“Si la juventud no siempre tiene la razón, la sociedad que la niega y la
reprime siempre está errada”. François Mitterrand. (Sacré François!)
reprime siempre está errada”. François Mitterrand. (Sacré François!)
En estricto apego a su etimología la palabra “pedofilia” debiese designar a quienes aman a los peques visto que viene del griego “pâis”: niño, y “filia”: amor, pero por alguna razón se la utiliza para designar el abuso sexual de los niños, que es una de las tantas formas de maltratar a los menores.
A quién le tiene bronca a la juventud habría que llamarle, en estricto respeto etimológico, “pedofóbico” visto que “fobia” (del griego “phobéomai”) designa una suerte de odio, un temor angustioso y obsesivo, una antipatía malsana.
Chile es un país pedofóbico. No tanto porque hace algún tiempo se publicó que los chilenos ostentamos el triste record mundial de las agresiones a los niños en el entorno familiar, sino sobretodo porque institucionalmente la copia feliz del edén no hace sino discriminar, reprimir, castigar, excluir, apartar, segregar, aislar y despreciar a su juventud.
Pedofóbico el gobierno cuando el movimiento pingüino – despreciado, ninguneado, insultado y desprestigiado -, fue revolcado en el muladar de un Consejo (con ese) de la Educación, cuya primerísima misión consistió en limpiarse el fundamento con las legítimas reivindicaciones estudiantiles. Para eso sirvieron las numerosas páginas de un informe sin contenido, sin ambición, sin objetivos ni propósito. Fue tan evidente que el gobierno no buscó sino ganar tiempo que en esa época (junio de 2006) servidor citó a Winston Churchill: “un Consejo es un grupo de personas incapaces por sí solas, que deciden entre todas que no se puede hacer nada”. Good old Winston!
Para quién maneja la manija lo importante era eternizar ese monumento pedofóbico llamado LOCE, que le permite a tanto “sostenedor” lucrar con la enseñanza o mejor dicho, vistos los patéticos resultados de su privada ineficiencia mercantil, hacer su agosto con la estafa legal del saber tarifado.
Pedofóbicos quienes endeudan a la juventud con la universidad al fiado muchos años antes de que perciba su primer salario boletero: “No admiro a la juventud por la brutalidad de sus certidumbres sino por la sinceridad de sus angustias” proclama Philippe Bouvard. Sacré Philippe!
Pedofóbicos quienes responden con la represión a las naturales reacciones que provoca entre los jóvenes la ausencia de futuro: a fines del siglo XIX Charles Péguy ya advertía: “Hay órdenes injustos que ocultan los peores desórdenes”. Sacré Charles!
Pedofóbicos quienes aprobaron la nueva Ley de Responsabilidad Penal Adolescente, y disertan, como el ministro de Justicia Carlos Maldonado, sobre la compatibilidad “entre privación de libertad y posibilidades de rehabilitación”, mientras le entrega otra oportunidad de negocio al mercado: las cárceles privadas. “Vituperar a la juventud es en los adultos una necesidad higiénica que favorece la circulación de la sangre” decía Logan Pearsall Smith. Good old Logan!
Pedofóbicos quienes ordenan reprimir y desalojar estudiantes, deteniendo cientos de ellos y provocándole una fractura en la nariz, golpes en el cuerpo y graves quemaduras por ácido a uno de ellos. Pedofóbicos quienes reprimen a los líderes estudiantiles expulsándoles, condenándoles, extirpando “el mal” cual inquisidores modernos.
Chile es un país pedofóbico. No tanto porque hace algún tiempo se publicó que los chilenos ostentamos el triste record mundial de las agresiones a los niños en el entorno familiar, sino sobretodo porque institucionalmente la copia feliz del edén no hace sino discriminar, reprimir, castigar, excluir, apartar, segregar, aislar y despreciar a su juventud.
Pedofóbico el gobierno cuando el movimiento pingüino – despreciado, ninguneado, insultado y desprestigiado -, fue revolcado en el muladar de un Consejo (con ese) de la Educación, cuya primerísima misión consistió en limpiarse el fundamento con las legítimas reivindicaciones estudiantiles. Para eso sirvieron las numerosas páginas de un informe sin contenido, sin ambición, sin objetivos ni propósito. Fue tan evidente que el gobierno no buscó sino ganar tiempo que en esa época (junio de 2006) servidor citó a Winston Churchill: “un Consejo es un grupo de personas incapaces por sí solas, que deciden entre todas que no se puede hacer nada”. Good old Winston!
Para quién maneja la manija lo importante era eternizar ese monumento pedofóbico llamado LOCE, que le permite a tanto “sostenedor” lucrar con la enseñanza o mejor dicho, vistos los patéticos resultados de su privada ineficiencia mercantil, hacer su agosto con la estafa legal del saber tarifado.
Pedofóbicos quienes endeudan a la juventud con la universidad al fiado muchos años antes de que perciba su primer salario boletero: “No admiro a la juventud por la brutalidad de sus certidumbres sino por la sinceridad de sus angustias” proclama Philippe Bouvard. Sacré Philippe!
Pedofóbicos quienes responden con la represión a las naturales reacciones que provoca entre los jóvenes la ausencia de futuro: a fines del siglo XIX Charles Péguy ya advertía: “Hay órdenes injustos que ocultan los peores desórdenes”. Sacré Charles!
Pedofóbicos quienes aprobaron la nueva Ley de Responsabilidad Penal Adolescente, y disertan, como el ministro de Justicia Carlos Maldonado, sobre la compatibilidad “entre privación de libertad y posibilidades de rehabilitación”, mientras le entrega otra oportunidad de negocio al mercado: las cárceles privadas. “Vituperar a la juventud es en los adultos una necesidad higiénica que favorece la circulación de la sangre” decía Logan Pearsall Smith. Good old Logan!
Pedofóbicos quienes ordenan reprimir y desalojar estudiantes, deteniendo cientos de ellos y provocándole una fractura en la nariz, golpes en el cuerpo y graves quemaduras por ácido a uno de ellos. Pedofóbicos quienes reprimen a los líderes estudiantiles expulsándoles, condenándoles, extirpando “el mal” cual inquisidores modernos.
Sólo les falta reinstaurar el suplicio de la rueda y las hogueras que en la Lima colonial servían para quemar estudiantes heréticos. Pedofóbicos digo.
