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Agosto 18, 2026

Problemas de nuestra democracia…

“Se necesita ser muy ingenuo para suponer que las gentes que sacan provecho de la dictadura demagógica abandonarán fácilmente sus ventajas” (Georges Sorel)

Problema de silencios, problema de acuerdos. La experiencia de la transición a la democracia en chile puede quedar ilustrada en un texto de Garcia Marquez, no por su carga de realismo mágico, cosa bastante desgastada e insulsa, sino por su severidad:

“En la calurosa sala de visitas, junto al espectro de la pianola amortajada con una sábana blanca, el coronel Aureliano Buendía no se sentó esta vez dentro del círculo de tiza que trazaron sus decanes. Ocupó una silla entre sus asesores políticos, y envuelto en la manta de lana escuchó en silencio las breves propuestas de los emisarios. Pedían, en primer término, renunciar a la revisión de los títulos de propiedad de la tierra para recuperar el apoyo de los terratenientes  liberales. Pedían, en segundo término, renunciar a la lucha contra la influencia clerical para obtener el respaldo del pueblo católico. Pedían, por último, renunciar a las aspiraciones de igualdad de derechos entre los hijos naturales y los legítimos para preservar la integridad de los hogares.

-Quiere decir -sonrió el coronel Aureliano Buendía cuando terminó la lectura- que sólo estamos luchando por el poder.

-Son reformas tácticas -replicó uno de los delegados-. Por ahora, lo esencial es ensanchar la base popular de la guerra. Después veremos.

Uno de los asesores políticos del coronel Aureliano Buendía se apresuró a intervenir.

-Es un contrasentido -dijo-. Si estas reformas son buenas, quiere decir que es bueno el

régimen conservador. Si con ellas logramos ensanchar la base popular de la guerra, como dicen ustedes, quiere decir que el régimen tiene una amplia base popular. Quiere decir, en síntesis, que durante casi veinte años hemos estado luchando contra los sentimientos de la nación.

Iba a seguir, pero el coronel Aureliano Buendía lo interrumpió con una señal. «No pierda el tiempo, doctor -dijo-. Lo importante es que desde este momento sólo luchamos por el poder.»

Sin dejar de sonreír, tomó los pliegos que le entregaron los delegados y se dispuso a firmar.

-Puesto que es así -concluyó-, no tenemos ningún inconveniente en aceptar.

Sus hombres se miraron consternados.

-Me perdona, coronel -dijo suavemente el coronel Genireldo Márquez-, pero esto es una traición.

El coronel Aureliano Buendía detuvo en el aire la pluma entintada, y descargó sobre él todo el peso de su autoridad.

-Entrégueme sus armas -ordenó.

El coronel Gerineldo Márquez se levantó y puso las armas en la mesa.

-Preséntese en el cuartel -le ordenó el coronel Aureliano Buendía-. Queda usted a disposición de los tribunales revolucionarios.

Luchar por el poder y después pacificar Chile tras la dictadura, esterilizarlo, cerrar las heridas, pacificar las practicas, pero sobre todo las ideas: la renovación del socialismo negó la violencia como instancia de la política, reestructuración teórica forjada bajo todo el rigor de una dictadura, movida no solo desde las criticas tras la caída del  proyecto de la unidad popular, sino también de los “socialismos reales”. Mientras, la derecha regreso los militares a los cuarteles a cambio de moralina, democracia vigilada  y libre comercio. Nuestros sistema republicano-liberal de corte neoconservador ha intentado borrar la movilización y la protesta (actos de violencia simbólica intolerables para un Estado que basa su existencia en la promesa de pacificar la política y la sociedad), tanto de las practicas políticas como de los discursos, partiendo de borrar las diferencias de los proyectos entre la Concertación y la Alianza en base a “la política de los acuerdos” y el sistema binominal, la idea del equilibrio, el dialogo y el respeto mutuo será expresión acabada de una dudosa “reconciliación”.

Cuestión de crudeza, el estado como institución poseedora del monopolio del uso de la violencia física (Weber) y simbólica (Bourdieu) no podía tranzar ni ceder en su proceso de reconstrucción del estado de derecho y la institucionalidad republicano-liberal. No podía tranzar este monopolio del uso de la violencia ni con los salientes militares, en una posición mas bien privilegiada, pero hoy tampoco puede negociar, siquiera tolerara, una expresión masiva de descontento ciudadano y la convergencia de los distintos sectores sociales y la izquierda, menos en un gobierno donde la oposición política se revelo mucho mas débil que el temor a la polarizacion social, y su consecuencia: la movilización. Discurso de “violencia preventiva”, violencia contra a violencia, donde la derecha y parte importante de la concertación consideran que la existencia de fenómenos masivos de protesta atentan directamente a la estabilidad del sistema económico consolidado, de bases y dogmas indiscutibles (sueldos bajos, desaparición del estado y la protección social, flexibilidad laboral…)

Cuestión de supervivencia a la omnipresente vigilancia de la derecha, que aun se regocija de su pasado militar y el dominio de un modelo económico del cual son fundadores y responsables, cuestión de legitimación en torno a la prometida, y esperada paz social. Promesa y deber que hasta la fecha solo ha logrado crispar más los ánimos de aquellos sectores que intentan modificar este sistema económico y social donde la inequidad es altísima. Sectores que lucharon por el retorno de la democracia y que ven nuevamente coartada su legítima posibilidad de expresarse.

Y junto con ello concentrar la rabia, la impotencia y el descontento de los jóvenes, especialmente lo de los sectores más marginados y los estudiantes universitarios son “saudade social”, dándoles carne de cañón a las expresiones mas radicales de la izquierda y su accionar político/violentista.

jcmf83@vtr.net

 


[i] G. Garcia Marquez, “Cien Años de Soledad”