google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Un maletín muy pesado

Podemos decir, responsablemente, que la iniciativa gubernamental del maletín literario es una de las ideas más marketeras del último tiempo. Acostumbrados ya a los saltimbanquis y a la alegría carnavalesca como se ha tendido a asociar a la cultura en Chile, el concepto de una “maletita” milagrosa y portadora de la biblioteca familiar indispensable es algo que sólo a un experto en marketing se le puede ocurrir como solución para resolver la deplorable situación de la lectura en Chile.

Es a todas luces una propuesta que salió en todo sentido desde “fuera de la caja”, es decir, no del mundo académico ni literario, sino que a partir de una cumbre de asesores que tuvo como tarea urgente la de evacuar una solución novedosa, de alto impacto social, que implicara muchos recursos para que no se dijera más que la literatura es la hermana pobre de la cultura y, sobre todo, que implicara la construcción de un producto icónicamente reconocible, fácil de clasificar, de nombrar y de comunicar. Por esto no se extrañe usted, cuando en breve tiempo más se encuentre con una campaña cuyo símbolo será “el maletín literario”,  del cual habrán slogans y frases de radio pegajosas y amigables instando a descubrir su maravilloso contenido. Sin mencionar por cierto, lo que desvela a la clase política chilena, la impactante foto mercurial con las 133 mil primeras familias recibiendo la preciada valija de manos de la Presidenta de la República.

Los once millones de dólares destinados para este enorme producto llamado “maletín literario” es una cifra que puso desde sus inicios nerviosos a los editores nacionales. Nerviosismo que aumentó en sus inicios debido a la poca claridad por parte del Ministerio de Educación pero que se apaciguó con el nombramiento de la Directora de Bibliotecas, Archivos y Museos, Nivia Palma como la mujer que debía cargar con el maletín. Una carga muy pesada para esta abogada cuyo sello vocacional ha sido la cultura y que ha demostrado seriedad y organización para darle el marco teórico indispensable al mentado  producto.

La voz de los expertos ha señalado, casi sin excepción, un enorme escepticismo con la iniciativa gubernamental y la pregunta recurrente ha sido ¿por qué no se destinó ese dinero, esa escalofriante suma equivalente a 5 mil 555 millones de pesos a construir bibliotecas públicas y escolares que tanta falta hacen? ¿Dónde sino en la escuela o en el centro comunitario pueden los libros permanecer y satisfacer las necesidades lectoras no sólo de hoy sino que también de las generaciones futuras?

Es tarde para responder estas preguntas cuando el pesado maletín ya ha iniciado el interesante proceso de su contenido y cuando más vale seguir remando para que sea una auspiciosa iniciativa -producto que, finalmente, persigue incrementar los pobres índices de lectura en Chile.

La lista de los libros que contendrán los primeros maletines ha apaciguado los ánimos ya que se aprecia en ella buen criterio. Lo que se abre ahora es el camino de la compra de estos libros que, como ya lo advirtió Nivia Palma se hará todo a través de Chilecompra, que implica transacciones impensadas para nuestros editores locales. Estamos hablando de entre 10 mil y 133 mil ejemplares, una friolera cuando la mayoría está habituado a centenas y a veces, a un par de miles, pero no mucho más que eso. Y como el producto es el “maletín literario” uno de los requisitos es que los libros quepan en él, un adminículo que aún no ha sido diseñado físicamente pero que debe tener a varios empresarios del rubro de la marroquinería sobándose desde ya las manos.