Cuando aún estamos en el invierno más frío de los últimos 40 años, con nevazones en toda la capital y mañanas con temperaturas que tímidamente se empinan sobre cero grados, los chilenos hemos experimentado, en parte, lo que es vivir en un país nórdico. Una sensación que se ha visto agravada con la pesadilla de lo que agudamente detectó Mike Reiss, guionista y productor de la serie Los Simpsons en su reciente visita, que “Chile es el único país donde hace más frío adentro que fuera de las casas”. Nuestra calidad de país casi insular, con una economía que incluso es alabada en el concierto mundial que desconoce, por cierto, las pellejerías de las cifras microeconómicas, nos hace caer en la maléfica tentación de compararnos con otras naciones que pueden situarse en la periferia como nosotros.
Finlandia es un país que ha crecido consistentemente en los últimos 10 años. Un milagro económico asociado a una marca que vemos a diario en miles de aparatitos que suenan por doquier: los teléfonos celulares Nokia. Podríamos decir que nuestra economía es casi tan monoproductora como ésa, cuando seguimos colgados de la viga maestra, de ese sueldo de Chile que, a diferencia de los teléfonos celulares que no tienen límite de producción, el cobre sí cuenta con un límite de extracción dado a su calidad de recurso natural. Soslayando el análisis político y económico del tema, los finlandeses sin embargo, no dudan en señalar que el milagro económico no reside en Nokia sino que en las 21 orquestas sinfónicas que poseen. Finlandia es un país de cinco millones de habitantes, lo que significa la existencia de una orquesta por cada 238 mil personas. Sigamos con las comparaciones. Chile cuenta con la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Chile, que tiene más de 90 músicos y un par más que bordean los 70 ejecutores. Es decir, casi una orquesta cada cinco millones de habitantes. ¿Qué relación hay entre orquestas sinfónicas y crecimiento económico? Esta es una pregunta que debieran hacerse nuestros financistas y expertos, porque el que los mismos finlandeses acusen esta relación, no pareciera ser una casualidad, sino más bien una consecuencia.
Resulta algo vergonzante constatar que la Orquesta creada por el Estado no cuente con una sala de Conciertos propia ni prestada donde pueda presentarse adecuadamente. Insistimos, el Teatro Universidad de Chile tiene sólo el nombre de esta casa de estudios, puesto que pertenece a otra repartición estatal. También lleva al sonrojo el que el Estado imbuido en la idea de crear el más grande centro cultural para el Bicentenario no considere a la Orquesta como principal beneficiaria.
Bochornos a los que ya estamos demasiado acostumbrados en el mundo de la cultura que han pasado a ser lo habitual. Como el que la monumental obra de la artista chilena Matilde Pérez, que por 25 años decoró anónimamente el frontis del Centro Comercial Apumanque, haya sido removida y las autoridades ni siquiera se hayan pronunciado al respecto ni preocupado de su suerte. Porque aunque no lo crea, ese friso de acero pulido que en los primeros años estuvo iluminado pero que en los 20 años siguientes permaneció apagado, corresponde a una obra de arte cinético de esta gran artista nacional que acaba de exponer en el Museo Reina Sofía de Madrid. Una monumental creación que incluía un sistema de luces en movimiento, de ahí lo de arte cinético, y que por problemas de costos, no pudo mantenerse ni apreciarse como se debe. El Centro Comercial ya tiene adelantadas las conversaciones para entregar la enorme pieza en comodato a la Universidad de Talca. Hacemos votos para que los nuevos custodios de esta invaluable pieza artística sí entiendan su importancia y la respeten, manteniéndola en movimiento, como siempre debió estar.
Resulta algo vergonzante constatar que la Orquesta creada por el Estado no cuente con una sala de Conciertos propia ni prestada donde pueda presentarse adecuadamente. Insistimos, el Teatro Universidad de Chile tiene sólo el nombre de esta casa de estudios, puesto que pertenece a otra repartición estatal. También lleva al sonrojo el que el Estado imbuido en la idea de crear el más grande centro cultural para el Bicentenario no considere a la Orquesta como principal beneficiaria.
Bochornos a los que ya estamos demasiado acostumbrados en el mundo de la cultura que han pasado a ser lo habitual. Como el que la monumental obra de la artista chilena Matilde Pérez, que por 25 años decoró anónimamente el frontis del Centro Comercial Apumanque, haya sido removida y las autoridades ni siquiera se hayan pronunciado al respecto ni preocupado de su suerte. Porque aunque no lo crea, ese friso de acero pulido que en los primeros años estuvo iluminado pero que en los 20 años siguientes permaneció apagado, corresponde a una obra de arte cinético de esta gran artista nacional que acaba de exponer en el Museo Reina Sofía de Madrid. Una monumental creación que incluía un sistema de luces en movimiento, de ahí lo de arte cinético, y que por problemas de costos, no pudo mantenerse ni apreciarse como se debe. El Centro Comercial ya tiene adelantadas las conversaciones para entregar la enorme pieza en comodato a la Universidad de Talca. Hacemos votos para que los nuevos custodios de esta invaluable pieza artística sí entiendan su importancia y la respeten, manteniéndola en movimiento, como siempre debió estar.
