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Agosto 18, 2026

Transcagamos

Después del caos y fracaso que enfrentó, por años, la locomoción colectiva, era hora de modificar el transporte en Santiago. Teníamos que ordenar el creciente y caótico transporte público que se operaba en nuestra repelente capital.

Microbuses sucios, viejos, en mal estado, era la tónica diaria de todo santiaguino. Choferes sacados de la Era Mesozoica eran los encargados de transportar a los capitalinos por toda la urbe de fines del siglo XX. Era tiempo de contar con un medio de transporte público del siglo XXI, similar a la de las grandes capitales  europeas. Nuevos buses, articulados, de mayor capacidad, con acceso para minusválidos, ecológicos, cobradores automáticos y conductores profesionales, algo mas evolucionados, era lo que nuestra moderna capital demandaba.

Después de la refundación de la república, el tercer  Presidente de la Concertación se tomó en serio esta labor. Encargó a un grupo de prestigiosos Ingenieros, de la Universidad Católica de Chile, esa función.

Por cosas del destino, no fue en ese gobierno quien ejecutó esa transformación profunda en la vida de los capitalinos. El cuarto gobierno republicano, post dictadura, se encargó de dar el puntapié inicial al soñado nuevo transporte público llamado Transantiago.

El sábado diez y domingo once del mes de febrero de 2007, fue escogido para dar el primer paso a la modernización del transporte público, el Transantiago partió.

Ambos días serían gratuitos para todo quien quisiese viajar por la capital. Vaya que fue entretenido viajar por Santiago, absolutamente gratis. Bajar y subir de uno y otro bus, sin pagar. El gobierno fue provisor al repartir mapas, con la ruta de todos los microbuses, pero, no todo fue un bello comienzo.

Primer intento:

Algo no estaba bien….. Vi, con preocupación, que no todos los buses eran nuevos. Muchos buses eran notoriamente viejos, pintado con los colores del Transantiago. Me enteré por la prensa que no todo había funcionando bien, ya que, el gobierno informó que el Transantiago seguiría siendo gratis por una semana más. Problemas con los cobradores automáticos, y problemas de frecuencia fueron los culpables de que el Transantiago comenzara con los dos pies izquierdos. Mi primer día de usuario del Transantiago fue curioso. Comúnmente debía tomar un micro y viajar en línea recta de sur a norte, aproximadamente dieciocho cuadras, entre diez y quince minutillos. Pues; apenas subí en el bus, me encontré viajando al sur, confiado que en un momento a otro tomaría rumbo a mi lugar de trabajo. No soy experto en mapas, pero tengo buen sentido de orientación; y, me encuentro capacitado de leer un simple mapa……. Quince minutos más tarde, definitivamente, me sentí derrotado. El calor del verano metropolitano, y el pésimo conductor, me tenían alterado. Media hora más tarde, al sur de mi hogar, me bajaba de ese microbús, deseando que nadie se diera cuenta de mi error. Un centro comercial y un salón de ventas, de una famosa fabrica de zapatos, me alegró la tarde. Me dirigí a comprar zapatos……

Segundo intento:

Días posteriores, curiosamente un día lluvioso, volví a intentar tomar un bus hacia mi trabajo….. ¡Sólo eran dieciocho putas cuadras al norte….!. Pues esta vez estaba preparado. Media hora después, viajando al poniente, me percate de lo incomodo e incomprensible que debe ser leer ese, maldito, mapa para una persona no preparada; y, más aun para un anciano. Una hora y media más tarde pude llegar a mi lugar de trabajo.

Tercer intento:

Definitivamente había que tomar el Metro; rápido, moderno y expedito; además, podría irme sentado. Era tarde, casi las diez de la mañana, las aglomeraciones de las primeras horas de la madrugada debieren de haber disminuido…. ¡Gran tarado…!. Un Metro repleto, calor sofocante y un aire enrarecido; fue, mi recibimiento, al poner un pie dentro de un moderno vagón, atestado de gente. Sólo la sonrisa, y mirada excitante, de una rubia platinada calmó mi ira. De ondulantes curvas y generosa voluptuosidad, no pude aguantarme; y,  le agarraré el poto… ¡Era guapísima…!. Ella respondió con un manoseo en mis nalgas musculosas. No pasó ni un par de segundos cuando sentí que mi pantalón me apretaba… ¿Acaso mi jeans se encogía…?. El tren subterráneo se detuvo, y vi que ella tiene una mano en una manija; pero, su otra mano la levantó para acariciar su cabello… ¡Mierda…!, o esa mina es un fenómeno, o alguien más era quien me agarraba mis nalgas. Se abren las puertas, y un tipo corre hacia las escaleras; lo persigo…. me había robado la billetera….; pero, cierran las puerta, y, el tren parte con mi rubia platinada desconocida a bordo. Me dirijo a casa, excitado y sin un duro en los bolsillos.

Lo que parecía ser un cambio fabuloso; se convertía, ante mis ojitos, en una estafa de marca mayor. Los días pasaron sin una mínima mejora; y, además, con la amenaza de que a futuro subiría el pasaje del Transantiago. Días posteriores no dieron luz a un problema mayúsculo. Todas las noches, en los noticiarios criollos, se informaba de atrasos laborares, aglomeración de gente, esperas maratónicas y largas caminatas, de usuarios del Transantiago, por lograr llegar a sus trabajos y hogares. El Underground criollo, orgullo de los chilenos, se vio inundado de gente desesperada por llegar a algún lugar. Pero, los irritados capitalinos, usuarios del metro, tuvieron una victima. Un mártir del Transantiago sublevó, aun más, a los humillados y liados santiaguinos. Pobladores, históricamente marginados, no tardaron en hacerse escuchar. Protestas nocturnas, quema de buses, y apedreamiento de garitas no tardaron en hacerse un espacio en las portadas de los diarios, junto a la foto de la típica modelito semidesnuda de trasero operado y tetas plásticas.

Operador de un bus articulado del Transantiago se detiene junto a una Abuelita que apenas camina.

C: Abuelita, Abuelita… la llevo…?

A: No mijito, voy apurada.

No seré yo quien culpe al gobierno, encabezado por la primera mujer Presidente, de los errores cometidos por ministros y funcionarios, inútiles y corruptos.

La locomoción colectiva es privada; y, son ellos los responsables de haber postulado en una licitación pública, sin contar con los medios para cumplir los contratos establecidos con el Estado de Chile.

Pero, no puedo dejar de preguntarme algo. Si en otras ciudades del mundo tardaron años en hacer los cambios necesarios del trasporte público….. ¿Por qué un ingeniero de la Universidad Fundamentalista pensó que podría hacerse en una semana…?. Según el oligofrénico ingeniero, los chilenos debiésemos de estar orgullosos de haberlo hecho en una semana.

El Transantiago no sólo era un cambio de buses, sino que era un cambio cultural. Una nueva forma de viajar utilizando trasbordos; un cambio en la forma de pagar el viaje; acostumbrarse a caminar un poco más; utilizar nuevas formas de traslado, como la bicicleta; cambiar los horarios de entrada y salida de trabajadores y estudiantes; vivir cerca de nuestros trabajos y colegios….¡Eso no se puede hacer en una semana….!. ¿A los ingeniaron no les enseñan, en las universidades, sobre el factor humano…?.

En Chile todo se copia, de otros países; pero, todo se ejecuta a la chilena…., es decir, como las hüevas…

Milan Grusic Ibáñez

Usuario del Transcagamos