Resulta acojonante como evoluciona de rápido la copia feliz del Edén en estos días. Llega una crisis – por decir algo -, y no bien terminas de rechazar un cambio de gabinete como remedo de solución, y ya los nuevos ministros están pasándole el pañuelito a la sillas aun calientes que dejan sus predecesores.
Antes de que se seque la tinta de tus declaraciones de macho recio “aquí no hace falta ningún cambio de ministros”, ya tienes que improvisar otra apoyando decididamente la decisión tomada a tus espaldas, sin que nadie se haya dignado pedirte tu opinión que dicho sea de paso da la impresión de no importarle un cuesco a nadie, no jodas, ponte en tu lugar, si contases para algo se sabría, no me digas que el FMI te llamó para saber si te gustaba el ministro de hacienda que eligieron en Washington.
Un poco antes, tres o cuatro días antes del lanzamiento del Transantiago, acontecimiento destinado a encandilar a todo “el mal barrio” que nos rodea, estimaste necesario rajarte con una declaración (que nadie había pedido ¿y para qué?, ni falta que hacía, solo se trataba de poner en escena la legendaria eficiencia del sector privado para hacerle frente a algo tan pedestre, es el caso de decirlo ahora, como sustituir al denostado y malquerido empresariado micrero de antes de la modernidad con la tecnología satelital que en los sueñitos irresponsables de los inaptos e ineptos a cargo del merengue suele resolver estas cosas), declaración digo en la que apoyabas de todo corazón el nuevo plan de transportes que dejaría pasmado a todo dios, empezando por los portadores de la tarjetita milagrosa, viaje ahora y pague después, bip – bip, lo que indica que Danton (“audacia, siempre más audacia”) pudiese ser algo así como tu guía espiritual si no fuese porque terminó tan mal el pobre.
En fin, que después de apoyar el frangollo tuviste que echar patricia atrás, dar explicaciones, más y más explicaciones y sobretodo no culpar a nadie, y menos aun al que te dije, el demiurgo de tanta maravilla, y luego cerrar el tarro, después de hacer el ridículo es mejor no hacer declaraciones, hacerse el peras cocidas, pasar piola, cuando uno no sabe más vale hacerse el huevón.
Y buscar otro terreno para brillar, para demostrar que es uno el que la tiene más larga, después de todo basta con mirar el espectáculo desolador de un gobierno que parece ser la demostración viviente de la reencarnación, visto que es imposible hacer tantas cagadas en una sola vida.
Así encontraste la oportunidad de la tuya: el gas. El gas para dejar los potreros e ir a jugar en las grandes ligas, y la escena internacional te abrió ampliamente los brazos y la incandescente luz de los proyectores de las cámaras de TV y los flashes de la parafernalia fotográfica te iluminaron en plan Festival de Cannes, sonríe, te están filmando, si los mancos de la Cancillería no fueron culo de resolver esta vaina aquí estoy yo Señora Juanita, duerma tranquila, faltaría más.
Dicho y hecho. No bien habías terminado de regresar de Buenos Aires anunciando la buena nueva, que palabra de yo mismo, ya no faltará el gas, cuando el gas, precisamente, empezó a faltar.
Y de qué sirve hacer declaraciones en plan Cantinflas, “Nosotros tenemos un compromiso de la autoridad Argentina, el que hasta ahora no se ha cortado“, cuando a nadie le importa un pífero el compromiso con la autoridad Argentina si lo que se corta es el gas, no jodas.
Y de qué sirve agregar “lo que importa es que si la autoridad argentina mañana a las veinticuatro horas o las tres de la mañana del miércoles no restablece el envío, y por lo tanto, la señora (¿Juanita?) al levantarse en la mañana encuentra que no tiene gas en la cocina, eso significa que nosotros fallamos y que el compromiso no se cumplió“. No. Eso significa sobretodo que la señora Juanita y los niños se van a tener que tomar el té frío y se van a bañar con agüita helada. Y también significa que ya basta de hacer el ridículo.
Porque si uno le cree a los talibanes del modelito, el único que puede traer gas no eres precisamente tú, el hombre araña del Cono Sur, ni la Cancillería, sino el mercado: basta con aumentar el precio y ya verás como el gas llega, la ley de la oferta y la demanda, ¿sabías?, que es otra de las tantas leyes que tampoco se cumplen en Chile pero si eres parlamentario eso ya debías saberlo.
