mayoría de los casos,   preferían liderazgos masculinos. 

Ciertamente, diversos medios de derecha, como El Mercurio y la Tercera,  pretendieron usar en su contra,  diversos aspectos de su vida íntima y de sus opciones políticas,  las que finalmente pasaron a un segundo plano,  pero que  en un tira y afloja, generaron las bases de los ataques más feroces que vendrían,  ya como presidenta.   

Si se suma a ello,  las expectativas de un gobierno, donde los ciudadanos tendrían más participación,  donde los espacios de diálogo político y social fueran más fructíferos,  ayudados por este  liderazgo de nuevo tipo,  capaz de “comer chicle y caminar  al mismo tiempo”  envuelto de nuevas sensibilidades y miradas,   los buenos augurios podían percibirse en el olfato,  como la tierra mojada. 

Dicha lectura sin embargo,  no se condice con una serie de factores culturales presentes antes y durante el gobierno de la propia mandataria,  los altos índices de violencia intrafamiliar y en especial contra la mujer,  era un elemento instalado desde hace mucho rato,  el uso y abuso sexista de los medios de comunicación,  la desigualdad salarial,  la falta de liderazgos femeninos en las organizaciones intermedias,  llámese sindicatos,  empresas,  partidos políticos, salvo excepciones,  hablan de una dirigencia estrictamente simbólica,  pero sin una base de equilibrio ciudadano activo,  capaz de respaldarla. 

La pregunta entonces es ¿Por qué luego de un gobierno exitoso como el de Ricardo Lagos, se escoge a Michelle Bachelet?  O ¿Debemos aceptar que la fuerza de las encuestas se impuso,  y que la voz ciudadana  fue escuchada?  

A mi parecer,  Bachelet,  era el rostro más amable que el modelo político y económico podía ostentar,  esto a sabiendas,  que las demandas sociales y políticas se incrementarían en éste periodo.    Necesitaban un semblante, un cuerpo  permeable,  capaz de administrar y desviar los conflictos. 

De ahí que la derecha al cuestionar su “capacidad de liderazgo”  lo que discute finalmente, es la estrategia seguida,   por quienes conviven,  en el negocio.   Desde mi perspectiva el peligro de las “dos almas” de la presidenta,   si existe,  se encuentra absolutamente anulado, en los pasillos del poder,   porque no hay un sustento social donde hoy pueda ampararse,  a pesar,  del incremento de las movilizaciones y de las criticas cada vez de mayor envergadura,  al modelo económico y político  imperante.  

El discurso de género como trinchera

El recurso cultural y simbólico, de la mujer maltratada y asesinada dejó,  sin una respuesta coherente al mundo político,  porque es un lenguaje y una estructura significativa, de la que se sienten distantes.  De ahí que las declaraciones que emanaron desde los diferentes sectores, tanto en la derecha como en el propia concertación, generaron en el correr de los días, más dudas que luces, sobre la denuncia puesta sobre la mesa. 

El propio ministro Viera-Gallo afirmó: “No estoy de acuerdo (con el femicidio político), porque la Presidenta está viva no está muerta. La Presidenta gobierna, tiene ideas, tiene ganas, tiene voluntad, tiene empeño, está contenta, está entusiasmada con el gobierno. Puede ser que hay mucho machismo en la política, no cabe duda, pero si se trató de femicidio fue femicidio frustrado”,  La Tercera 21/10/2007

El mismo día,  el diputado Monckeberg, ante la gravedad de la acusación, intenta una respuesta,  que lo único que hace es complicar aun más el asunto “El término femicidio no merece  ser utilizado como está siendo utilizado por la Presidenta y por el gobierno. El femicidio es de tal gravedad y de tal delicadeza que no creo que sea bueno acuñarlo como una frase para justificar la baja en las encuestas”,  21/10 La Tercera.

