Sus manifestaciones expresan vivencias y sentimientos donde la paciencia se mantiene treinta y cinco años. Han soportado diecisiete años la figura del tirano (1973-1989), y la frustración de una transición política democrática (1990-2007).
Fueron las ganas de recuperar prontamente su estatus político los que no soportaron la larga lucha por la democracia en Chile. Transformaron el exilio en una búsqueda de relaciones políticas para rehacer su carrera a largo plazo. José Miguel Insulza es el paradigma. Allegados al poder, a la riqueza, tranzan su modo de vida. Y para ello sueltan amarras . Pactaron con las fuerzas armadas su retorno, así comienza la ignominia. No resulta fuera de lugar que sea el propio Insulza, Secretario General de la OEA quien viaje a Chile en estos días de protestas para proyectar su nombre como futuro candidato en medio de las turbulentas aguas de la Concertación. Por ello sus palabras son de crítica a los manifestantes y al gobierno. Pero igualmente, se mantiene firme con el proyecto que rige el país: la constitución neo-oligárquica de 1980. Insulza sería su mejor guardián y protector. Quienes luchan contra ella son acusados de terroristas y anti-demócratas. Pero, en las protestas, la memoria histórica es obstinada, reaparece y lo hace mostrando, ahora a nivel internacional, el grado de putrefacción sobre el cual se levanta la institucionalidad del Chile del siglo XXI.
Las protestas actuales marcan un punto de inflexión, se lucha contra la injusticia social, el alto grado de desigualdad de un modelo cuyas fisuras hacen imposible cualquier parche. Han sido tanto los zurcidos al traje que no admite mas remiendos. Ni el sastre mas experimentado podrá coser un roto más. El traje se cae a trozos. Y cuando esto ocurre, por mucho que se quiera ocultar, se hace visible, aunque sea por unos instantes, la desnudez de un cuerpo famélico. Costillas pegadas a una piel arrugada, huesos sobresalientes con falta de músculos adosados a una panza llena de aire, alimentada durante treinta y cinco años de falsas promesas. El resultado a la vista es obsceno: bajo el nombre de gobiernos democráticos de la Concertación, acompañados de la imagen de un Chile post-moderno y globalizado, gracias al neoliberalismo y la mano dura de su restaurador Augusto Pinochet, solo hay pobreza, hambre, explotación e injusticia social. Una traición tras otra. Estas manifestaciones de los trabajadores destapan una realidad de la cual nadie quiera hacerse cargo. Además de la fuerza con la cual se han reprimido. Mas de seiscientos cincuenta detenidos, heridos, un senador apaleado, lo curioso es que desde el gobierno ven el cuerpo desnudo pero siguen pensando que está vestido. Por ello todo debe volver a la normalidad. El proyecto debe restaurarse. Pero lo inevitable ha sucedido. El cuerpo ha sido visto por todos y ello es un problema. ¿Será cuestión de deshacerse de el? ¿Tirar el cadáver? ¿Proponer un nuevo proyecto político?
De ser un nuevo proyecto político la respuesta sería para la presidenta Bachelet y los partidos de la concertación en el gobierno, aceptar su fracaso y la del neoliberalismo y ello es inviable para los intereses de toda la derecha chilena y latinoamericana. Hoy, harán lo imposible por salvar la situación, lo cual supone aumentar la represión y si no funciona entregar el poder a la derecha pinochetista. Insulza aguarda en la trastienda. Si cae Chile, el neoliberalismo en América latina habrá perdido su última gran torre.
