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Agosto 18, 2026

Después del Mensaje, ¿qué?

La decisión de la Presidenta de liberar recursos fiscales para invertirlos principalmente en educación no significa un punto de quiebre estructural con “el modelo”, sino una respuesta oportuna y sensible a la masa crítica que se formó en contra de los amarres al gasto social. Más allá de la coyuntura, subsistirá la pugna entre neoliberales y social progresistas.

Que la Presidenta Bachelet no resolvió las contradicciones fundamentales al interior del oficialismo, entre neoliberales y social progresistas, es una de las cosas que queda clara después de su mensaje del 21 de mayo. Lo que marca esta pieza oratoria no es un punto de inflexión en sentido estructural, sino meramente coyuntural. El gobierno estaba atascado por las dificultades de liderazgo y gestión ocasionadas por una tecnocracia economicista que no implementaba financieramente el proyecto social de la Presidenta.
 
La masa crítica que se formó en contra de la excesiva ingerencia de Hacienda en la agenda política llevó a Michelle Bachelet a tomar algunas decisiones, como la de inyectar todavía mayores recursos a los programas de salud, vivienda e infraestructura en marcha. Lo hizo sin quebrar realmente los huevos. Aflojó la regla del superávit estructural, pero no la eliminó, como temían los ortodoxos, ni va a echar mano necesariamente a lo que está empozado en fondos internacionales a un interés del 5 por ciento.
 
Como sea, los recursos a gastar son cuantiosos y ahora lo importante es gastarlos bien, en lo que coinciden dirigentes de la oposición, senadores socialistas como Carlos Ominami y especialistas de organismos internacionales que brindan cooperación técnica a Chile.
 
En estos días los ministros y subsecretarios están lanzados a explicar a los beneficiarios en qué consisten los nuevos gastos de sus respectivas carteras. Los miembros de la Alianza anuncian, a su vez, una implacable fiscalización, agitando los fantasmas de la corrupción en entes del tipo de Chiledeportes y el intervencionismo electoral. Esta insoslayable atarea se ensucia un poco cuando algunos dirigentes opositores intentan aguar la fiesta, mezquinando la valía de las nuevas inversiones.  
 
Más allá del debate de la inconveniencia o no de rebajar el ahorrro fiscal, la derecha no debiera temer por un cambio de rumbo político del gobierno, ya que Bachelet ha resuelto dejar intacto el llamado “modelo”, es decir el esquema neoliberal que rige la política económica. En ese sentido, críticos disímiles como Adolfo Zaldívar y Alejandro Navarro pueden proclamar victoria parcial, pero no definitiva. Que las fuerzas que ellos representan sigan impugnando el modelo es útil, de todas maneras, porque pone coto a los excesos economicistas, y así  lo demostraron las decisiones tomadas por la Presidenta anunciadas en su Mensaje a la Nación.
 
No es que las cosas hayan cambiado realmente, pero se ha marcado, si no un punto de quiebre, un avance en afianzar el sello social progresista que debiera tener un gobierno encabezado por una militante socialista.
 

(Comentario transmitido por radio Universidad de Chile, 102.5 FM).