Los vulnerables límites de la traición a menudo dejan espacios visibles, son esos episodios que afloran al azar los que nos ponen sobre aviso de lo que se viene encima. La lealtad en una relación dada parece ser aceptada como condición indispensable por todo el mundo, sin embargo, cuando se sorprende su falta, se desencadena un baile impúdico de recriminaciones, de lacerantes determinaciones, de descaradas declaraciones que nos transportan de un golpe al escenario de la confusión y la penumbra.
Es así como ocurre en las relaciones políticas en que nos vemos envueltos los ciudadanos cuando tomamos parte en el fenómeno llamado “democracia representativa”. Entendemos que existe una tácita relación entre el elector y el elegido o representante, recayendo unilateralmente en este último el peso de la lealtad a las ideas, a los principios y a la confianza que se proyectó con el propósito de ser elegido.
Entonces es de esperar que el elegido guarde fidelidad a sus electores y concedamos también, cierta lealtad hacia el partido al cual pertenece, seguro es, que el elector pensó en ello al momento de emitir su voto.
A estas alturas, para nadie es una sorpresa, que la Concertación ha llevado durante sus largos años de gobernante, una política ambiental contraria a lo que sostuvo con ocasión de sus cuatro elecciones presidenciales, igual cosa sucede con las políticas que regulan las relaciones de los trabajadores con sus empleadores. El liberalismo económico a ultranza implementado a machete por sus ministros de Hacienda es diametralmente opuesto a los principios de la totalidad de los partidos que conforman la coalición de gobierno, con excepción del rarísimo partido “instrumental” que aún subsiste después de 17 años y del cuál no se conoce doctrina.
Por cierto que en los hechos existe una descarada traición hacia el pueblo elector, la Concertación ha traicionado el corazón y el pensamiento de los electores que la han elegido y que, paradójicamente, todavía creen en su integridad moral. Es como cuando un amante atormentado por el dolor y ciego de tristeza por el engaño, solo atina a aferrarse al recuerdo de los días felices, negando con ello que esté frente a un nuevo escenario.
Capítulo aparte es la famosa frase de “justicia en la medida de lo posible”, finalmente fue posible empezar a hacerlo derogando la ley de amnistía pues se necesitaba simple mayoría, sin embargo los legisladores de la Concertación dijeron al país que había que pensarlo muy bien. Al parecer siguen pensándolo, puesto que suponen que los electores se están olvidado del tema.
Entonces es de esperar que el elegido guarde fidelidad a sus electores y concedamos también, cierta lealtad hacia el partido al cual pertenece, seguro es, que el elector pensó en ello al momento de emitir su voto.
A estas alturas, para nadie es una sorpresa, que la Concertación ha llevado durante sus largos años de gobernante, una política ambiental contraria a lo que sostuvo con ocasión de sus cuatro elecciones presidenciales, igual cosa sucede con las políticas que regulan las relaciones de los trabajadores con sus empleadores. El liberalismo económico a ultranza implementado a machete por sus ministros de Hacienda es diametralmente opuesto a los principios de la totalidad de los partidos que conforman la coalición de gobierno, con excepción del rarísimo partido “instrumental” que aún subsiste después de 17 años y del cuál no se conoce doctrina.
Por cierto que en los hechos existe una descarada traición hacia el pueblo elector, la Concertación ha traicionado el corazón y el pensamiento de los electores que la han elegido y que, paradójicamente, todavía creen en su integridad moral. Es como cuando un amante atormentado por el dolor y ciego de tristeza por el engaño, solo atina a aferrarse al recuerdo de los días felices, negando con ello que esté frente a un nuevo escenario.
Capítulo aparte es la famosa frase de “justicia en la medida de lo posible”, finalmente fue posible empezar a hacerlo derogando la ley de amnistía pues se necesitaba simple mayoría, sin embargo los legisladores de la Concertación dijeron al país que había que pensarlo muy bien. Al parecer siguen pensándolo, puesto que suponen que los electores se están olvidado del tema.
El pueblo no se olvida de los temas que les son propios, lo que ocurre es que está confundido, está triste, vive el dolor de la traición. El pueblo es sabio como se decía antaño, ha sabido esperar, ha sabido ordenar sus ideas. Es el pueblo el que considera un reordenamiento político, él necesita una relación sana, desea la reunificación de la Izquierda, que es la única fuerza política que ha sabido darle genuino protagonismo desde que tiene uso de razón en la historia republicana de Chile.
