De telón de fondo, siempre pinturas de alguna galería, exhibiendo virtudes de jóvenes valores, lo que produce mágicamente, un ambiente de generosa refinación.
El malo, es el mandón del trío, su altura de gigante es talvez la razón que me obliga a retratarlo así. Su melenita un tanto afectada, como de niño prodigio, acaso guarda vestigios de un pasado rebelde. Rápidos manotazos de oso experimentado cortan el aire cuando se afana en jugar en el riachuelo de la lógica, cuando sentencia una frase que deja mudos a sus contrincantes. Un murmullo gutural resuena desde su garganta impaciente; con sus dedos y sus ojos, que se deslizan como la batuta de un director, logra que ahora su equipo, termine las frases correctamente aceptadas.
El bueno, tiene la fama de ser el hombre más creíble de Chile, es compuestito y bien peinado, sus opiniones se reproducen por miles en las gentes que gustan de charlar política. Pone el equilibrio en las palabras cuando alguno de los luchadores vuela por los aires, cuando la ironía ha devenido en sarcasmo, cuando un brazo es torcido hacia la espalda de alguno de esos gladiadores.
Últimamente, estos colosos se han bajado del ring, y las han emprendido contra el público que los observa con preocupación, ahora no hay tongo, están pegando con palos de verdad.
Primero le tocó al pueblo, ese que vive en los barrios pobres, allí donde se han instalado los carteles de la droga que dominan el micro-tráfico. El narcoterrorismo hace el numerito para el once y estos panelistas se pelean para dar soluciones, piden mano dura, balas, allanamientos; estigmatizando a la población periférica, metiendo en un mismo saco a todos sus humildes habitantes.
Los peces gordos de la droga no viven allí por lo demás, viven en los barrios altos, en parcelas de agrado, en lujosos departamentos, en balnearios elegantes – según nos ha tocado ver por la tele cuando los han detectado-. Pedir allanamientos masivos, con balaceras incluidas en estos casos, sería considerado de muy mal gusto.
Ahora le tocó a las mujeres. Villegas dice que a la jovencita del La Salle que hizo sexo oral con un compañero de curso la han expulsado por el bien de ella, él habla por el director que no da la cara y agrega que hay que “tratarla”. Al parecer los juegos sexuales a esa edad serían una enfermedad, yo tenía entendido que los juegos sexuales eran recomendados en tratamientos para lograr buen sexo.
Pienso que es más saludable el sexo oral en los jovencitos que la práctica del onanismo. Al presidente Clinton no le pasaron la cuenta por practicar sexo oral, se la pasaron por mentiroso. Del mismo modo, si fuera el caso dar el duro castigo de expulsar de un Colegio a un alumno, lo más sensato sería castigar la mariconada de los que planearon la subida a internet de ese acto íntimo.
Como sea, el caso es que el programa televisado de miscelánea política, está perdiendo el encanto de espectáculo que tenía. Cada vez se asemeja más a un jardín infantil, donde tres párvulos solitarios que no fueron retirados oportunamente por sus padres han descubierto la forma de no aburrirse y comienzan a jugar con caca.
