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Agosto 18, 2026

Los jóvenes en la sala de espejos

El recambio generacional puede ser traumático, vistas las acechanzas, pero los pingüinos del año pasado, los voluntarios de Un Techo para Chile de hace rato y la sub 20 y los jóvenes medallistas de ahora abren claramente una ruta que debe marcarse.

Gane o pierda “la Rojita”ante Argentina, la lección ya está dada por el grueso de los jóvenes integrantes de la Sub 20: los nutrió el espíritu de equipo y una ensoñación revestida de disciplina, es decir, de realismo práctico. “No tenemos nada que celebrar –dijo uno de los jugadores el domingo, después del triunfo sobre Nigeria-. Nuestro objetivo es ganar el Mundial”.

El contraste con lo ocurrido con la selección “adulta” –es un decir- abre, sin embargo, las compuertas al pesimismo. ¿Qué pasará cuando los mejores de los dirigidos por Sulantay pasen a militar en el fútbol profesional, cuando el poder del dinero y la gloria de la farándula se ciernan sobre ellos como vicios irresistibles? Probablemente algunos sucumbirán al sistema y las agendas personales reemplazarán el interés colectivo: indagarán cuánto vale el show en la cancha y en cuánto se tasa su transferencia; las noches de juerga y las modelos caza-deportistas provocarán la resaca que les impida ir al entrenamiento al día siguiente o enfrentar, en plenitud física, el partido que tendrá lugar en 48 horas más.

En este juego de espejos que rodea al deportista joven no sólo está el futuro que se puede mirar al frente. Al lado están los otros jóvenes idealistas que, aunque desafectados de la política, los partidos y las elecciones, se encauzan a través de movimientos sociales por una mejor educación, búsquedas colectivas de una renovación cultural y expresiones mancomunadas de solidaridad con los excluidos.

Al otro lado está aquella generación políticamente perdida que no vivió la dictadura, sólo el triunfo del No y que creyó que el partidismo era una forma de vida y una plataforma de caza. Mientras la Sub 20 se esfuerza por alcanzar el título mundial del fútbol juvenil y los participantes en los juegos panamericanos ganan impensadas medallas, los jóvenes Farías y los adultos Micheles discurren cómo robarles las platas a los deportistas, llevándose los fondos de Chiledeportes a las campañas electorales o simplemente a la casa.

En el espejo de atrás, finalmente, están esos adultos contemporáneos que trabajan ardua y competitivamente para darles educación a sus hijos, comprarse una casa y, en los estratos más afortunados, también un par de autos y acaso un lugar en la playa o una parcela. Y en las cúpulas del sector público y los cargos de confianza política se encastilla toda una casta de dirigentes y militantes que en los años 60 querían cambiar el mundo, en los 70 y 80 cambiar a Chile y en los 90 simplemente cambiar la conducción del país. Hoy sólo quieren conservar la conducción, no ya para cristalizar sus ideales de antaño, sino para vegetar en ella. Lo hacen con una feroz indisciplina que se traduce en desorden y protagonismos personales dignos de la peor farándula del espectáculo y el deporte unidos.

Algunos viejos cracks quieren volver a las canchas y proponen reencantamientos con la verdadera política y realineamientos de las fuerzas progresistas y disidentes. ¿No será tarde ya para estos tiempos suplementarios de los equipos antiguos? El recambio generacional puede ser traumático -vistas las acechanzas-, pero los pingüinos del año pasado, los voluntarios de Un Techo para Chile de hace rato y la sub 20 y los jóvenes medallistas de ahora abren claramente una ruta que debe marcarse.

(Comentario transmitido por radio Universidad de Chile 102.5 FM)