Cristian Zuñiga, que oficia de anfitrión en cada uno de los shows ofrecidos por las Escuelas de Rock del Ministerio de Cultura, animó este homenaje que abre las actividades en el marco del centenario de Allende, recordando sus últimas palabra en radio Magallanes. Tras este emotivo momento tomó la palabra Rubén Andino quién se refirió al contexto actual diciendo que “hoy gozamos de la democracia gracias a la concertación”.
Si bien no podemos desentendernos de Salvador Allende como un funcionario público, que aspiró a la revolución por el controvertido método institucional, me resulta una falta de respeto ligarlo de ésta manera a la administración actual, que mantiene al pueblo de Chile descontento por un sistema depredador y corrupto que tiene una clara distancia con el socialismo de los 70.
El homenaje continuó con la aparición de músicos que convocaron un sin número de jóvenes de diversas tendencias políticas. Al son de Sonora de Llegar, bailaron alegres incluso okupantes de la casa TIAO, quienes al parecer no repararon en discursos y se entregaron plenos al Rock, dando un cariz pluralista y festivo a este acto público. Es ahí cuando uno comienza a percatarse de la repercusión de un instrumento como la cultura para cooptar a las nuevas masas, echando mano a artistas que dado su precaria condición, son a su vez absorbidos por promesas y proyectos ofrecidos por el Estado neoliberal.
De esta forma se instrumentaliza la memoria, generando vínculos forzados para mantener el status quo. Nada nuevo en nuestra sociedad del espectáculo, que se profundiza amparada en un patente Ministerio de Propaganda y no de Cultura como se hace llamar.
Así transcurrió el apronte de lo que será la conmemoración del natalicio de Salvador Allende. No hubo ninguna reflexión acerca de que nos convocan las mismas luchas como pueblo, no existió análisis con respecto a las problemáticas sufridas por los chilenos, ni una interpelación directa al excluyente modelo político.
