Continúan las protestas estudiantiles por mejoras en la educación. Esta vez –como se acostumbra – el escenario de la reyerta fue el centro de Santiago donde Carabineros detuvo a 28 personas -la mayoría menores de edad salvo tres sujetos que serán formalizados por desórdenes públicos-. Para este jueves, los estudiantes llaman a un paro nacional donde se exigirá, entre otras cosas, la gratuidad del transporte público para escolares, modificaciones a la Ley de Responsabilidad Penal Juvenil, etc.
Este tipo de manifestación adolescente siempre es guiado por un espíritu idealista. Empero, la violencia, el arrebato y el frenesí del momento devienen idiotez. De la mala conciencia estudiantil –no de quienes se preocupan de la “esencia” de las cosas, sino de quienes se desquitan con el ente– resulta mediocridad de pensamiento gubernamental materializado en la figura policial aburrida y predecible (la falta de creatividad de nuestros representantes aburre hasta el paroxismo), que en pocas palabras quiere decir: nueva violencia, nueva represión de los instintos, nueva imbecilidad y estupidez. ¿Qué hace el gobierno para evitar esta clase de “costumbres”? Absolutamente nada, salvo taparse los oídos frente a peticiones coherentes –educación accesible y de calidad-, provistas de sentido, fundamento y muchísimas certezas.
Por supuesto suena casi a chiste hablar de “equidad”, “democracia” y “libre expresión” en un país donde el epicentro de la vida social acontece –y se esclaviza y prostituye- en los suburbios del neoliberalismo y la globalización –arte y cultura relegados a algún mall, Medios de Comunicación que hacen de la vida de un don nadie asunto nacional, etc.-. Desafortunadamente para el gobierno las exigencias de sus compatriotas son “mera palabrería”, “mera agitación” cuyo origen ni siquiera obedece a la causalidad. Los más viejos no se quejan: con uñas y dientes defienden sus mal pagados empleos y prefieren guardar silencio. Sin embargo el espíritu de rebelión e inteligencia emerge –se supone- desde aquel semillero de “hombres del futuro”, que aún pueden hacer mucho por cambiar el mundo. ¿Cuál es su proceder? Abundante ferocidad y un discurso baladí. Media docena de jóvenes de pensamiento superior han de crear estrategias adecuadas para pelear –porque esa es la consigna en Chile- por los derechos básicos de todo estudiante aunque rara vez sean escuchados…
Los estudiantes movilizados anhelan cambios y perspectivas saludables: en un futuro cercano para ellos y en un tiempo lejano para las próximas generaciones. Sin embargo la efervescencia, la pasión y la necedad no pueden estropear el camino si se quiere llegar a la meta: para alcanzar un fin tan quimérico como el solicitado por los que hoy protestan, el medio sí importa. Frente al ruido que produce la servidumbre gubernamental –adiestrada para castigar-, sencillamente hay que hacer oídos sordos y no cegar; empero hay que tener muy claro que la violencia generalmente no lleva a nada beneficioso, mientras que por el contrario, los caminos trazados por la razón y el entendimiento ofrecen muchas más soluciones al tiempo que enaltecen el espíritu y hacen brillar a quienes osan apoderarse del mundo provistos sólo con su pensamiento.
