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Agosto 18, 2026

Juego de manos…

“…cuando tú des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha para que tu limosna quede en secreto…” (Mt 6,1-6)


Limosnas o políticas publicas, sueldo ético o sueldo justo, agitación social o reivindicaciones largamente postergadas, todas cuestiones puestas sobre el debate político y económica en los últimos meses a los que debemos  sumar la ultima polémica:  los dichos realizados por el presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Alfredo Ovalle, acerca del clima de agitación en las empresas por mejoras laborales, y la falta de mano dura de parte del gobierno en este sentido y la respuesta de parte del Ministro del Trabajo Osvaldo Andrade.

Mano Dura y Mano Blanda.
“Evidentemente el Gobierno, de alguna forma, ha colaborado a que esta efervescencia laboral parezca descontrolada porque no aplica la ley” (Julio Dittborn)

El Estado, esa extraña institución, ha producido infinidad de definiciones, teorías y escuelas a su alrededor, pero existe un elemento constitutivo de éste, que atraviesa toda la concepción de la política, y que no puede ser omitido a la hora del análisis: La Violencia, y es que “la violencia es constitutiva de la práctica política, por que es fundadora de la juridicidad estatal”[i]. Cuestión de crudeza, quizás su mejor definición es la surgida de la tracción sociológica, esta es la del Estado como institución que reclama con pretensión de legitimidad el monopolio del uso y administración de la violencia física (Weber) y simbólica (Bourdieu), dentro de un territorio.

Desde este precepto solo se puede exigir “Mano Dura” al Estado. Exigir mano dura, es decir aplicar con mayor severidad, endurecer la mano que aprieta o golpea, el ejercicio de la violencia física y simbólica contra las demandas de los trabajadores y sindicato. Este pedido en pos de la paz social y contra el estado de agitación,  no es solo un resabio dictatorial, si es que no feudal, de nuestra “Clase Empresarial”, sino una de sus practicas legitimadas largamente en la política chilena y que los gobiernos de la concertación no han podido cambiar.

El pedido, el requerimiento del uso de la violencia (por que eso es lo que significa pedir mano dura), a “mantener el orden jurídico”, demuestra un temor claro hacia el movimiento en el tejido social, una especie de vértigo, ante la efervescencia,  ante la “agitación social”, que no es sino el cuestionamiento de una pauperización de la calidad del trabajo y una distribución desigual naturalizadas hasta el escándalo. Miedo al movimiento lógico para los que disfrutan de las miles de un sistema que se basa en el status quo y el estancamiento del esperado chorreo. Lo que no se puede negar es que es un síntoma de madures, y de tranquilidad para los sectores de la izquierda democrática, que este pedido de mano dura fuese al gobierno, y no las fuerzas armadas, como antes ha ocurrido, bien lo sabemos.

Exigir mano dura no es solo pedir represión en las huelgas y movilizaciones, es recortar derechos y libertades, aumentar la flexibilidad laboral, legitimar represarías de los empleadores como despidos, retroceder en las ya escuetas leyes de protección a los trabajadores, elementos que no solo van en detrimento del proyecto socialdemócrata, con el que pueden o no estar de acuerdo, sino que niega por sobre todo el espíritu del estado republicano-liberal que tanto defienden y presentan como “utopía posible”.  Es olvidarse que en democracia se puede estar en desacuerdo con el sector privado, y el sector público, y es legítimo protestar contra estos.

La lucha de los empresarios no es tanto una lucha contra las organizaciones de los trabajadores, sino contra su derecho y libertad de organizarse, de reunirse, de propone una distribución mas justa de la ganancia. Cuestión de crudeza, la lucha no es contra los hechos (radicalización en las movilizaciones y reaparición de actores políticos y sociales con las que podemos estar mas, menos o nada de acuerdo) sino contra las posibilidades (contra las ideas, contra las libertades y los derechos), “sin lugar a dudas buena parte de la conflictividad laboral tiene que ver con una mirada un tanto sesgada de aquellos que tienen mucho, de una cierta negativa difícil de explicar de no compartir aquello. Por eso este es un debate ético…”[ii] Es en esta instancia, esta urgencia de violencia simbólica y física contra los trabajadores, que se reclamada entonces al estado.

