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Agosto 18, 2026

¿Y las disculpas al manifestante anónimo?

Si bien la anormalidad de un día no basta para provocar efectos políticos, tampoco éstos dependen del número de desfilantes, sino de las señales cualitativas que se emitan, en sintonía con el clima social. En ese sentido, la jornada de protesta debiera tener consecuencias políticas. A menos que los funcionarios de Interior y Hacienda no quieran interpretarlas correctamente y ahonden la fisura en la Concertación gobernante expuesta dramáticamente ayer.

No fue UN carabinero aislado el que se excedió en el uso de la fuerza en contra de UN manifestante, como dijeron las máximas autoridades de Interior, al referirse al golpe contundente en la cabeza al senador Alejandro Navarro. La violencia excesiva se aplicó a muchos ciudadanos a lo largo del país, y en Santiago al conjunto de quienes intentaron marchar por la Alameda. El jefe de la Prefectura que le dio excusas públicas al senador socialista aseguró que esos procedimientos no estaban en el protocolo de actuación de Carabineros, pero todos quienes los sufrieron y vieron saben que sí lo están.

Al manifestante anónimo no se le ofrecieron disculpas y es por eso que el parlamentario agredido por la espalda hace bien en querellarse en nombre de las otras víctimas, para que su condición prominente sirva para desnudar este tipo de actuaciones. El subsecretario Felipe Harboe dijo esta madrugada que Navarro estaba tratando de hacer algo prohibido: avanzar por la Alameda. Prohibido, porque el derecho a manifestarse termina donde comienza el derecho de los demás a transitar normalmente por la vía pública. Lo que quiere decir que ese derecho no puede ejercerse en la práctica, existe sólo en el papel. No sabemos qué hacía el señor Harboe en 1988, pero sí sabemos lo que hacía el 6 de octubre de ese año la hoy Intendenta Adriana del Piano: manifestarse en el medio de la Alameda junto a la muchedumbre que celebraba el triunfo del No, provocando el corte y el desvío del tránsito. Es decir, coartando el derecho de los que votaron por el Sí a usar la principal arteria de la capital. Entonces, se le regaló flores a los carabineros, hoy se les manda a reprimir a los continuadores de esa lucha, que ahora reclaman por la democracia social, por un mercado realmente competitivo que dé iguales oportunidades a todos.

 La Intendenta Metropolitana dijo ayer que la Alameda no se toca, pero ella sabe que la Alameda se gana, como se ganaron las avenidas principales de otras ciudades del país. Es que ellos pidieron permiso, dijo Harboe, aquí la CUT no quiso pedirlo. ¿Y si lo hubiese pedido? No se le habría otorgado, contestó el subsecretario, trasnochado. Y creyó oportuno recordar que los carabineros son también trabajadores. Pero ellos fueron usados como instrumentos de represión del Estado y si es un trabajo reprimir a hombres pacíficos, pero resueltos, mujeres y jóvenes, transeúntes o manifestantes, periodistas y camarógrafos, entonces ejercen un trabajo indigno, por orden de autoridades enceguecidas por el ejercicio del poder.

En la mañana la violencia la creó la policía, como dijo el presidente de la CUT, Arturo Martínez. No hubo encapuchados ni vándalos, y si alguno se asomó temprano, destrozando alguna señalética, fue superado y absorbido por una movilización limpia y consciente. El turno de los vándalos fue, como siempre, en la noche, en las poblaciones donde se impone el lumpen proleteriat. Por la protesta legítima de unos y el resentimiento espeso de otros la ciudad se vació apenas anocheció, en una constante que viene desde las protestas de los años 80.

Si bien la anormalidad de un día no basta para provocar efectos políticos, tampoco éstos dependen del número de desfilantes, sino de las señales cualitativas que se emitan, en sintonía con el clima social. En ese sentido la jornada de protesta debiera tener consecuencias políticas. A menos que los funcionarios de Interior y Hacienda no quieran interpretarlas correctamente y ahonden la fisura en la Concertación gobernante, la que ayer se expresó dramáticamente en las contrastantes figuras de María Rozas, Navarro y Aguiló, por un lado, y los dos Velasco, Harboe y Del Piano, por el otro. La Presidenta debe dejar de arbitrar las diferencias e implementar correctamente su sensibilidad social.

(Comentario transmitido por radio Universidad de Chile 102.5 FM)