Se acaba de aprobar por el Parlamento un nuevo caso de un funcionario internacional que corrió la misma suerte. Su familia recibirá más de 1.500 millones de pesos de indemnización.
Pocas voces en el Senado han reparado que se están consagrando privilegios inaceptables: “hay víctimas de primera y de segunda categoría”, dijo el senador Roberto Muñoz Barra.
Resulta bien curioso, para decir lo menos, que personeros que militan en corrientes políticas propiciadoras de la igualdad no tengan ningún escrúpulo en recibir millonadas por cuenta de una “discriminación positiva” propia de una clase política con intereses que la diferencian de ese “perraje” que debe conformarse con las compensaciones “austeras y simbólicas” que se han otorgado a miles de chilenos afectados por la violencia política durante el régimen militar.
Desde luego que esas indemnizaciones precarias son algo cuando no había nada, pero adolecen de un vicio moral inaceptable: se niveló con cálculo matemático y la frialdad de una tecnocracia desalmada. ¿Cómo van a igualarse detenciones de unos cuantos días con torturas que dejaron graves secuelas, encarcelamientos por años, quemazones de bibliotecas, largos exilios? Y no se diga que no hay plata en caja.
Llama la atención que ciertos políticos populistas que andan a la caza de escándalos no hayan abierto la boca para denunciar estos atropellos a la igualdad ante la ley. Dicen estar siempre “junto a la gente”, pero esta vez con su silencio se han olvidado de las 28 mil víctimas que están recibiendo indemnizaciones “simbólicas y austeras” y desde luego miren para el techo cuando el cheque grueso va al destino de sus pares de la clase política.
Este cronista cree en la igualdad ante la ley y por lo mismo quiere ser consecuente con su compromiso social: denunciar privilegios y el aprovechamiento del poder a favor de unos pocos. Las indemnizaciones millonarias forman parte de la escandalosa desigualdad denunciada por los obispos pero algunos sólo creen en la desigualdad que genera las utilidades de la empresa y no las desigualdades que genera la “carrera política”..
Por Alejandro Witker www.alejandrowitker.cl.