En fin, que resulta acojonante como evoluciona de rápido la copia feliz del Edén en estos días en los que un par de administradores/defensores del modelo van y pretenden sacar al mercado del medio para arreglar estas cosas en contactos “al más alto nivel”.
Un poco antes, tres o cuatro días antes del lanzamiento del Transantiago, acontecimiento destinado a encandilar a todo “el mal barrio” que nos rodea, estimaste necesario rajarte con una declaración (que nadie había pedido ¿y para qué?, ni falta que hacía, solo se trataba de poner en escena la legendaria eficiencia del sector privado para hacerle frente a algo tan pedestre, es el caso de decirlo ahora, como sustituir al denostado y malquerido empresariado micrero de antes de la modernidad con la tecnología satelital que en los sueñitos irresponsables de los inaptos e ineptos a cargo del merengue suele resolver estas cosas), declaración digo en la que apoyabas de todo corazón el nuevo plan de transportes que dejaría pasmado a todo dios, empezando por los portadores de la tarjetita milagrosa, viaje ahora y pague después, bip – bip, lo que indica que Danton (“audacia, siempre más audacia”) pudiese ser algo así como tu guía espiritual si no fuese porque terminó tan mal el pobre.
En fin, que después de apoyar el frangollo tuviste que echar patricia atrás, dar explicaciones, más y más explicaciones y sobretodo no culpar a nadie, y menos aun al que te dije, el demiurgo de tanta maravilla, y luego cerrar el tarro, después de hacer el ridículo es mejor no hacer declaraciones, hacerse el peras cocidas, pasar piola, cuando uno no sabe más vale hacerse el huevón.
Y buscar otro terreno para brillar, para demostrar que es uno el que la tiene más larga, después de todo basta con mirar el espectáculo desolador de un gobierno que parece ser la demostración viviente de la reencarnación, visto que es imposible hacer tantas cagadas en una sola vida.
Así encontraste la oportunidad de la tuya: el gas. El gas para dejar los potreros e ir a jugar en las grandes ligas, y la escena internacional te abrió ampliamente los brazos y la incandescente luz de los proyectores de las cámaras de TV y los flashes de la parafernalia fotográfica te iluminaron en plan Festival de Cannes, sonríe, te están filmando, si los mancos de la Cancillería no fueron culo de resolver esta vaina aquí estoy yo Señora Juanita, duerma tranquila, faltaría más.
Dicho y hecho. No bien habías terminado de regresar de Buenos Aires anunciando la buena nueva, que palabra de yo mismo, ya no faltará el gas, cuando el gas, precisamente, empezó a faltar.
Y de qué sirve hacer declaraciones en plan Cantinflas, “Nosotros tenemos un compromiso de la autoridad Argentina, el que hasta ahora no se ha cortado“, cuando a nadie le importa un pífero el compromiso con la autoridad Argentina si lo que se corta es el gas, no jodas.
Y de qué sirve agregar “lo que importa es que si la autoridad argentina mañana a las veinticuatro horas o las tres de la mañana del miércoles no restablece el envío, y por lo tanto, la señora (¿Juanita?) al levantarse en la mañana encuentra que no tiene gas en la cocina, eso significa que nosotros fallamos y que el compromiso no se cumplió“. No. Eso significa sobretodo que la señora Juanita y los niños se van a tener que tomar el té frío y se van a bañar con agüita helada. Y también significa que ya basta de hacer el ridículo.
Porque si uno le cree a los talibanes del modelito, el único que puede traer gas no eres precisamente tú, el hombre araña del Cono Sur, ni la Cancillería, sino el mercado: basta con aumentar el precio y ya verás como el gas llega, la ley de la oferta y la demanda, ¿sabías?, que es otra de las tantas leyes que tampoco se cumplen en Chile pero si eres parlamentario eso ya debías saberlo.
En fin, que resulta acojonante como evoluciona de rápido la copia feliz del Edén en estos días en los que un par de administradores/defensores del modelo van y pretenden sacar al mercado del medio para arreglar estas cosas en contactos “al más alto nivel”.
Alto nivel… ¡el tuyo, no te jode!
