Si con el propósito de entender cabalmente el mundo en que vivimos nos despojáramos de la mayor parte de la subjetividad que arrastramos, si aplacáramos la invencible ironía que nos empuja nada más que para describir con claridad nuestro entorno sin intervenir el discurso de los personajes que el caprichoso destino ha puesto en esos roles determinantes del quehacer público, si nos entregáramos a la buena voluntad de simples espectadores de los fenómenos y nos limitáramos fidedignamente a grabar esos textos hablados, a fotografiar el paisaje donde transcurre el tiempo que nos ha tocado vivir solamente en esta última semana, si fluyeran pausadas las serenas palabras del ministro de Hacienda, si fuéramos capaces de escuchar la buena nueva para 13 años más, entonces, aún podríamos soñar.
Pertenecer al primer mundo no es cualquier cosa, ameritaba un título a 8 columnas, preveía un espontáneo debate entre las gentes de las oficinas o en los espacios en que a veces da el pequeño comercio de barrio para charlar. Escuchar las auténticas palabras del ministro Velasco no puede dejar indiferente a nadie, y nadie le ha exigido esas metas tan espectaculares, sin embargo él las dijo y hasta el momento nadie ha dicho nada.
Hemos asistido a una documentada perfomance televisiva en donde se muestra literalmente los carros de Ferrocarriles del Estado desparramados al lado de líneas férreas quebradas, desmontadas de sus durmientes. Máquinas inutilizadas para siempre. Una catástrofe que implica un duro golpe para la conectividad de nuestro curioso largo país. Las causas aparentes de esta tragedia serían un conjunto de malas decisiones tales como comprar chatarra por trenes, el clásico gato x liebre, sólo que esta vez era a sabiendas, en fin desfalcos varios, cosas turbias.
Todo lo anterior me ha llevado a fantasear un poco, conservando el mismo desolado escenario de destrucción, pero cambiando las causas que lo han generado. He puesto a una pequeña asociación ilícita, que persigue el sabotaje, un grupo paramilitar especializado en explosivos y mecánica de ferrocarriles, algo similar al grupo Patria & Libertad que en el pasado se dedicó a sembrar el terror volando gaseoductos, destruyendo camiones que no adhirieron al famoso paro de los camioneros, organizando las primeras barricadas de fuego que nacían en las entradas de los “barrios altos”. Me he volado con esas imágenes y con la reacción del Estado de Derecho, en cuya virtud moviliza a la policía con la ayuda del Ejército y la Aviación, persiguiendo por mar y tierra a esos terroristas, luego su captura y posterior enjuiciamiento. Los titulares de los diarios, en fin. Sin embargo nada de eso ha ocurrido en el escenario real, allí están las elocuentes imágenes esperando una investigación en el Parlamento mediático o en la Contraloría que todo lo disipa.
Una delegación del gobierno de Chile viaja a la sede de la ONU encabezada por su flamante presidenta en cuyo séquito ha incluido a las cabezas de los 2 partidos que conforman la Derecha chilena, una Derecha que desciende en línea directa del dictador, que se ha opuesto tenazmente a la generación democrática de los parlamentarios, que ha defendido los privilegios que le conceden los altos quórum de la espuria Constitución Política. ¡ Los ha llevado para hacer Lobby con el fin de conseguir un sillón en el Consejo de los DDHH de la ONU !. Allí están intactas las imágenes, parecen contradictorias, demenciales, sin embargo son percibidas como una forma natural de hacer política.
Hemos asistido a una documentada perfomance televisiva en donde se muestra literalmente los carros de Ferrocarriles del Estado desparramados al lado de líneas férreas quebradas, desmontadas de sus durmientes. Máquinas inutilizadas para siempre. Una catástrofe que implica un duro golpe para la conectividad de nuestro curioso largo país. Las causas aparentes de esta tragedia serían un conjunto de malas decisiones tales como comprar chatarra por trenes, el clásico gato x liebre, sólo que esta vez era a sabiendas, en fin desfalcos varios, cosas turbias.
Todo lo anterior me ha llevado a fantasear un poco, conservando el mismo desolado escenario de destrucción, pero cambiando las causas que lo han generado. He puesto a una pequeña asociación ilícita, que persigue el sabotaje, un grupo paramilitar especializado en explosivos y mecánica de ferrocarriles, algo similar al grupo Patria & Libertad que en el pasado se dedicó a sembrar el terror volando gaseoductos, destruyendo camiones que no adhirieron al famoso paro de los camioneros, organizando las primeras barricadas de fuego que nacían en las entradas de los “barrios altos”. Me he volado con esas imágenes y con la reacción del Estado de Derecho, en cuya virtud moviliza a la policía con la ayuda del Ejército y la Aviación, persiguiendo por mar y tierra a esos terroristas, luego su captura y posterior enjuiciamiento. Los titulares de los diarios, en fin. Sin embargo nada de eso ha ocurrido en el escenario real, allí están las elocuentes imágenes esperando una investigación en el Parlamento mediático o en la Contraloría que todo lo disipa.
Una delegación del gobierno de Chile viaja a la sede de la ONU encabezada por su flamante presidenta en cuyo séquito ha incluido a las cabezas de los 2 partidos que conforman la Derecha chilena, una Derecha que desciende en línea directa del dictador, que se ha opuesto tenazmente a la generación democrática de los parlamentarios, que ha defendido los privilegios que le conceden los altos quórum de la espuria Constitución Política. ¡ Los ha llevado para hacer Lobby con el fin de conseguir un sillón en el Consejo de los DDHH de la ONU !. Allí están intactas las imágenes, parecen contradictorias, demenciales, sin embargo son percibidas como una forma natural de hacer política.
La última imagen que pesqué medio dormido en el noticiario del cierre: un empresario de la agroindustria haciendo un exhorto a las autoridades para que faciliten la llegada de mano de obra del extranjero, se trata que existe poca oferta de trabajo, los trabajadores no están dispuestos a trabajar por tan poco, de modo que buscan otros trabajos. Dicho de otro manera, los empleadores no están dispuestos a pagar más y del mismo modo, buscan la ayuda del Estado para encontrar quién trabaje por lo que están dispuestos a pagar. La dejo ahí, pura y simple, no para la interpretación o análisis, sino que para la contemplación.
