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Agosto 18, 2026

Museos vivos

Hace 35 años, en ese Chile que vivía la efervescencia de “una revolución con sabor a empanadas y vino tinto”, en medio de la estridencia política y de profundos cambios sociales, se dieron cita una serie de museólogos latinoamericanos convocados por la UNESCO y el gobierno de Chile. La visita se registra en un añoso noticiario mensual, un mamotreto empastado en papel mármol de la administración pública, que da cuenta de la gran cantidad de especialistas de toda América Latina, las mesas de discusión realizadas, sus principales conclusiones y también, de las actividades que realizaron en el marco de la cumbre.

Dice textualmente: “Para reforzar la idea fundamental de incorporar los museos a la realidad de sus respectivos países, los participantes  han salido de su sala de conferencias, para conocer algunos aspectos fundamentales de la vida chilena, visitando asentamientos campesinos en la región de Linares, rindiendo un homenaje al precursor de las ciencias naturales en Chile, el Abate Juan Ignacio Molina ante su tumba en Villa Alegre, entrando a las instalaciones en las minas de cobre de El Teniente en Sewell, recorriendo el Gran Santiago y observando sus problemas urbanísticos, gozando de las bellezas turísticas de Chile en una excursión a Valparaíso, Viña y Panimávida”.

La primera conclusión que se puede desprender es que la cita de 10 días tuvo un carácter de amistosa convivencia entre expertos museólogos de todo el continente. Cuesta imaginar hoy una reunión de estas características. Lo que hoy se estila son apretadas jornadas de trabajo, que no superan los tres días en centros de convenciones desde donde los visitantes ni siquiera pueden asomar la nariz.

¿Se puede pensar entonces, mañosamente, que los museólogos se dedicaron sólo a disfrutar de la hospitalidad chilena? Para nada. Las numerosas conclusiones allí consignadas dan cuenta de un trabajo que marcó historia y que sentó las bases de la cooperación en esta área a través de la creación de la Asociación Latinoamericana de Museología (ALAM). Conclusiones de una contundencia y actualidad que no denotan sus 35 años de vida y, que por sobre todo, dejan de manifiesto la urgencia de concretarlas de una vez por todas. La interrupción de nuestra vida republicana durante  17 años, y otros 17 más de una larga Transición, no han permitido volver sobre esos importantes pasos iniciados hace décadas.

Uno de los puntos centrales de la mentada cita fue su carácter interdisciplinario abriendo de paso, el tradicional concepto que se tiene de la actividad modelando la idea de “museo integrado”, como una institución al servicio de la comunidad que busca la formación de la conciencia de ellas para conducirlas luego a la acción.

La noticia de que la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos prepara un gran proceso de modernización de los museos en Chile es una iniciativa de la mayor importancia. Así como lo fueron las Bibliotecas en su momento bajo la visión de Clara Budnik, hoy es el turno de los museos de la mano de Nivia Palma. Un cambio que debiera considerar la remodelación, restauración y construcción de nuevos edificios para que estos maravillosos centros del saber no se concentren en Santiago y puedan ser conocidos y aprovechados por muchos chilenos. Es cierto que aún está pendiente la meta de una biblioteca pública por cada comuna de nuestro país, pero la existencia de un museo moderno e integrado es tan o más importante que aquéllas, más aún cuando fácilmente esta última puede contener a la otra, si es que de edificios nobles y amplios, se trata.

Es hora que los museos comiencen a ser parte de la educación de las actuales generaciones, y que las visitas de los colegios pasen de ser un mero paseo de curso a verdaderas observaciones participativas. Todavía recuerdo la perplejidad en mi única visita, hasta ahora, al Museo Británico en Londres. La maravilla de enfrentar a la mismísima “piedra roseta”  que me dejó boquiabierta, mientras un grupo de escolares, con toda naturalidad, con cuadernos y lápices en mano descifraban ciertos jeroglíficos de los sarcófagos egipcios de la sala contigua.

Nosotros no necesitamos momias. Tenemos las más antiguas del mundo, las Chinchorro que hacen palidecer por varios miles de años a las africanas. Contamos con el sitio que registra el poblamiento más antiguo de América, Monteverde en la décima región, que echó por tierra las teorías tradicionales del paso del hombre por el Estrecho de Bering.

Sólo necesitamos de la voluntad política para construir museos vivos que puedan transmitir esto ahora y no en 35 años más.