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Agosto 18, 2026

Sacando la castaña con la mano del gato

El gobierno propone y la derecha dispone, he ahí la fórmula que garantiza acuerdos políticos imposibles. El arte de proponer es la clave para avanzar en el entendimiento con la derecha, aunque a decir verdad, los conflictos con la derecha no han sido los más determinantes. Los que efectivamente han dado que hacer, son las fuerzas sociales que paradójicamente hasta el día de hoy, han dado su apoyo electoral a los hombres que han tenido en sus manos el poder político en los últimos 17 años.

Las agrupaciones de familiares de las víctimas del terror, que aún llevan colgadas las fotos en blanco y negro de sus deudos con la quemante pregunta dirigida a la sociedad, ¿dónde están?, han conseguido tiempo atrás que el Estado de Chile, su agresor, mediante un programa de DDHH, ponga a su disposición gratuitamente a competentes abogados para que los representen y actúen en juicios donde se cometieron delitos de lesa humanidad. De esta situación, se desprende que en la práctica, ha sido posible llevar a los criminales a juicios y en muchos casos han sido encarcelados. Esto, que duda cabe, es un permanente conflicto para el gobierno.
 
Por estos días La Mathei, destemplada voz del sentimiento primitivo de la derecha, nuevamente se escapa a los sesudos Larraínes y lanza al aire ideas cargados de bilis. Nos dice que “sencillamente lo que no pueden haber son más beneficios económicos. Yo creo que ahí ha habido un incentivo muy fuerte para tratar de mantener todas las heridas lo más abiertas posible, porque hay grupos, de abogados, de personas, de dirigentes, que en el fondo se dedican a eso”. La espina clavada en el corazón de la sociedad molesta al sector que es naturalmente heredero de ese pasado abyecto y lo primero que se les ocurre, es cortar la capacidad económica de los ofendidos con el fin de reducir sus demandas de justicia.
 
Es evidente que el Programa de DDHH con los abogados del ministerio del interior, son la columna vertebral de los hechos políticos que de vez en cuando sacuden al país, su eficiente labor en los tribunales ha permitido avanzar significativamente en materias de verdad y justicia, lo que por cierto conmueve a la sociedad y es muy sano que así sea por lo demás.
 
 Lo que desconcierta a muchos, es que sean los operadores políticos de la Moneda, los que faciliten el camino para eliminar el Programa de DDHH. Con el pretexto de crear el Instituto de DDHH, se manda un proyecto de ley, no sin antes proponérselo a la oposición, para que ésta disponga lo que va a ser finalmente ley de la República. La Derecha, ni corta ni perezosa, objeta lo que le parece improcedente, es decir, la facultad de operar judicialmente en casos de DDHH.
 
 El senador Chadwick aclara que “se trata de una ley orgánica de quórum y no vamos a dar nuestros votos para que exista un instituto con esa atribución”. Es decir, no están para aprobarla como viene, pero sí que están muy interesados que se apruebe trunca y agrega: “es sumamente grave que se desconozca un acuerdo legislativo que se hace formalmente con el Gobierno y que es refrendado por votación unánime en el Senado”
 
 A Viera-Gallo esta vez se le pasó la mano, fue demasiado evidente el procedimiento de negociación que ciertamente no es nuevo, solamente que ahora quedó al descubierto. Él trata de hacerlo presentable y nos dice: “ No hay que hacer una tormenta en un vaso de agua, todo eso se podrá resolver en una comisión mixta”. He aquí con toda su crudeza el modus operandi de una coalición política que traiciona sistemáticamente los principios que dice sustentar y ciertamente también a los electores que aún no caen en cuenta de ello.
 
 No sería apropiado afirmar que la Alianza paga los costos de las leyes que salen recortadas, puesto que para ella, precisamente en eso consiste su ganancia. El Gobierno frente al pueblo se lava las manos y se escuda en que no existe otro camino que el de aprobar lo que es posible aprobar. Sin embargo, existe la duda razonable, después de revisar un considerable número de acuerdos, que gobierno y oposición persiguen los mismos objetivos pero deben llevar a cabo, el rito de la negociación, sabiéndose de antemano el resultado del acuerdo que finalmente termina en ley.