En el partido socialista,  las respuestas tampoco deslumbraron por su eficacia, aunque dejaron entrever, que era un tema, sino analizado en profundidad, a lo menos conversado,  en algún  sector de la concertación,  el ex-ministro de trabajo Ricardo Solari sostuvo “Nosotros no hemos hablado de femicidio, pero sí reconocemos que hay una resistencia en el hecho de que una mujer sea Presidenta y eso es algo que está en el ambiente y muchas veces atrás de críticas que se plantean como eventuales críticas a su liderazgo débil, pero que son en el fondo cuestionamientos a su rol de mujer” 22/10/2007 La Tercera.

Son las propias mujeres las que clarifican el naipe, colocando a su juicio el tema de fondo, e instalando desde la óptica del ejercicio del poder, el pathos y la otredad femenina, que sin embargo cae en una contradicción sutil,  pero muy importante cuando se refieren al poder, en sus palabras, una mujer puede tener poder, pero puede verse incapacitada de ejercerlo y ese sería el caso de la presidenta de Chile.

“Ahí está el femicidio político. Una mujer puede tener poder, pero no puede ejercerlo. El cuestionamiento al liderazgo y autoridad a la Presidenta de la clase política es una muestra de la resistencia del ejercicio del poder por parte de las mujeres”, dice la vicepresidenta de la Corporación Humanas, Carolina Carrera, que dio a conocer la encuesta Mujeres y Política 2007.La Nación 26/10/2007.

Desde mi perspectiva, la  hipótesis elaborada por la Corporación Humanas, establece una concepción del poder errado, supone que la tenencia de este, trae consigo una investidura metafísica, impropia del propio poder, porque a final de cuentas,  el poder no se tiene “se ejerce” por medio de los dispositivos que se tenga al alcance, entonces lo que las campañas de comunicación han hecho es minar la credibilidad, pero no la capacidad de accionar, de la propia mandataria.

El tejo pasado de Cabieses

Para el director de la revista Punto Final “El femicidio político tiene su asidero en la crisis de la institucionalidad neoliberal que está latente en Chile, como en casi toda América Latina”. (Punto Final Nº 645 10/08/2007) Yo no sé, si el femicidio, con esas características, sea propio de la sociedad neoliberal, en mi opinión, uno de los principales ajustes de la transición económica y política que se vivió en dictadura, fue el ingreso de la fuerza de trabajo femenina,  sostenida por diversas razones: como la necesidad de subsistir,  el deseo de los artífices del modelo de incrementar el ejército de cesantes, que justificaba los bajos salarios y el temor a cualquier tipo de organización.

El eslabón femenino, no es una traba para el modelo, de hecho Margaret Thatcher, la ex-presidenta Violeta de Chamorro en Nicaragua, son ejemplos contundentes,  que el tema no pasa por la opción de género, como tampoco esencialmente por la profundización de la democracia, en la medida que respete los ajustes económicos requeridos, desde el FMI. De ahí que ligar,  “la claustrofobia cultural y política chilensis”  con un cisma total del modelo, me parece más un acto voluntarioso que de realidad.

El acierto de Cabieses, es reconocer el eslabón cultural machista,  dentro de la práctica política chilena,  que insisto, no tiene asidero dentro de las concepciones más amplias del propio modelo neoliberal,  hablan más bien,  de las mentadas tradiciones, que siguen sobreviviendo, a pesar de las cartografías modernizantes que de modo majadero, se nos refriega en el rostro, a quienes ejercen el derecho de crítica.

La respuesta de los medios oficiales, en los últimos días ha sido la ironía, con el afán de trasladar el foco de atención y relajar las tensiones que el tema generó, dentro de sus propios aliados,  véase la columna de Joe Black, titulada “Ricardicidio, Joseantonicidio, Belisaricidio”  del domingo 28/10/2007 y la portada de el diario “Las Últimas Noticias” del mismo día 28 de octubre,  donde se recoge la opinión del baterista del grupo de rock “The Police” quien dice de la presidenta “estaría buena con cuatro cervezas”.  Es decir, ante la pérdida momentánea de iniciativa,  se transforma el tema en comedia, con un hábil juego discursivo, buscando sortear el tema, sin tener que dar explicaciones, ante la opinión pública.

Omar Cid,  Centro de Estudios Francisco de Bilbao