En materia de planes y programas de Gobierno propiamente tal, diseñar y ejecutar conjuntamente entre las instituciones fiscales y los campesinos, un ambicioso plan de organización y capacitación campesina, apuntando, en este último aspecto, una parte técnico productiva y de gestión y comercialización empresarial. Esto se ha ofrecido no se sabe cuantas veces, pero parece no haberse hecho mucho.
Lo cuarto y también de responsabilidad del Estado, asegurar, en cultivos estratégicos, bandas de precios, sobre todo precios de piso, de tal manera de asegurar una mínima rentabilidad, como lo hacen la mayoría de los países desarrollados.
Finalmente, una actividad conjunta entre pequeños productores y apoyo fiscal, en el sentido de colaborar con programas de fomento a las exportaciones, coordinándose con aquellos programas de algunos países también desarrollados que se denominan “Comercio Justo”. A esto, puede agregarse una actividad de las Embajadas de Chile en distintos países o Cámaras de Comercio, que pudieran establecer vitrinas de productos campesinos de calidad total como ya existen muchos.
Estas medidas podrían aminorar la enorme distancia que existe entre los conglomerados económicos de megaempresas que suelen simular competencia entre ellos y que, comparados con los pequeños agricultores chilenos, estos últimos no tienen ninguna posibilidad de éxito.
Hugo Ortega T.Director
Escuela de Ingeniería en Agronegocios
Universidad Central
