Chile es un país muy singular. No sólo por su forma larga y angosta, la majestuosa Cordillera de los Andes y sus cada vez menos exuberantes bosques sureños; hay además una larga lista de características cuya existencia desconoce la mayoría de los habitantes del país y también los extranjeros -exceptuando a nuestros representantes cuya labor consiste precisamente en esconder bajo la alfombra la situación nacional-.
Estos últimos en realidad ni interesan: acaso fijan la mirada en Chile por ser un foco estable de explotación comercial y turística, y nada más. Sin embargo, la gran masa local se mantiene sumergida en la más rastrera categoría intelectual: la mala conciencia y la ingenuidad rayan en el escándalo.
Ha hecho noticia estos últimos días que el diputado demócrata cristiano Jaime Mulet, haya asumido la presidencia de la Comisión Especial por Libertad de Expresión y Medios de Comunicación de la Cámara Baja, instancia que se creó, entre otras cosas, para analizar la concentración de los Medios de información en el país. La verdad es que la mayoría de la población pretende estar al tanto de la realidad nacional o lo que es peor, pretende estar “informada”. Es un viejo cliché en el periodismo local –aunque no es un hecho superficial- el monopolio de la información que mantiene como amos y creadores de la verdad y realidad a dos conglomerados, cuyo poderío económico se proyecta hacia el infinito, me refiero al “El Mercurio” y “Copesa”. Estas empresas poseen casi en su totalidad la mayoría de los medios escritos a nivel nacional, con una influencia político-ideológica colosal y que cala hondo en el pensamiento y estructura mental-espiritual de las audiencias.
Sería una torpeza orientar la crítica hacia los dueños de dichos focos ideológicos ¿Por qué? Porque es evidente que para ellos la Información es un mero negocio que hay que sustentar de la forma más rentable posible, y de paso, constituye un útil que sirve para hacer propaganda al sistema que les abrió la posibilidad de otorgarse la propiedad del discurso oficial: el neoliberalismo. La culpa de éste fenómeno la tiene el Gobierno, que en su afán de ocultar los temas sociales importantes de los que él mismo no se ha hecho cargo –educación, salud, delincuencia, etc.- permite la existencia de diarios y revistas que distraen la atención nacional con cualquier fruslería.
A saber que el grueso de la población NO LEE. Es decir, más allá de que no “consuman” libros –porque el “verbo” desde hace tiempo es mero fetiche mercantil- las audiencias desconocen la Interpretación: en Chile leer es un ejercicio mecánico que implica juntar una letra con otra y otorgarle un sentido vulgar y primitivo; la interpretación de textos es inexistente. Por otro lado, el consumo de diarios y revistas se corresponde netamente con el gusto nacional por la Televisión, específicamente por los programas de farándula y espectáculos. ¿Qué no hacen Las Ultimas Noticias y La Cuarta –los dos medios de El Mercurio y Copesa de mayor tiraje en el país- otra cosa sino reproducir y comentar la idiotez y el discursillo mediocre de la programación de TVN, Mega, Chilevisión y Canal 13? Y ahí se tiene a media nación preocupada de la vida y obra de “artistas” que hacen de su vida privada asunto de primer orden y prioridad nacional.
Al gobierno le conviene la deficiencia intelectual de sus representados ¿No sería peligroso acaso que las audiencias reparasen de pronto que el exquisito manjar francés que creían devorar de pronto no era más que repostería escatológica? No hay duda de aquello. Empero los mismos consumidores de información reproducen una y otra vez el ya desgastado y apolillado discurso neo-relativista, aquel que habla de “yo elijo lo que leo” y “yo tengo mi opinión, usted tiene la suya” sin conciencia y sin meditación ¿Elegir entre qué? ¿Entre la estupidez de un medio y otro? El aparente respeto por el gusto –inducido- intelectual de unos y otros, es una más de las características ridículas y absurdas que maneja la nación para hacer creer a todo el mundo que se vive en una democracia real, y así una larga lista de majadería y torpeza intelectual (basta observar la “asombrosa” emancipación femenina en Chile: cuanta dicha proporciona la integración de la mujer en actividades que solían pertenecer a una “elevada” realidad falocéntrica, como el servicio militar o altos mandos como la Presidencia de la República).
¿Soluciones?
No nos engañemos: con el posicionamiento del capitalismo –que en Chile se pronuncia en millonarias cifras repartidas en cinco o seis familias- deviene en nuestra nación cada vez más estulticia y ramplonería, traducida en audiencias incultas y “políticamente correctas”. Basta contemplar el amplio número de escuelas de periodismo cuya oferta de trabajo se reduce a Medios de Comunicación con idéntico discurso e ideología, y una ínfima –o casi inexistente- apertura de carreras orientadas hacia el real conocimiento, como filosofía y letras, porque sencillamente los espacios no existen y porque además no hay abundancia de jóvenes con pensamiento superior.
Sin embargo la revisión de la concentración de la Información podría ser algún útil. Por lo menos se trataría de un dato real a partir del cual comenzaríamos a preguntarnos ¿Qué hacer entonces? La solución a esa interrogante precisa de una astucia y sensatez que nuestro gobierno y representantes no poseen: la clave quizá, estaría en fortalecer la educación –o bien reformularla- para instruir a la población en el logos y no en el lego. Sin embargo gran parte de la responsabilidad recae en los periodistas: retomando nuestro compromiso real con la sociedad, como formadores de opinión y conocimiento. Suena a utopía, pero no hay que cegar: si resistimos y no nos dejamos seducir de forma absoluta por los maravillosos favores que otorga el sistema económico, quizá podamos aportar nuestro grano de arena al conocimiento e inteligencia nacional, haciendo honor al espíritu del periodismo. Es casi improbable y quimérico que esto ocurra, es verdad, pero tal vez encontremos algún camino o luces de una solución en el intento.
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