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Agosto 18, 2026

El buen juicio

El juicio iniciado  al clan Pinochet ha provocado justificado júbilo en la parte sana de la sociedad. Aunque los delitos denunciados no constituyan  sorpresa para nadie, ya que todo el país conocía del atraco y estafa al fisco,  había perdido las esperanzas de que la justicia “dentro de lo posible” llegara  a esos niveles.

Porque los casi veinte años de un Chile sin dictadura  constituyen también un muy largo período de confrontación y de lucha. Por un lado están los chilenos de gobierno y de oposición, que han tratado  de cerrar la puerta a los derechos humanos y a la justicia (“todos somos responsables” “Reconciliación, olvido y perdón”) y por otro lado los que han mantenido la defensa de esos derechos universales.

Estos últimos compatriotas han soportado el aislamiento político y social  implacablemente operado, el desprecio profesional y la descalificación por utopistas ajenos a la realidad y hasta por insania. Tales calificativos se les han endilgado a la  Asoc. de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, a profesionales  como los jueces  Cerda y Guzmán , al abogado Eduardo Contreras, entre muchos  otros que  forman parte de la reserva moral de la nación, del Chile saqueado durante la dictadura y también durante la  “democracia”.

Pero el delito excede en mucho a las inevitables limitaciones legales del juicio, que busca  sancionar a los delincuentes económicos, cuando sería más importante que alcanzara,  política y socialmente, a los sostenedores de la moral pactada, quienes durante estos 19 años, de una u otra manera, dieron impunidad al dictador y a sus cómplices en el atraco y en el crimen.

Esta moral inmoral ha sido aceptada por unas mayorías espurias, que usan como herramientas el miedo, la inseguridad y una implacable dictadura comunicacional. Hasta ahora se habían impuesto muchas veces; la más notable de ellas fue cuando el gobierno chileno puso en práctica una política de estado para financiar y encabezar la defensa del dictador enjuiciado en Londres.  Y de paso atacaron la naciente  legislación internacional sobre crímenes contra los DDDHH.

De aceptarse hoy  tales políticas, el juez Cerda sería un irresponsable,  que desoyendo el buen juicio, está poniendo  en peligro la paz social, el éxito económico y la estabilidad nacional. Éstos han sido los argumentos constantes del consenso transversal, por lo cual el juez debería recibir también  una condena moral e intelectual por insana.  

El comprensible júbilo  que ha  provocado la acción judicial en contra del clan Pinochet no pude reducirse a la condena  del atraco,  porque ello serviría para encubrir nuevamente la ferocidad de la represión sufrida.

La complacencia pre-electoral exhibida hoy por moros y cristianos de las cúpulas en el poder, sólo sería aceptable si fuera seguida por un juicio moral y político  a los sustentadores de la impunidad –consensual-  con el latrocino y con el crimen.

 Rogelio de la Fuente
(
rogeliodelafuente@prodigy.net.mx)