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Agosto 18, 2026

Nuestras Mujeres…

Durante años muchas mentes progresistas despreciaron  la empalagosidad de los sufridos “piecesitos de niños” o el lamento femenino de la despreciada que veía alejarse a aquel; el sentido primordial de un amor no correspondido.  Sin embargo, existía toda una  Mistral que el mundo oficial no había  dejado conocer y  que ahora, bajo el peso de una obra inédita recientemente  “desclasificada”, verá caerse la mordaza que se le había impuesto a una de las tantas voces disidentes que ha dado Chile. Emerge por fin la verdadera Mistral, con sus escritos políticos sobre la situación de la mujer, el indígena y la insoslayable condición arribista del chileno, que tanto le molestaba.
La poetisa que no podía competir con el patriarcado literario de la época -las mujeres sólo podían ser objetos de la literatura, nunca exponentes de ella-  no se convirtió en baluarte hasta mucho después de su  reconocimiento internacional, historia ya sabida. No es de extrañar entonces que la Mistral decidiera autoexiliarse, reacia a comulgar con vicios nacionales conocidos.

Así como Gabriela Mistral, muchas otras mujeres han sido reducidas a meras menciones ocasionales cuando se pretende sacar dividendo del patrioterismo trasnochado de una sociedad esencialmente machista como lo es la chilensis. Sin duda, al igual que la Mistral, esas mujeres que no han calzado con el modelo pasivo y subyugado, han querido ser borradas de la conciencia colectiva, como si se tratara de engendros abominables que no alcanzan el “modelo de mujer chilena”. ¿Cual sería aquel modelo? Alguna respuesta podría encontrarse en  las repugnantes escenas de explotación sexual- comercial de que hace gala la Televisión, degradando la  condición femenina a mera carne fresca en el sucio negocio del rating, dando por sentado de esta forma, que las mujeres para tener tribuna deben venderse a un público adiestrado en el voyeurismo enfermizo a que nos tiene acostumbrados la farándula televisiva. Este mismo voyeurismo ha hecho que, precisamente ese tipo de mujeres degradadas sea el centro de la noticia. Ese modelo de mujer se ve bien representado en la que fuera alguna vez “reina”, cuya vida privada aparece hoy como espectáculo publico frente a la decadencia de su post reinado.

Sin duda, el concepto de mujer en el Chile de hoy, así como el de antaño, continúa ligado a la concepción fundacional de nuestra nación: la mujer como accesorio funcional al sistema político, socialmente falocéntrico y patriarcal. Desde luego, más de alguien podrá argüir que hoy en día la mujer ha logrado un sitial más protagónico, ya sólo con el hecho de alcanzar la presidencia del país. Sin embargo, debemos ser honestos en reconocer que estos logros no pasan de ser simbólicos y cuando mas, ejercicios acomodaticios desde la mano masculina que continua dirigiendo la política nacional desde lo macro a lo micro. Es un hecho de la causa  que el margen de maniobra que tiene cada mujer puesta en cargos de poder, poder que queda siempre supeditado a ser adminículos funcionales para la voluntad señorial del “patrón”, resulta limitado a las necesidades de perpetración de un sistema que solo genera y reproduce éxitos a la medida del mundo varonil, donde la mujer se trasviste (con trajecito dos piezas y todo) en su lucha por el mentado protagonismo.

Sin embargo, son precisamente las mujeres anónimas, no aquellas elevadas como “ejemplos” de heroínas,  quienes  podrían ayudar a este ejercicio de desentrañar la condición de fémina, precisamente porque el poder masculino ejerce sus maniobras invisibilizando esa condición y su legado en la historia.

Podemos mencionar para comenzar las anónimas figuras de cientos de mujeres brutalmente vejadas por la dictadura militar, que fue especialmente severa con ellas, como castigando el atrevimiento de abandonar el marco de ama de casa y madre abnegada que  diseminaba  la mismísima  “Primera Dama” desde su CEMA Chile.

También está la mujer del “bajo pueblo” como la llama el Premio Nacional de Historia, la mujer proletaria sobre la que se sostiene el sistema de explotación nacional. De su condición de doblemente segregada no pueden dar cuenta las “taco aguja SERNAM”, organización politizada como todos los entes gubernamentales, mera fachada de discurso feminista que, en definitiva ha sido co-optado por el poder hegemónico, para reducir las políticas en pro de la mentada igualdad a meras declaraciones a medida. Sabido es que las mujeres puestas en estos organismos son instruidas hasta en la cantidad de veces que deben halagar la obra del gobierno concertacionista en cada cuenta publica o discurso. Eso sin mencionar que el discurso de igualdad ni siquiera parte por casa. El SERNAM contrata a honorarios a sus trabajadoras, negando todo derecho a una maternidad protegida para quienes la eligen.

Así, la condición de la mujer en Chile  ha venido tropezando con vicios atávicos que han tendido a poner un manto (como a todo) sobre su real capacidad de ser protagonista o heroína en un país de “Héroes”.  

*Psicóloga, Master en Criminología y Psicología Forense

cristhiemella@yahoo.com.ar