Este empresario recogió las mejores características de los distintos sistemas que conoció en EEUU y Europa y aprovechando que tenía en la comuna de Santiago (calle Agustinas, entre Amunátegui y San Martín) un sitio eriazo de escasos 325 m2 de superficie (13 m. de frente por 25 m. de fondo), en donde no se podía edificar nada por ser tan pequeño el terreno, se le ocurrió construir un estacionamiento de uso público, único en nuestro país, aprovechando la técnica que conoció en sus viajes, la cual, como se entenderá, era tecnología de punta.
Lo interesante de este proyecto, elaborado en base a pilares y vigas estructurales rellenadas de concreto en la industria correspondiente y armadas como mecano, apernadas y soldadas en el sitio en donde se edificó, es que en 3 cortos meses de faenas se terminó el edificio de 10 pisos para 100 estacionamientos. El edificio está compuesto de 2 estructuras separadas por 2 elevadores en el centro de ellas, los que transportan (suben y bajan) los vehículos. Dado que el frente del sitio es angosto y como los vehículos, por razones obvias, no pueden salir a la calle retrocediendo, fue necesario hacer en la entrada/salida del estacionamiento una plataforma cilíndrica de fierro de 6 m de diámetro en donde se ubican los vehículos que salen del elevador y al girar ese elemento rotatorio, tales vehículos están en condiciones de salir de punta para tomar sus lugares en las calles.
Esta excelente obra de arquitectura e ingeniería, desarrollada por chilenos y cuyos materiales son mayoritariamente nacionales, fue premiada en los inicios de la década del 2000 por la CORFO, atendida la ingeniosa innovación tecnológica que hemos relatado. En aquella época todas las calzadas de las calles céntricas de la comuna de Santiago sólo se utilizaban para el tránsito de vehículos motorizados, lo que significaba que estaba prohibido estacionarse en los costados de ellas. En el resto de las comunas de la región metropolitana en muchas calles y avenidas sí se permitía estacionar vehículos.
Ahora viene lo kafkaiano. Una vez terminada la obra del estacionamiento en calle Agustinas y transcurrido el período de 5 meses de marcha blanca, el municipio de Santiago no encontró nada mejor que permitir el parqueo de vehículos en todas las calles aledañas y cercanas (San Martín, Amunátegui, Huérfanos, Morandé y Teatinos) al estacionamiento recién inaugurado, es decir, se hizo todo lo contrario a lo otorgado a los concesionarios extranjeros que ocupan bienes públicos en sus estacionamientos.
Ante esa asimétrica situación, el empresario nacional, apoyado por nuestro colectivo, recurrió con todos los documentos probatorios a la Fiscalía Nacional Económica para que ésta impartiera a la autoridad municipal las instrucciones de rigor en aras del funcionamiento de la sana competencia en esa actividad comercial. Se buscaba que el mismo trato dado a los estacionamientos que disfrutaban de una zona de prohibición se otorgara al estacionamiento de la calle Agustinas.
Deseábamos que funcionara correctamente el sistema de mercado, con reglas parejas para todos los actores que se desenvuelven en el negocio de los estacionamientos de uso público. Pero esa Fiscalía Nacional, demostrando lenidad pública, optó por no ejercer sus atribuciones legales en pos del equilibrio y respondió que la Municipalidad de Santiago podía proceder como ella estimara conveniente en el ámbito de la asignación de condiciones para aquellos que se desenvuelven en la oferta de estacionamientos.
Es decir, el organismo público que debía velar para que la competencia entre los distintos agentes económicos fuera justa, se replegó y procedió como las avestruces. Así se favoreció a los grandes, perjudicándose a los chicos, lo cual ya es recurrente en Chile.
Patricio Herman P.
Fundación “Defendamos la Ciudad”