Dura fue la mano con los empresarios, al menos en la respuesta del Ministro del Trabajo Osvaldo Andrade: “Primero quiero aclarar que no creo que haya un clima de agitación como algunos señalan. Cuando los empresarios le piden mano dura al Gobierno yo quisiera sólo decirles que estamos preocupados de la mano estrecha, de la mano apretada, de aquella que le cuesta tanto compartir la riqueza. Ésa es la mano de la que hay que preocuparse, ése es el llamado que deberían hacer los dirigentes empresariales. La única mano dura que conozco es para compartir la riqueza”[iii].

Mano Izquierda y Mano Derecha

Los Estados nacionales están minados desde fuera por fuerzas financieras, y desde dentro por todos aquellos que se convierten en cómplices de estas últimas, es decir, los financieros, los altos funcionarios de las finanzas, etcétera. Pienso que los dominados están interesados en defender el Estado, en especial en su aspecto social. (Pierre Bourdieu)

La metáfora acerca de la mano izquierda del Estado, acuñada por el sociólogo francés Pierre Bourdieu, plantea que existe una “mano derecha” del Estado (un estado neoliberal es decir reducido y sometido a la economía de mercado como nueva doctrina), usualmente encarnada en el Ministerio de Economía, aúna la fuerza, la habilidad, los recursos. Sus diseños macro, sus proyecciones, su lógica, dominan o intenta dominar todas las instancias no económicas del estado, supeditarlas a su lógica, a sus practicas. Las áreas sociales de los gobiernos son su mano izquierda. Desarmada, torpe, insuficiente para paliar lo que trama la derecha.

Entre ambas manos se plantea una lucha (otra palabra que se ah retirado, si es que no demonisado, del vocabulario de nuestra “política de los acuerdos”) que se centra en la recuperación de las conquistas sociales perdidas (la nunca bien ponderada mano izquierda) contra aquellas altas esferas administrativas y financieras, que formarían la mano derecha, y cuyo objetivo es el retraimiento del Estado para la libre circulación de sus intereses.

El verdadero ejercicio de al democracia, así como de nuestros derechos ciudadanos, se encuentra no en el retroceso del Estado, como plantean los profetas del “estado mínimo”, sino en políticas públicas que amplíen el derecho y la posibilidad de participación de sectores que no han podido ser representados.

En el caso puntual de los trabajadores, que durante largo tiempo han perdido fuerza organizativa, por causas tanto endógenas como exógenos, la flexibilización laboral, la tercerizacion y la subcontratación, que podemos ver incluso a  novel estatal,  es indispensable para el fortalecimiento de las organizaciones nacientes y  el logro de las reivindicaciones, muchas no solo justas sino necesarias para un verdadero crecimiento como país, no solo una intromisión de la mano izquierda del Estado, sino que es indispensable para la tonificación de los siempre fatigados músculos de esta.

La estreches y poco alcance de la mano izquierda del Estado se vio especialmente en el conflicto que se desato con las reivindicaciones y movilizaciones de los secundarios, que no fueron solo castigados por al fuerza publica (uno de los músculos mas fuertes y tradicionales fuertes de la mano derecha), sino que pese al nivel de concientizacion y solidaridad de parte de la ciudadanía con las demandas de los estudiantes y el gran nivel de movilización lo proyectos de fondo todavía hoy se ven constantemente frenados, y no solo desde la oposición.

Juego de manos, un problema de cosas que mas allá de los pedidos de empresarios y gremialistas esta en movimiento (E pur si muove”) y ante las que el estado debe tomar una posición, problemas de optar por una consolidación democratiza y social o un progreso macroeconómico con altos niveles de desigualdad y exclusión, el juego (la lucha) de definir que estado queremos, la opción del dialogo o el ejercicio de la violencia física y la coerción de las libertades, un problema ético, un problema de políticas publicas.


[i] E. Grüner, “Las Formas de la Espada. Miserias de la teoría política de la violencia.”

[ii] “Ministro Andrade: “La única mano dura que conozco es para compartir la riqueza””Economía y Negocios Online, Jueves, 23 de Agosto de 2007

[iii] “Ministro Andrade: “La única mano dura que conozco es para compartir la riqueza””Economía y Negocios Online, Jueves, 23 de Agosto de 2007