La primera conclusión que se puede desprender es que la cita de 10 días tuvo un carácter de amistosa convivencia entre expertos museólogos de todo el continente. Cuesta imaginar hoy una reunión de estas características. Lo que hoy se estila son apretadas jornadas de trabajo, que no superan los tres días en centros de convenciones desde donde los visitantes ni siquiera pueden asomar la nariz.
Uno de los puntos centrales de la mentada cita fue su carácter interdisciplinario abriendo de paso, el tradicional concepto que se tiene de la actividad modelando la idea de “museo integrado”, como una institución al servicio de la comunidad que busca la formación de la conciencia de ellas para conducirlas luego a la acción.
La noticia de que la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos prepara un gran proceso de modernización de los museos en Chile es una iniciativa de la mayor importancia. Así como lo fueron las Bibliotecas en su momento bajo la visión de Clara Budnik, hoy es el turno de los museos de la mano de Nivia Palma. Un cambio que debiera considerar la remodelación, restauración y construcción de nuevos edificios para que estos maravillosos centros del saber no se concentren en Santiago y puedan ser conocidos y aprovechados por muchos chilenos. Es cierto que aún está pendiente la meta de una biblioteca pública por cada comuna de nuestro país, pero la existencia de un museo moderno e integrado es tan o más importante que aquéllas, más aún cuando fácilmente esta última puede contener a la otra, si es que de edificios nobles y amplios, se trata.
Es hora que los museos comiencen a ser parte de la educación de las actuales generaciones, y que las visitas de los colegios pasen de ser un mero paseo de curso a verdaderas observaciones participativas. Todavía recuerdo la perplejidad en mi única visita, hasta ahora, al Museo Británico en Londres. La maravilla de enfrentar a la mismísima “piedra roseta” que me dejó boquiabierta, mientras un grupo de escolares, con toda naturalidad, con cuadernos y lápices en mano descifraban ciertos jeroglíficos de los sarcófagos egipcios de la sala contigua.
Nosotros no necesitamos momias. Tenemos las más antiguas del mundo, las Chinchorro que hacen palidecer por varios miles de años a las africanas. Contamos con el sitio que registra el poblamiento más antiguo de América, Monteverde en la décima región, que echó por tierra las teorías tradicionales del paso del hombre por el Estrecho de Bering.
